Relatos

Abril - Junio 2020

Una tarde con Milton Friedman

Por Carlos Gómez, profesor universitario y consultor de empresas

A las 15:30 del 1° de mayo de 1996 llegamos con José Piñera al penthouse de Milton Friedman, en el piso 20 del edificio ubicado en el cerro Nob Hill de San Francisco.

El mismo nos abrió la puerta apoyado en sus bastones. Entonces de 84 años, estaba convaleciendo de una enfermedad que le impedía caminar sin ellos. Nos saludó muy cariñosamente y nos mostró la vista espectacular que tenía de la bahía de San Francisco. Así comenzaron 2 horas de conversación con una mente brillante.

Alabó el éxito del sistema de capitalización chileno que ese día cumplía 15 años, no tanto por la extraordinaria rentabilidad obtenida, sino porque protegía de una manera efectiva la libertad individual. El mismo escribió en el capítulo XI de su libro “Capitalismo y Libertad”, publicado en 1962, respecto de la libertad que debían tener los ciudadanos para invertir en sus futuras pensiones en oposición al sistema socialista de reparto. El Profesor estaba contento. Sabía que José estaba exportando el sistema por todo el mundo y que recién había sido nombrado copresidente del proyecto del Instituto CATO para privatizar la seguridad social en Estados Unidos. Milton Friedman lo felicitó por esta audacia y lo animó a perseverar en tan titánica empresa.

Conversamos sobre un nuevo mundo educacional: el Estado financia un cheque mensual a las familias, por cada hijo en edad escolar, para que ellas escojan libremente el colegio. Esto generaría gran competencia entre los colegios, la clave para mejorar radicalmente la calidad de la educación. Se trata del sistema de vouchers sobre los cuales Friedman escribió en el capítulo VI del mismo libro.

También conversamos sobre la necesidad de reducir los impuestos para dar libertad a las personas y empresas para crear e invertir en el futuro, disminuyendo el poder de un Estado ineficiente e intrusivo.
Consciente de la conocida postura de José Piñera contraria a la fijación del tipo de cambio, nos recordó que él también fue contrario a ella. Así lo registró en sus Memorias (“Two Lucky People”):

“En la euforia por la rápida caída de la inflación y el aumento del crecimiento económico, las autoridades decidieron en 1979 fijar el tipo de cambio del peso chileno al dólar norteamericano. En esa época, la tasa de inflación de los Estados Unidos era de dos dígitos, alta para Estados Unidos pero menor que la inflación de Chile. Mediante la fijación del tipo de cambio, las autoridades chilenas esperaban disminuir la inflación chilena al nivel de los Estados Unidos. Debido a la política económica introducida por el presidente Reagan en 1981, la inflación disminuyó fuertemente en los Estados Unidos y condujo a una rápida apreciación del dólar. El tipo de cambio fijo produjo entonces una fuerte presión deflacionaria en Chile que resultó en una severa recesión. El Producto Geográfico Bruto cayó 13% en 1982 y 3,5% en 1983. El arquitecto del tipo de cambio fijo, el ministro de Hacienda Sergio de Castro, dejó el Ministerio en abril de 1982 y el tipo de cambio fijo fue abandonado…una vez que se permitió al tipo de cambio ajustarse, regresó el crecimiento real. La fuerte recesión dejó su huella y, sin duda, fue una de las razones por la cual el plebiscito de 1988 tuvo un resultado distinto a aquél de 1980.”

Cuando ya caía la tarde, me dedicó su libro “Capitalismo y Libertad” que conservo como pozo inagotable de ideas. Ideas de un personaje con profundo sentido humano de la economía como medio para eliminar la extrema pobreza y desarrollar los países, en un marco de libertad y respeto a las personas.

Milton Friedman se levantó de su silla, avanzó despacio apoyado en sus muletas y en nosotros, y nos despidió en la puerta con una gran sonrisa.

Ya en la calle, caminamos con entusiasmo renovado para continuar la lucha por aplicar en Chile políticas públicas basadas en menos Estado y más libertad.