Cuarta época

Economía y Sociedad
7 de Junio 2004

Viva Reagan

Por José Piñera

Ha muerto Ronald Reagan, el gran presidente de los Estados Unidos que ganó la Guerra Fría contra el comunismo y restauró el optimismo en Estados Unidos. Comparto plenamente estas tres convicciones que definierón su vida de servicio público:

a) Confiar en la gente. De allí su entusiasta fe en el libre mercado, la empresa privada, el gobierno limitado y la sociedad libre. Como le dijera alguna vez al pueblo norteamericano: "I have always believed in you and in what you could accomplish for yourself and for others".

b) Ganar elecciones apelando a los "better angels" de cada persona. Todo hombre público enfrenta la encrucijada de ganar apoyo popular apelando ya sea a las zonas oscuras del hombre (la envidia, el resentimiento, el miedo, la revancha) o a lo mejor del ser humano (la esperanza en un mundo mejor, la racionalidad, el esfuerzo propio, la generosidad). El camino fácil es el primero, pero el camino que hace el bien es el segundo. Como también le dijera alguna vez al pueblo norteamericano: "I appeal to your best hopes, not to your worst fears, to your confidence rather than your doubts".

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c) Distinguir entre el bien del mal y actuar en consecuencia. Ser buena persona no significa, como algunos creen actualmente, no tener posturas firmes frente a temas cruciales. Reagan llamó a la Unión Soviética "el imperio del mal" porque comprobó que el comunismo, más allá de sus equivocaciones económicas, sociales y políticas, era un atentado a lo más esencial del espíritu humano. Al compartir esta postura con SS Juan Pablo II, ambos se convirtieron en los verdaderos ganadores de la Guerra Fría.
 

Lamentablemente el Presidente Reagan perdió la extraordinaria oportunidad de haber utilizado su popularidad y carisma para realizar reformas estructurales que hubieran reducido el gigantesco tamaño del gobierno federal, que tanto se expandió desde el "New Deal" de Roosevelt, la Segunda Guerra Mundial, y la "Gran Sociedad" de Johnson. Esa fue la gran omisión de su presidencia.
 

Recuerdo que en Enero de 1981, recién nombrado Ministro de Minería, recibí la visita en mi oficina del ex Secretario del Tesoro (y futuro Secretario de Estado) George Schultz. Estaba de gira por América Latina en su calidad de Presidente del Directorio de la gran empresa de ingeniería y proyectos, Bechtel Corporation.
 

Después de la reunión formal él y su amplia delegación en la cual le expliqué nuestros planes para abrir la minería chilena a la exploración y explotación privada, Schultz me pidió una reunión a solas. Me explicó que en esos momentos era el brazo derecho del Presidente Electo Reagan y me pidió que le explicara a fondo la revolución del sistema de pensiones que había sido aprobada sólo dos meses antes. Conversamos largo y quedo tan entusiasmado con la idea que me solicitó si podía preparar un memorandum de sólo una página para entregarselo a Reagan (el "one page memo" era la conocida práctica que había introducido Reagan). Trabajé intensamente esa noche (toma mucho tiempo escribir corto) y al día siguiente se lo envíe, lo que me agradeció mucho. Pero Reagan no se atrevió con el llamado "tercer riel" de la política norteamericana (se le dice así al programa de pensiones estatal -el "Social Security"-  en alusión al riel central del Metro que lleva electricidad; quien lo toca, muere).
 

Con Ronald Reagan compartimos el día más importante en nuestras vidas públicas: el 4 de Noviembre de 1980. Ese día se firmaron, tras una larga y difícil batalla, las leyes que crearon el sistema de pensiones de capitalización individual en Chile y realizaron la transición desde el quebrado sistema de reparto estatal. Y ese mismo día Ronald Reagan fue elegido, por primera vez, Presidente de los Estados Unidos.
 

Recordé esa notable coincidencia y la anoté en el libro de visitas cuando el 24 de marzo del 2001 fui invitado a visitar su querido refugio en Santa Bárbara, el "Rancho del Cielo".
 

PD. Para aquellos lectores interesados, recomiendo dos libros:

a) Su autobiografía, "An American Life" (1990), con esa maravillosa dedicatoria: "To Nancy. She will always be my First Lady. I cannot imagine life without her".

b) La biografía de Dinesh D'Souza, "Ronald Reagan. How an ordinary man became an extraordinary leader" (1997).