Carta del Director

Octubre - Diciembre 2019

A 30 años de la caída del Muro de Berlín

“Lo ocurrido en los años 70 en Chile fueron signos aurorales de otro gran signo que viene luego: la caída del muro de Berlín”, sostuvo el filósofo Juan de Dios Vial (ver su Tribuna). El 9 de noviembre es ahora el día mundial de la libertad, pues se considera el día de la caída del muro en 1989 como la partida de defunción del comunismo. Pero el verdadero comienzo del fin del comunismo fue el 13 de agosto de 1961, día en que los dirigentes de Alemania Oriental se vieron obligados por el tremendo fracaso de su sistema a levantar un muro impenetrable para impedir que millones de personas huyeran del gran campo de concentración en que  la Unión Soviética había convertido a Europa del Este.

El 9 de noviembre del 2009 fui invitado por Damian von Stauffenberg, presidente de la Iniciativa Educacional para Europa Central y del Este (EICEE) y miembro de la familia que intentó liberar a Alemania de Hitler, a participar en una conferencia en Zagreb, capital de Croacia. El objetivo era reflexionar, 20 años después, acerca del significado y consecuencias de la caída del Muro de Berlín. Compartimos un panel con Lech Walesa, a quien le regalé mi libro “El Cascabel al Gato” en polaco, y con Robin Harris, asesor de Margaret Thatcher.

En la conferencia destaqué que la Historia reconocerá que la liberación de Chile en 1973 es un hito decisivo en el derrumbe del comunismo. Mientras muchos creían en el avance inexorable del socialismo marxista, Chile lo frenó y desafió a la Unión Soviética. También enfaticé que fue providencial que el Muro cayera solo 4 meses antes del 11 de marzo de 1990, fecha en que culminó el exitoso proceso de “redemocratización desde dentro” que aseguró el exito y la estabilidad de la Revolucion Liberal chilena.


Desde ya, la derrota del comunismo en Chile ocurrió sin el “millón de muertos” que predecía el Comandante en Jefe del Ejército de la época como lo comprueba esta afirmación de Frei: “Un mes antes del 11 de septiembre el general Prats me pidió una entrevista en casa de don Sergio Ossa. Lo que le manifesté lo resumiría en esta frase: Uds. están en situación de evitarle a Chile un golpe de Estado si son firmes y claros para exigir el cumplimiento de la Constitución, para que el país sepa claramente las consecuencias a que nos lleva la situación actual. Si Uds. le hacen ver esto con claridad al Presidente pueden salvar a Chile. Entre otras cosas le manifesté mi grave preocupación porque él decía que habría una guerra civil con un millón de muertos.” (Carta de Eduardo Frei a Bernardo Leighton del 22 de mayo, 1975)

En su histórica carta a Mariano Rumor, presidente de la Democracia Cristiana internacional, Frei hace un lúcido análisis de la derrota que sufrió el comunismo mundial en Chile: “¿Por qué lo ocurrido en Chile ha producido un impacto tan desproporcionado a la importancia del país, su población, ubicación y fuerza? ¿Por qué la reacción de la Unión Soviética ha sido de tal manera violenta y extremada? ¿Por qué el comunismo mundial ha lanzado esta campaña para juzgar lo ocurrido en Chile? La razón es muy clara. Chile ha significado un golpe para el comunismo en el mundo. La combinación de Cuba con Chile, con sus 4.500 kilómetros de costa en el Pacífico y con su influencia intelectual y política en América Latina, era un paso decisivo en el control de este hemisferio. Por eso su reacción ha sido tan violenta y desproporcionada. Chile les habría servido de base de operación para todo el continente” (ver la carta en Economía y Sociedad Nº 99).

Al punto de inflexión mundial que significó la derrota política del comunismo en Chile en 1973, se sumó su derrota en el campo económico y social con el éxito de la Revolución Liberal que transformó a Chile en un país del Primer Mundo. Cuatro experiencias iniciadas en 1979, entre ellas, las siete modernizaciones chilenas, aceleraron la caída del Muro en 1989 (ver Dossier).  Quizá por eso, Margaret Thatcher afirmo que “la Izquierda perdió la Guerra Fría en Chile” (Conferencia del Partido Conservador, Blackpool, 6.10.99).

Pero hay dos grandes temas pendientes con el comunismo en América Latina. Primero, la tiranía comunista que oprime a Cuba por 60 años y que ahora sostiene la dictadura de Maduro en Venezuela. Pues, como afirmó Luis Almagro, Secretario Gemeral de la OEA, desde 1959 “la Cuba de los Castro es el origen de todos los desórdenes políticos de América Latina”. El disidente cubano Carlos Alberto Montaner sostiene que “los castristas perciben que por el camino elegido por los Castro no hay posibilidades de redención. Saben que serán más pobres y los cubanos más infelices cada día que pase. El comunismo cubano terminará como la caída del Muro de Berlín. ¿Cómo lo sabemos? Porque quienes gobiernan tienen moral de derrota y, salvo a los psicópatas, a nadie le gusta pertenecer al bando de los canallas” (ver Economía y Sociedad Nº 100).

