Discursos Contemporáneos

Agosto - Octubre 2017

En defensa de Occidente

(Extracto del discurso del presidente de los Estados Unidos en la Plaza Krasinski en Varsovia, capital de Polonia, el 6 de julio de 2017).

Esta es una nación de más de 1.000 años de antigüedad. Vuestras fronteras fueron borradas y hace apenas un siglo fueron recuperadas. En 1920, en el “Milagro del Vístula”, Polonia frenó al ejército soviético que avanzaba para conquistar Europa. En 1938, fueron de nuevo invadidos; esta vez por la Alemania nazi desde el oeste y por la Unión Soviética desde el este. Bajo esta doble ocupación, los polacos sufrieron males indescriptibles: la masacre de Katyn, la ocupación, el Holocausto, el levantamiento del gueto de Varsovia, la destrucción de esta hermosa ciudad y la muerte de casi uno de cada cinco polacos.

 

Un mártir polaco, el Obispo Michal Kozal, expresó: “Más horrendo que la derrota por las armas es el colapso del espíritu humano”. Durante cuatro décadas de régimen comunista, Polonia y otras naciones cautivas de Europa soportaron una brutal campaña para demoler vuestra libertad, vuestra fe, vuestras leyes, vuestra historia, vuestra identidad; en realidad, la misma esencia de vuestra cultura y humanidad. Y cuando llegó el día del 2 de junio de 1979 y los polacos colmaron la Plaza de la Victoria para asistir a la primera Misa con su Papa polaco, ese día, cada comunista en Varsovia debe haber sabido que su opresivo sistema pronto se derrumbaría. Los comunistas deben haber sabido eso en el momento exacto durante el sermón del Papa Juan Pablo II cuando un millón de hombres, mujeres y niños polacos súbitamente alzaron su voz en una sola oración. Los polacos no rezaron por tener riqueza. No rezaron por tener privilegios. No, los polacos dijeron sólo tres simples palabras: “Queremos a Dios”. En esas palabras, los polacos rezaron por la promesa de un futuro mejor.

Los polacos, los norteamericanos y los europeos todavían gritan: “Queremos a Dios”. Junto a Juan Pablo II, los polacos reafirmaron su identidad como nación dedicada a Dios. Y con esta potente declaración de quiénes son ustedes, pudieron entender qué hacer y cómo vivir. Ustedes actuaron solidariamente contra la opresión, contra una policía secreta sin ley, contra un cruel y malvado sistema que empobreció vuestras ciudades y vuestras almas. Y ustedes ganaron.

En vuestra victoria sobre el comunismo, ustedes tuvieron el respaldo de una poderosa alianza de naciones libres de Occidente que desafiaron a la tiranía. Ahora, como uno de los miembros más comprometidos de la OTAN, Polonia recuperó su lugar como nación líder de una Europa fuerte y libre. Una Polonia fortalecida es una bendición para las naciones de Europa y ellas lo saben. Y una Europa fortalecida es una bendición para Occidente y para el mundo.

 

Este continente ya no enfrenta la amenaza comunista. Pero hay amenazas inminentes a nuestra seguridad y a nuestra forma de vida. Enfrentamos a otra ideología opresiva, una que busca exportar el terrorismo y el extremismo en todo el mundo. Estados Unidos y otros países han sufrido el terror de un ataque tras ataque. Los frenaremos. Lucharemos duro en contra del terrorismo radical islámico. Y ganaremos. No aceptaremos a aquellos que rechazan nuestros valores y que usan el odio para justificar la violencia contra el inocente.

 

Hoy, Occidente se enfrenta a los poderes que intentan probar nuestra voluntad, socavar nuestra confianza y atentar contra nuestros intereses. Para combatir estas nuevas formas de agredir, incluida la propaganda, los delitos financieros y los ataques cibernéticos, debemos adaptar nuestra alianza para luchar en forma efectiva con nuevos métodos en completamente nuevos campos de batalla. Exigimos a Rusia cesar sus actividades desestabilizadoras en Ucrania y su apoyo a regímenes hostiles, incluidos Siria e Irán, y unirse a la comunidad de naciones responsables en la batalla contra nuestros enemigos comunes y en defensa de nuestra propia civilización.

 

En ambos lados del Atlántico, nuestros pueblos enfrentan otro peligro. Este peligro es para muchos invisible, pero familiar para los polacos: el constante avance de las burocracias gubernamentales que consumen la vitalidad y riqueza de las personas. Occidente se convirtió en poderoso, no por las burocracias ni las regulaciones estatales, sino porque a su gente se le permitió luchar libremente por sus sueños y buscar libremente sus destinos.

