Tribuna

Economía y Sociedad № 106

Enero - Marzo 2021

Una Constitución para Marte

Por Alexander Salter, economista y editor asociado del Journal of Private Enterprise (National Review, 12.11.20; Extracto)

SpaceX, fundada por Elon Musk, es conocida por producir poderosos cohetes y lanzarlos al espacio para conectar astronautas y carga con estaciones espaciales, paso previo a un viaje humano interestelar a Marte. SpaceX también desarrolla el programa Starlink, una red de internet con 10.000 satélites en órbita alrededor de la Tierra para proveer acceso a internet a poblaciones del mundo no cubiertas y también para competir en áreas ya cubiertas. En las primeras pruebas de Starlink, los usuarios acceden a velocidades de 130 a 150 megabits por segundo que son significativamente más altas que los 25 megabits por segundo de una conexión de alta velocidad en banda ancha tradicional.

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En los términos y condiciones del servicio de Starlink, llama la atención una cláusula que sugiere cuáles son los planes de SpaceX para una futura colonización de Marte: “Para los servicios proveídos en Marte, o en tránsito hacia Marte vía Starship u otra nave espacial colonizadora, las partes reconocen que Marte es un planeta libre y que ningún gobierno basado en la Tierra tiene autoridad o soberanía sobre las actividades en Marte. Por lo tanto, cualquier disputa será resuelta por medio de principios de auto-gobierno, establecidos de buena fe, al momento de colonizar Marte”.

El objetivo de largo plazo de Musk es crear una colonia humana en Marte y su visión es que la mayor parte de lo requerido para la colonización, incluyendo el viaje en Starship e internet por Starlink, será proveída por SpaceX. Esto incluye las normas de gobierno que se aplicarán a los colonizadores y, con ese fin, SpaceX está redactando una Constitución para Marte.

¿Puede una empresa privada establecer una Constitución en un planeta extraterrestre? La ley internacional del Espacio se inicia con el Tratado del Espacio Exterior de 1967, que es su documento fundacional, llamado también la “Carta Magna del Espacio”.


El Tratado especifica los derechos y deberes de los Estados con actividad espacial. El artículo II detalla: “El Espacio Exterior, incluyendo la luna y otros cuerpos celestes, no estarán sujetos a propiedad nacional o a reclamos de soberanía nacional, ya sea por el uso u ocupación de ellos o por cualquier otro medio”. Esta cláusula claramente prohíbe a los Estados establecer soberanía en el Espacio. Así, los Estados Unidos no pueden declarar territorio de Marte bajo jurisdicción norteamericana y, por lo tanto, no pueden aplicar las leyes de los Estados Unidos.

Como las disposiciones del Tratado son entre Estados, ellas no impiden aplicar la propuesta de Musk para Marte. De hecho, el Tratado fue negociado y acordado durante la Guerra Fría para prevenir que la carrera armamentista entre Estados Unidos y la Unión Soviética se extendiera al Espacio.

Desde esta perspectiva, claramente Musk no está impulsando ninguna conspiración para dominar el sistema solar. Por el contrario, Musk reconoce que la ley espacial no ha sido desarrollada, lo que hace necesario establecer las reglas de gobierno para que la humanidad se convierta en una especie interplanetaria. Sin duda, la empresa privada es un actor constitucional clave para la conquista del Espacio.