Segundo, el Partido Comunista chileno, que apoya a las dictaduras cubanas y venezolanas y que todavía no renuncia a su proyecto político totalitario. La debilidad de la clase dirigente política permite que el país que primero derrotó al comunismo en lo político y lo económico, sea aquél en que el Partido Comunista tenga una influencia totalmente desproporcionada a su base electoral que no supera el 4%. En efecto, hoy las tres propuestas de políticas públicas más dañinas para Chile son hijas del Partido Comunista: la expropiación de los fondos de pensiones privados, la desviación de fondos públicos para financiar la regresiva gratuidad en las universidades y la reducción de la jornada laboral que creará desempleo e informalidad.

La existencia por 28 años del Muro de Berlín fue una tragedia para millones de europeos. Sin embargo, su existencia también demostró vívidamente el horror del comunismo y salvó a muchos chilenos (ver en “Berlín, fábrica de conversos” los crudos testimonios de C. Warnken y F. Izquierdo). Hasta dos escritores comunistas, Carlos Cerda (“Morir en Berlín”) y Roberto Ampuero (“Detrás del Muro”) tuvieron su “camino de Damasco” durante sus años en la Alemania comunista.

Sin duda el mundo está inmensamente mejor sin la Unión Soviética y el Muro de Berlín. Europa del Este es ahora libre y cada vez más próspera con sus economías de mercado. Sin embargo, han surgido nuevos conflictos entre las grandes naciones que han originado enorme volatilidad e incertidumbre económica. Todo lo cual hace aún más importante que Chile retome el camino de la libertad y las modernizaciones, pues una economía sólida y próspera es la mejor manera para enfrentar este nuevo mundo nacido de las ruinas del Muro de Berlín.

El 18 de diciembre de 1976 se produjo un extraordinario intercambio en el aeropuerto de Zürich. De un avión Lufthansa proveniente de Santiago descendió Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista chileno. Al mismo tiempo, bajaba de un avión ruso, Vladimir Bukovsky, cuya lucha por la libertad en la URSS era famosa en el mundo entero. El Politburó soviético lo había tenido prisionero por ya 12 años en clínicas “siquiátricas”, campos forzados y cárceles en el Gulag.

Después que el Ejército detuviera a Corvalán en los días posteriores al 11 de septiembre de 1973, el embajador de la Unión Soviética en Washington, Anatoly Dobrynin, le pidió al Secretario de Estado, Henry Kissinger, que transmitiera al gobierno chileno su gran interés por liberar a quién era en efecto su hombre clave en Chile. Era tan importante Corvalán para la URSS que la historiadora Olga Ulianova informa que incluso se planificó una operación comando para rescatarlo desde la isla Dawson, utilizando submarinos rusos que operaban cerca de las costas chilenas (“Corvalán for Bukovsky”, Journal Cold War History, 2014).

Tras múltiples negociaciones, y en medio de una campaña mundial por liberar a Bukovsky a lo cual se había negado terminantemente Brezhnev por años, el Presidente Pinochet irrumpe en la escena internacional con una propuesta sorprendente: si la Unión Soviética libera a Bukovsky, Chile libera a Corvalán. 

Tal propuesta generó un agitado debate al interior del Politburó, pues era evidente que enaltecía a Chile, que no pedía nada para sí, y humillaba a la superpotencia comunista. Finalmente, Brezhnev cedió y liberó al emblemático defensor ruso de los derechos humanos. Para evitar que Corvalán opacara la celebración de sus 70 años el 19 de diciembre, ordenó trasladarlo a Minsk, donde se le retuvo hasta el 23 de ese mes en que es finalmente recibido en Moscú. Corvalán abandonó la URSS y regresó a Chile en 1983, se retiró de la política y murió el 2010.

Bukovsky aceptó una oferta de la Universidad de Cambridge para continuar sus estudios de biología. En 1977 fue recibido por el Presidente Carter en la Casa Blanca, quien destacó su rol en denunciar el uso cruel de la internación en  clínicas siquiátricas de disidentes soviéticos. Como ambos somos ahora Senior Fellows del Instituto Cato en Washington, hace algunos años compartí 3 días con este fumador empedernido (según él una secuela de sus años en prisión) en una Conferencia en Santa Bárbara, California. Me confesó emocionado que Pinochet le había salvado la vida.

Pinochet salva a Bukovsky