Mundo 3.0

Agosto - Octubre 2017

Tecnolgía y capital humano

Por Michael  Milken, presidente Milken Institute y Igor Tulchinsky, CEO de WorldQuant LLC

(Notable y Citable, The  Wall Street Journal, 11.4.17)

Las nuevas tecnologías son disruptivas para los viejos negocios, pero también crean más empleo de lo que destruyen. Aunque esto no alivia a los trabajadores que carecen de las habilidades o la flexibilidad para encontrar nuevas oportunidades. Desde las fábricas hasta las oficinas, las tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial y los robots inteligentes están afectando a millones de personas en docenas de categorías de empleos. En enero, el McKinsey Global Institute publicó que casi la mitad del trabajo asalariado puede ser automatizado con las actuales tecnologías. Ello incremetará la productividad entre 0,8% y 1,4% anual, un fuerte impacto en el crecimiento económico.

Las mismas tecnologías que sustituyen trabajo son parte de la solución para los trabajadores desplazados. Para ver lo que los pesimistas ignoran, remontémonos a 40 años atrás en que por primera vez la tecnología financiera comenzó a usarse en Wall Street. En esa época había sólo un puñado de bancos y aseguradoras que proveían capital a las empresas. Pero esto cambió en los años 70 cuando los mercados de capitales comenzaron a desplazar a las instituciones financieras establecidas como fuentes de financiamiento para las empresas. Innovadores instrumentos de deuda y capital crearon más de 60 millones de nuevos empleos netos en los Estados Unidos en el último tercio del siglo XX. Esto comprueba una potente fórmula: la prosperidad se alcanza cuando las tecnologías financieras multiplican la suma de capital humano, capital social y activos reales.

 

Los activos reales incluyen, tradicionalmente, a los  bienes como terrenos, edificios y maquinarias. A escala nacional, estos activos consisten en infraestructura como puertos, aeropuertos, carreteras, redes de transmisión eléctrica, entre otros. En la actualidad, la infraestructura digital que sirve a 3.000 millones de personas en todo el mundo es cada vez más importante y está impulsando tres revoluciones.

 

Primero, la tecnología potencia al capital humano, el talento y la experiencia de las personas. Por ejemplo, la colaboración digital entre investigadores acelera la precisión de diagnósticos en medicina. Esto no ha reducido el número de empleos. Según la consultora Deloitte, la tecnología es “la gran máquina creadora de trabajo” que aumenta los ingresos de los trabajadores y, de ese modo, la demanda. El problema es el desajuste entre las habilidades de los trabajadores y las siempre cambiantes necesidades del trabajo. La solución conlleva importantes esfuerzos de capacitación y entrenamiento. Es el nuevo mundo del trabajo, donde los humanos no son desplazados por las máquinas, sino que interactúan con ellas.

 

Segundo, la tecnología está creando nuevas oportunidades de negocios. Miles de millones de aparatos electrónicos inteligentes e interconectados producirán un efecto aún mayor que aquél de los trenes y el telégrafo que conectaron a las comunidades en el siglo XIX. La tecnología también  crea empleos en la distribución física: un libro de Amazon, un auto de Uber, o una comida enviada desde un restaurant cercano. Mientras tanto, las redes están siendo usadas para educar en todos los niveles, desde la secundaria hasta avanzados programas de magister. Por ejemplo, desde el año pasado, la WorldQuant University imparte un curso de master en ingeniería financiera a cientos de estudiantes, en línea y gratis. La primera generación se graduará en 2018.

 

Tercero, las nuevas tecnologías financieras incrementan rápidamente el multiplicador del capital humano y de los negocios. Los emprendedores actuales enfrentan barreras de entrada a los negocios mucho más bajas, porque el crowfunding y otros proveedores de capital que no son bancos tradicionales les permiten asegurar el financiamiento para sus buenas ideas por parte de terceros a los cuales ni siquiera conocen. Además, como cada vez más productos son digitales, los emprendedores pueden trabajar con clientes y proveedores de todo el mundo y esto tiene un efecto dramático en el valor del trabajo.

 

En la medida que el hardware se hace más barato y el software más inteligente, la disrupción de los viejos negocios continuará. La clave para enfrentar estos desafíos laborales es mantener los caminos y opciones claramente iluminados para todos.