 

Nuestro adversarios, sin embargo, fracasarán porque nosotros nunca olvidaremos quiénes somos. Y si no olvidamos quiénes somos, simplemente no podemos ser derrotados. El mundo nunca había conocido nada como nuestra comunidad de naciones. Escribimos sinfonías. Buscamos innovar. Celebramos a nuestros héroes antiguos, seguimos nuestras tradiciones y costumbres y siempre buscamos explorar y descubrir nuevas fronteras. Premiamos lo brillante, luchamos por la excelencia y apreciamos las inspiradoras obras de arte que honran a Dios. Respetamos profundamente el imperio de la ley y protegemos el derecho a la libre expresión. Empoderamos a las mujeres como pilares de nuestra sociedad y de nuestro éxito. Ponemos nuestra fe en la familia, no en el gobierno y la burocracia. Y debatimos todo. Desafiamos todo. Buscamos averiguar bien, para entender mejor. Y, sobre todo, valoramos la dignidad de toda vida humana, protegemos los derechos de todas las personas y compartimos las esperanzas de todas las almas para vivir en libertad.

 

Los norteamericanos sabemos que una fuerte alianza entre naciones libres, soberanas e independientes es la mejor defensa de nuestras libertades e intereses. Esa es la razón por la cual mi administración exige a todos los miembros de la OTAN cumplir sus justas obligaciones financieras para con el pacto. Enfatizo que los Estados Unidos han demostrado no sólo con palabras sino con acciones que apoyamos firmemente el Artículo V, el compromiso de defensa mutua.

 

La cuestión fundamental de nuestra era es si Occidente tiene la voluntad para sobrevivir. ¿Tenemos la suficiente confianza en nuestros valores para defenderlos a cualquier precio?  Podemos tener las economías más grandes del planeta y las más mortíferas armas del mundo, pero si no tenemos familias fuertes y fuertes valores, entonces seremos débiles y no sobreviviremos.

 

Nuestra lucha por Occidente no comienza en el campo de batalla. Comienza en nuestras mentes, en nuestras voluntades y en nuestras almas. Hoy, los lazos que unen a nuestra civilización no son menos vitales y exigen no menos defensa que ese territorio sobre el cual descansaba la esperanza de Polonia. Nuestra libertad, nuestra civilización y nuestra sobrevivencia dependen de esos lazos de historia, cultura y memoria. Y hoy, como nunca, Polonia está en nuestro corazón y su pueblo es parte de esta batalla.

 

Así como Polonia no se doblegó, declaro hoy al mundo que Occidente nunca, nunca se doblegará. Nuestro valores prevalecerán, nuestros pueblos florecerán y nuestra civilización triunfará.

Trump en Varsovia

(Extracto editorial The Wall Street Journal, 7.7.17)

        Las palabras del presidente Trump en Varsovia estaban dirigidas a todos los pueblos del mundo. El presidente explicó los fundamentos de lo que debería convertirse en su filosofía de gobierno. Es una positiva y firme defensa de las tradiciones de Occidente.

 

El Presidente Trump basó su argumento en el sitial que tiene Polonia en la historia de Occidente. Durante y después de la segunda guerra mundial, Polonia sobrevivió a las amenazas de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. Trump cree que Occidente enfrenta ahora amenazas de otro tipo, tanto físicas como culturales.

 

Identificó a una “ideología opresiva” como la amenaza más inmediata a nuestra seguridad. Se refería al Islam radical. Pero el argumento más provocativo del discurso fue sobre la amenaza a nuestra forma de vida. El argumento comenzó cuando Trump describió cómo un millón de polacos, unidos a Juan Pablo II en la Plaza de la Victoria en 1979 para resistir al régimen soviético, cantaron: “Queremos a Dios”.

 

Fue una advertencia a Occidente y un llamado a actuar. Al recordar la invocación a Dios de los polacos, el presidente Trump comparte la misma admonición a Europa del cardenal Ratzinger, quien después se convirtió en el Papa Benedicto. El argumento del Cardenal Ratzinger fue que Europa debía reconocer que su giro hacia un agresivo secularismo constituía una amenaza real a su sobrevivencia.

 

El presidente Trump adoptó una clara postura contra ese globalismo insípido y multiculturalismo vago representado por la mirada del mundo de, por ejemplo, un Barack Obama y de la mayoría de los intelectuales contemporáneos de Occidente, quienes están dispuestos, incluso deseosos, a dar la razón a los críticos de las tradiciones occidentales.

 

Este es el discurso que el presidente Trump debió dar al mundo el día de su juramento como Presidente. En lugar de las resentidas frases de ese discurso inaugural, su discurso en Varsovia ofreció una buena forma de nacionalismo. Un nacionalismo anclado en valores y creencias -el imperio de la ley, la libertad de expresión, la fe religiosa y la libertad- que permitió a Europa, y después a Estados Unidos, alcanzar un sitial prominente en el mundo. El presidente Trump declaró que  estas  tradiciones  deben  ser  defendidas y protegidas a cualquier precio".