Tercera época

Economía y Sociedad
Abril -Junio 1996

Tres libros importantes

Por Christian Lomakin, Master en Economía de la Universidad de Chicago y economista de la Universidad Católica

Hay tres obras claves que reflejan la complejidad de la lucha por sacar a ciertas regiones del mundo de su subdesarrollo económico. Ellas son: “El Otro Sendero” del peruano Hernando de Soto (1986), “El espíritu del Capitalismo Democrático” del norteamericano Michael Novak (1982), y  recientemente “The New World of the Gothic Fox” del profesor chileno de la Universidad de Boston, Claudio Véliz (1994).

El Otro Sendero

Este original libro las emprende en contra del sistema legal e institucional del Perú, el cual, según el autor sería representativo de toda América Latina. La tesis central de la obra es que estos países no se desarrollan lo suficiente por la mala calidad de sus sistemas institucionales y legales.

Gran parte de la población económicamente activa en el Perú debe actuar al margen de la legalidad vigente para poder prosperar. Esta mala calidad del sistema legal introduce costos: el desarrollo del sector informal sería menor que el que éste tendría si pudiera operar en la formalidad.

De Soto identifica y analiza los orígenes y la evolución de la maraña legal, que asfixia el potencial de la economía peruana. Descubre que ella ha estado presente bajo gobiernos de diferente ideología. Observa que gran parte de las crisis vividas por el Perú durante este siglo (y que se asemejan bastante a las vividas por otros países de la región) no serían más que un intento del sistema económico por corregir sus distorsiones anteriores. Así, las “tomas de terreno” y la “construcción informal” serían consecuencia de la “recepción hostil” del sistema legal a los inmigrantes de zonas agrícolas.

Particularmente relevantes resultan aquellos capítulos que identifican el sistema económico tradicional de Perú como “mercantilista” o capitalismo de Estado. En este contexto, de Soto da una justificación a los procesos de inestabilidad política vividos en la región y los compara con procesos similares vividos otrora en algunos países europeos. Todos estos movimientos intentarían poner a las sociedades que los sufren en la ruta del desarrollo equilibrado. De Soto destaca que el único proceso de transición exitoso desde un sistema mercantilista, sobre-regulado, a un capitalismo equilibrado y compensado es el que se da en el mundo de habla inglesa.

El Capitalismo Democrático

Esta no es una obra de un especialista en desarrollo económico; pero que debería ser analizada por economistas. El enfoque teológico le da a la obra un ámbito y un alcance que trasciende al enfoque clásico del desarrollo y que entra en el laberíntico mundo de las creencias y de la filosofía. Novak introduce un concepto nuevo en el mundo de los sistemas económicos: El Capitalismo Democrático. Este es más que un sistema económico; también es un sistema político y, en última instancia, un sistema valórico.

Novak hace una extensa defensa del sistema que él identifica e intenta darle justificación teológica, relacionándolo con el Evangelio. Una lectura cuidadosa permite identificar el sistema propuesto por Novak con aquel del pluralismo social y valórico. Extensos párrafos de la obra están destinados a defender este orden plural y diverso, tanto en el ámbito económico, como  en el político y también en el de las ideas. Para Novak es precisamente esta diversidad la responsable, en última instancia, de la creación de riqueza en un país. La pluralidad estimula la creatividad humana y es ésta, más que cualquier otro factor, la que incide en la mejor utilización de los recursos disponibles.

Novak hace una fuerte crítica a los sistemas unitarios, a los cuales responsabiliza por la pobreza del mundo sobre el cual rigen. Define el Capitalismo Democrático como un régimen de libre empresa inserto en un mundo de pluralidad económica, política y valórica. En esto, discrepa con Max Weber y su Etica Protestante, que justificaría el capitalismo sin este orden plural.

Afirma que América Latina no ha conocido hasta ahora el Capitalismo Democrático. Culpa de ello a los filósofos, teólogos y juristas que tomaron en sus manos la estructuración de los ordenamientos internos de esos países al llegar la independencia: habrían ignorado total o parcialmente los avances hechos en esta materia por los pensadores de la Revolución Americana y de algunos de la Revolución Francesa. Habrían preferido conservar el orden heredado de una monarquía española centralizadora.

