Tribuna

Economía y Sociedad № 100
Julio - Septiembre 2019

Todo comenzó en Xiaogang

Por Michael Meyer (The Wall Street Journal, 17.4.19)

En la primavera de 1979, campesinos del entonces villorrio Xiaogang, en la provincia de Anhui en el centro de China, cosecharon 66 toneladas métricas de trigo, equivalente a la producción total del villorrio entre 1955 y 1970. ¿Qué causó este inmenso aumento en la producción? ¿Un nuevo fertilizante? ¿Una semilla híbrida? No. Los campesinos de Xiaogang se estaban muriendo de hambre.

A partir de la toma del poder en 1949, los comunistas abolieron la propiedad privada de la tierra y agruparon a las granjas en comunas socialistas dependientes del Estado. Hacia 1978 las granjas no producían lo suficiente para pagar la cuota exigida por el partido y alimentar también a los campesinos.

El manifiesto firmado por los campesinos de Xiaogang

Esa primavera no había comida. Los campesinos de Xiaogang recurrieron a extraer raíces, a hervir hojas de álamo con sal y a convertir cortezas de árbol en harina para comer. Familias completas abandonaron sus casas para mendigar.

Hasta que en la noche del 24 de noviembre de 1978 un campesino llamado Yan Hongchang convocó a los jefes de familia a una reunión clandestina. En una hoja  arrancada de un cuaderno escolar, los campesinos escribieron un manifiesto de 79 palabras por el cual acordaron dividir la granja común en terrenos de propiedad de cada familia, entregar al partido la cuota requerida y dejar el resto para ellos mismos.

En 1624 los pioneros de las colonias norteamericanas adoptaron una reforma similar: después de dos años de escasez de alimentos, abandonaron la agricultura común y la dividieron en terrenos familiares. Pero los peregrinos norteamericanos no temían castigos por sedición. “En el caso que fracasemos”, continuaba al manifiesto de los campesinos de Xiaogang, “estaremos preparados para la prisión o la muerte”. Y firmaron con sus nombres.

Para la primavera, el jefe del partido en la villa los amenazó con un severo castigo por “arrancar la piedra angular del socialismo”. Pero un oficial superior, al observar la cosecha record y el aumento de 20 veces en el ingreso familiar, prometió a Yan proteger a  Xiaogang y a sus campesinos rebeldes, siempre que el experimento no se repitiera más allá de sus fronteras. Pero el experimento se expandió. En Beijing, tres años después de la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping llamó a los chinos a ignorar el dogma socialista y, en su lugar, a “buscar la verdad en los hechos concretos”.

Este año se cumple el aniversario número 40 de la decisión de Deng de eliminar las granjas colectivas que fueron reemplazadas por el sistema chengbao que permite a las familias sembrar y cosechar su propio terreno y vender sus productos al precio de mercado. El experimento de Xiaogang catapultó las profundas reformas económicas de libre mercado que convirtieron a China en el país de más rápido crecimiento del mundo, que rescataron a millones de chinos de la pobreza y que posicionaron al país como la segunda economía más potente del planeta.

Xiaogang es hoy una atracción turística y su museo muestra una copia del manifiesto de los campesinos y fotografías gigantes de cada uno de los firmantes. Estos hombres son tratados como héroes y Xiaogang lo celebra con el slogan: “El origen del despegue económico de nuestra nación”.

Aún hoy es posible conversar con muchos de los que vivieron esa época transformadora. “Mi padre firmó el manifiesto porque se estaba muriendo de hambre”, me dice el hijo de Yan. Y continúa, “no fue nada heroico. El no tenía alternativa. Fue solo nuestro instinto humano”.