Voces

Octubre - Diciembre 2019

Contra la demagogia laboral

Diario La Tercera. 


“Ha sido desconcertante la forma en que el Presidente y Chile Vamos reaccionaron ante el proyecto de ley que busca reducir la jornada laboral a 40 horas semanales. A pesar de que el Ejecutivo tiene presentado un proyecto sobre flexibilidad laboral, sorpresivamente, esta semana anunció indicaciones a dicho proyecto para limitar la jornada a 41 horas, además de colocarle suma urgencia a la discusión.

Esta forma tan errática de proceder ha despertado justificada inquietud, porque en vez de apreciarse una coalición ordenada en torno a sus propios proyectos y con claridad respecto de sus objetivos, dejó la impresión de ser altamente susceptible al termómetro de las encuestas, lo que abre espacio para actuaciones populistas.

Lejos de mostrar liderazgo para alinear a su propia coalición en torno al proyecto del Ejecutivo, el Presidente optó por ceder a la idea de este cambio -a pesar de que él mismo había criticado al proyecto del PC por inconstitucional y dañino para el mercado laboral-, dando así la impresión de que antes que las convicciones, está ganando terreno el criterio de gobernar según las encuestas. 

Esta circunstancia no es episódica, sino que envuelve profundas implicancias, pues lleva a preguntarse qué tipo de país se legará tras el gobierno de Chile Vamos. El Mandatario, como conductor de la coalición, lleva la mayor responsabilidad en que no se defrauden las expectativas.”

(Editorial, La Tercera, 11.8.19)

Rolf Lüders, exministro de Hacienda y profesor Universidad Católica. 

“Un aumento del costo laboral -implícito en la rebaja de las horas de trabajo- debiera repercutir en una reducción de la cantidad demandada de trabajo, dado que no hay motivo alguno para hacerse ilusiones sobre la magnitud de supuestas ganancias de productividad compensatorias. Es más, en un mercado con fricciones, el mayor costo laboral tenderá entonces a generar un aumento del desempleo. Este efecto sin duda es menor en la medida que vaya acompañado de medidas de flexibilización laboral.

La reducción oficial horaria de trabajo se traduce en una caída del empleo en el mercado formal y junto a ello -porque los trabajadores necesitan ingresos para sobrevivir- en un aumento equivalente del empleo en el mercado informal. Este último aumento deriva en una reducción de las remuneraciones de los trabajadores informales, que se carecterizan por tener rentas relativamente bajas. 

La informalidad laboral en Chile ya alcanzó el 28,8% de la fuerza de trabajo. El traspaso de personas del mercado formal al informal que genera la simple y arbitraria reducción oficial de las horas de trabajo semanales es injusta, porque tiende a deprimir los ingresos de unos dos millones de trabajadores informales, que son los de menores ingresos en el país. 

El aumento de la informalidad generará externalidades negativas, entre las que destacan las mayores lagunas previsionales, una superior evasión tributaria e importantes distorsiones adicionales en el otorgamiento de los beneficios de los programas sociales.”

(La Tercera, 9.8.19)

 

Rodrigo Valdés, exministro de Hacienda y profesor Universidad Católica. 

“El proyecto del PC busca una reducción inmediata de 45 a 40 horas a la semana sin posibles ajustes de salarios. Su efecto es aumentar en promedio el costo laboral en 11%. Aunque nos aseguran, con un argumento que parece sacado del realismo mágico, que la productividad aumentará. 

El Gobierno propuso 41 horas promedio trimestral. Es un proyecto algo más abordable para el mercado laboral y la producción, pero no está exento de problemas. Una empresa que trabaja 24/7 de manera continua, probablemente tendrá que aumentar de 4 a 5 los turnos; un aumento de 25% del costo.

Sorprende que el Gobierno dejara crecer esta bola de nieve. No se entiende la ausencia de ministros clave en la discusión pública previa. Es un tema que sobrepasa la cartera de Trabajo.

Es imposible no recordar el aumento de 30% en tres años del salario mínimo justo antes de la crisis asiática. Junto a la conducción macro de la época, esa carga contribuyó a que el desempleo aumentara sobre 11% y se mantuviera alto por años. Los desajustes salariales son costosos.

Esta semana, el INE informó que el ingreso de los hogares disminuyó en 2018 (una pésima noticia, ni siquiera sucedió en la recesión de 2009). Hay amenazas globales significativas. Y el mercado laboral tendrá que absorber la reforma de pensiones.

Chile no se está hundiendo como el “Titanic”. Pero la discusión evoca su orquesta, que seguía tocando como si nada pasara.”

(El Mercurio, 18.8.19)