Tecnología

Octubre - Diciembre 2019

Station F

Por Liz Alderman, Benoît Morenne y Elian Peltier, (New York Times, 29.6.17)

En una gigantesca bodega de trenes de París se ubica Station F, el proyecto que alojará a 1.000 start-ups francesas, empresas de capital de riesgo, incubadoras y aceleradoras de negocios. Tiene una red de 3.000 escritorios desplegados en oficinas abiertas, con legos por mesas y sillas, interconectadas mediante puentes colgantes bajo un techo de cristal. Station F simboliza la ambición francesa de arrebatarle la corona al Reino Unido como el país de mayor atracción en Europa para instalar y desarrollar start-ups.

Este enorme esfuerzo pareciera quijotesco para Francia, un país conocido por sus rígidas leyes laborales y sus altos impuestos.

Facebook estableció en Station F su tercer centro de desarrollo de inteligencia artificial para start-ups. Los otros dos se ubican en Silicon Valley y Nueva York. Desde París esperan reclutar ingenieros talentosos, que egresan de las universidades de elite de Francia y de toda Europa, para mejorar las aplicaciones de reconocimiento verbal y facial.
 
Station F fue creada por Xavier Niel, empresario francés, quien invirtió $280 millones de dólares en este proyecto y contrató a Roxanne Varza, con experiencia en Silicon Valley, para liderarlo. Niel, de 49 años, a quien se le conoce como el Richard Branson francés, es uno de los empresarios tecnológicos más exitosos de Francia con una fortuna de $8.100 millones de dólares. Niel remeció la industria de las telecomunicaciones creando Illiad, una compañía proveedora de servicios de internet y de operador móvil de muy bajo costo. Fundó también 42, una academia para enseñar a programar a jóvenes. La academia es gratuita, no tiene profesores y no otorga ningún diploma. Su método de enseñanza se basa en tendencias modernas como pedagogía peer-to-peer y en aprendizaje basado en lograr objetivos de un proyecto establecido por el alumno.

Para incorporarse a Station F, las start-ups deben tener un prototipo de negocio funcionando con un plan de crecimiento. Algunos ejemplos son: 1) En Inteligencia Artificial, JetPack Data que permite a los clientes analizar enormes cantidades de datos en línea y convertirlos en gráficos fáciles de interpretar; 2) En tecnología de alimentos, La Belle Vie, un restaurant online que despacha comida gourmet; y 3) En ropa de alta tecnología, Révèle, que desarrolla telas de alta resistencia para proteger a las mujeres en deportes de contacto como, por ejemplo, boxing y rugby. 

Pero la cultura francesa no facilita el desarrollo de las start-ups. El 75% de los trabajadores franceses tiene trabajo de por vida por lo cual son aversos al riesgo; los sindicatos protestan ante cualquier señal de flexibilización del mercado laboral; los impuestos son muy altos para financiar el Estado de Bienestar y las 3.400 páginas del código laboral imponen nuevas y rígidas regulaciones a medida que las empresas crecen.

Karim Oumnia, fundadora de Digitsole que fabrica “zapatos inteligentes” que controlan la temperatura interna y miden indicadores de salud, planea abandonar Francia para crecer. Debido a las complejas regulaciones tributarias, tuvo que abandonar el proyecto de otorgar stock options para atraer y retener a ingenieros calificados. Los impuestos al trabajo y la rigidez laboral francesa le han significado que el costo salarial por empleado es el doble que en Estados Unidos.

La infraestructura financiera francesa es aún débil.  Mientras el Reino Unido tiene 18.000 inversionistas ángeles que asumen altos riesgos al financiar start-ups que están en sus etapas más tempranas de desarrollo, Francia tiene solo 4.500. También el capital de riesgo que fluye hacia Francia es mucho menor que aquél con destino a Gran Bretaña, Israel y Alemania.

Francia tiene muchos talentos para crear start-ups. Y Station F es un eslabón importante para desarrollarlas. Pero la pregunta es: ¿Está Francia preparada para convertir estas start-ups en empresas ganadoras a nivel mundial? La respuesta es: aún no.