Editorial

Abril - Junio 2018

Filantropía 3.0: La próxima frontera

El 6 de febrero sucedió un hecho extraordinario: la iniciativa privada demostró que es capaz de conquistar cualquier frontera. Ese día SpaceX, una empresa privada cuyo objetivo es que la raza humana sea interplanetaria y pueda establecer una civilización en Marte, lanzó al espacio el “Falcon Heavy”, el cohete más poderoso jamás construido y a un costo de solo un quinto de los cohetes de la NASA, la empresa estatal norteamericana de exploración espacial. El Falcon Heavy puso en órbita el auto “Roadster” de Elon Musk, el visionario empresario que creó tanto SpaceX como la empresa de vehículos eléctricos Tesla (ver Dossier Musk). Nuestra portada captura este acto simbólico y lo enlaza con un nuevo gran desafío para Chile: avanzar hacia una filantropía 3.0 que conquiste, no el espacio exterior, sino el “espacio social” chileno.

El espectacular desarrollo de Estados Unidos en el siglo XIX fue impulsado por miles de emprendedores que fueron premiados por el mercado con una gran acumulación de riqueza. Muchos de ellos, liderados por el empresario del acero Andrew Carnegie (ver Testimonios), dedicaron una parte sustancial de sus fortunas a la filantropía (palabra de origen griego que alude al amor por los hombres). Hoy, EE.UU. no solo es la nación emblemática del capitalismo sino también la nación líder en la filantropía mundial.

Llegó la hora de que el exitoso modelo chileno de libre mercado con Estado subsidiario añada un tercer pilar fundamental: la filantropía. Chile es famoso en el mundo entero por iniciar  la construcción de un modelo que hizo explotar el crecimiento y focalizó el gasto fiscal en superar la pobreza, y así hizo posible una prosperidad inimaginable para la inmensa mayoría (ver Economía y Sociedad  40 años). Pero es inevitable que permanezcan nichos de retraso que deben ser identificados y alcanzados de manera especial.  En Chile, la próxima frontera de la iniciativa privada debe ser contribuir, decisiva y creativamente, a derrotar la extrema pobreza, el desamparo de los niños, las adicciones a las drogas, y tantas situaciones que transforman la vida de algunos chilenos en una vida de silenciosa desesperación.

La creencia del siglo XX fue que la intervención del Estado era la única manera de enfrentar esos bolsones de pobreza y miseria. Pero es un hecho que esa intervención fracasó, pues la expansión del “Estado de Bienestar” no solo abandonó, por motivos electorales, el foco en los más pobres sino que también debilitó los naturales incentivos a progresar y la misma dignidad humana (ver “La Otra Pobreza”). Incluso cuando no se ha creado un Estado de Bienestar, como en Chile, y sobrevive una cierta focalización, el Estado se ha demostrado incapaz de enfrentar las complejidades de todo orden que exige derrotar a estos nichos de pobreza. Basta comprobar la tragedia del Sename.

Desde su nacimiento, Chile se abrió a la filantropía. Don Pedro de Valdivia, pocos años después de fundar la ciudad de Santiago, estableció el Hospital San Juan de Dios, una de las obras de beneficiencia más importante del período colonial (ver “Don Pedro y Doña Inés”). Desde entonces hasta hoy día existe una valiosa acción filantrópica de muchos sectores de la sociedad civil  (“Filantropía y donaciones en Chile. Pasado, presente y futuro”, 2017).

Sin embargo, Chile está a años luz de la filantropía en EE.UU. Como lo explica Matías Rivera en su tesis doctoral, se requiere un cambio legal y cultural radical (ver Dossier Filantropía). Desde ya, es urgente modernizar todo el proceso de donaciones en Chile, el cual es una pesadilla regulatoria de signo estatista que trasunta una profunda desconfianza hacia la sociedad civil.

Mientras que la filantropía tradicional (1.0) consiste en aportar recursos monetarios a un objetivo de beneficiencia, la filantropía activa (2.0) involucra, además, el tiempo y la experiencia del filántropo. Proponemos avanzar hacia una filantropía “estructural” (3.0), una filantropía activa pero que apunta a superar las causas mismas de complejos problemas sociales, como lo hacen las reformas estructurales en políticas públicas. Una explosión de la filantropía estructural en Chile  fortalecería al modelo económico al “completarlo” con una contribución única y valiosísima para enfrentar los problemas sociales.  

Es necesario que surjan líderes en la sociedad civil que promuevan esta nueva filantropía estructural. Un ejemplo es aquel de Bill Gates, quien después de transformar el mundo de los computadores con Microsoft, crea la “Fundación Bill & Melinda Gates” y se propone erradicar la malaria.

La filantropía estructural puede resolver complejos problemas en el espacio social y lleva intrínseca la capacidad de mejorar la condición humana, tanto del filántropo como de aquellos que ayuda. Es un juego de suma positiva. Si Chile logra esta síntesis virtuosa de libre mercado y filantropía estructural, habrá dado otro enorme paso hacia el desarrollo integral.