Novak defiende vehementemente la naturaleza del orden plural. Intenta demostrar que es el único “verdaderamente cristiano”. Centra su argumentación en torno al pecado. El orden plural sería superior, pues pecados aún mayores se pueden cometer tratando de impedir el pecado y recuerda que los garantes del orden también puedan ser pecadores. De ahí la importancia de la diversidad y los “pesos y contrapesos”. La diversidad permitiría no sólo una mayor creatividad sino también un eficaz método para evitar que los errores trasciendan.

Este pensador católico propone un orden de convivencia de diversas concepciones religiosas para evitar que cualquiera de ellas tenga una influencia excesiva. Postula esta noción de pluralidad valórica definiéndose como cristiano y cree que precisamente este orden plural es el que se halla en mayor consonancia con la “verdadera” concepción del cristianismo. En el plano de las ideas o valores se adscribe a la doctrina clásica de liberalismo de las “consecuencias no intencionadas” y “de la mano invisible”.

El Mundo del Zorro Gótico

Véliz observa marcadas diferencias entre el desarrollo de la América de habla inglesa y la América de habla hispana. Propone clasificar ambas idiosincrasias según una distinción propuesta por Isaiah Berlin, importante filósofo británico: “El zorro sabe muchas cosas, el puercoespín sabe sólo una cosa grande”. La cultura anglosajona emularía al zorro: sería esencialmente flexible, adepta al cambio y pragmática en la búsqueda  de sus objetivos.

La cultura hispana, en cambio, emularía al puercoespín: sería conservacionista, defensiva ante los hechos externos y su propósito en vez de cambiar, sería preservar. Váliz afirma que la cultura hispana sería un hijo natural de la Contrarreforma y el Barroco y que habría sido importada a las Indias donde se afianzó con aún más fuerza que en su territorio de origen.

El Orden Barroco aspiraba a un “orden unitario perfecto”. En palabras de Octavio Paz, “la sociedad colonial logró convertirse en un verdadero orden. Forma y substancia eran unas. No habían barreras entre la realidad y las instituciones, la gente y las leyes, las artes y la vida, el individuo y la sociedad y, por el contrario, todo armonizaba y todos eran guiados por los mismos conceptos y el mismo propósito. Ningún hombre estaba solo, cualesquiera fuera su situación y tampoco lo está la sociedad; este mundo y el próximo, la vida y la muerte, la acción y la contemplación eran experimentadas como realidades totales, no como actos aislados o ideas; cada fragmento participaba del total, el cual estaba vivo en todas sus partes”.

Véliz afirma que los países del Norte son “hijos de la Revolución Industrial”. Los países del Sur en cambio son “hijos de la Contrarreforma”. Es claro en precisar que esto afecta la estructura de ambos mundos hasta nuestros días.

En un párrafo particularmente interesante de su último capítulo afirma: “El tiempo pasa muy lento para semejante logro (el de la Contrarreforma). La Contrarreforma ocurrió el día antes de ayer; sus ecos aún son claramente audibles; sus reliquias aún logran milagros, sus herederos aún continúan saboreando la gloria de su triunfante ancestro y obtienen recompensa incluso del hecho frívolo de que una solución centralmente determinada al problema, cualquier problema, va  finalmente a prevalecer de acuerdo con la forma ‘en que las cosas deberían ser’ esto es, simétricas, concéntricas, bien integradas, prontamente percibidas y definidas y, por sobre todas las cosas, cuando son percibidas desde el centro dominante, unificadas, armoniosas y predecibles. Para gente influenciada por una fe tan expectante, no ha sido difícil preservar y continuar la oposición a todo aquello que sugiere un retroceso fuera de la autoridad y la certeza y hacia el amenazante reino de la diversidad, el libertinaje, la inestabilidad y el caos”.

El ordenamiento Barroco no es compatible con el Capitalismo Democrático por su rigidez y su aversión al cambio, y porque el Orden Barroco es unitario, lo cual contradice la esencia misma del Capitalismo Democrático que postula un orden plural.

El orden de la Contrarreforma se halla aún vigente en la América Hispana. De ella dan testimonio principalmente Véliz y Novak.

Se podría incluso afirmar que muchas de las dificultades ideológicas que ha enfrentado el liberalismo en su introducción en esta zona del mundo se puede deber, en parte, a la vigencia, en sectores influyentes, de los ideales del orden unitario.