Tribuna

Agosto - Octubre 2017

La revolución del flat tax

Por Dan Mitchell, senior fellow, Cato Institute

Asistimos a una revolución tributaria mundial por disminuir y simplificar impuestos. La fórmula que gana  terreno es aquella llamada flat tax y que ya 24 países han implementado. Esta revolución tributaria es liderada por los países del este de Europa que hasta hace sólo 25 años eran parte del bloque soviético.

 

¿Qué es el flat tax?

 

Tasa plana. El flat tax es una y la misma tasa de impuesto a la renta a las personas y a las empresas. En el caso de las personas, el flat tax se aplica por encima de un umbral de renta, bajo el cual no se pagan impuestos.

 

Tasa baja. Generalmente, la tasa es inferior a 20%, porque una tasa baja reduce la penalización a las personas más productivas, ya sean empleados o empresas que asumen riesgos para crear valor. Así, el flat tax incentiva el crecimiento económico acelerado.

 

Sin excepciones. El flat tax elimina todas las deducciones y excepciones a las personas y a las empresas que antes les permitían reducir el pago de impuestos. Las empresas no deducen de gastos los intereses que pagan por la deuda financiera. Así, se elimina una distorsión económica de los actuales sistemas tributarios que, para financiar inversiones, favorecen incurrir en financiamiento de deuda en perjuicio de capital propio.

 

Elimina impuesto sobre ahorro e inversión. Las personas no pagan impuesto por los intereses que reciben de sus ahorros. A su vez, las empresas descuentan como gasto el total de la inversión en terrenos, maquinaria y equipos en el momento en que se efectuó (depreciación instantánea).

 

Elimina doble tributación. Las utilidades sólo tributan una vez, en la empresa. Por lo tanto, las personas no pagan impuestos por los dividendos que reciben porque éstos corresponden a utilidades que ya pagaron impuestos. También se elimina la tributación a las ganancias de capital de las personas o empresas por inversiones que tengan en acciones. Por definición, una ganancia de capital equivale al aumento en el valor presente de los flujos de utilidades futuras después de impuestos. En consecuencia, exigir pago de impuestos a la ganancia de capital es una doble tributación.

 

Por último, se eliminan los impuestos a la herencia pues ésta corresponde a ingresos percibidos en el pasado que ya pagaron impuestos.

 

El flat tax es, además, muy transparente y simple porque sólo requiere dos formularios de declaración de impuestos del tamaño de una postal: uno para las personas y otro para las empresas. En este sentido, es una “pesadilla” para los abogados tributaristas.

 

La revolución del flat tax está cambiando al mundo. Países con los sistemas de flat tax más avanzados, como Hong Kong, Estonia y Eslovaquia, disfrutan de un rápido crecimiento económico. Las naciones con flat tax atraen empleo y capital desde los países con sistemas laborales inflexibles y con altos impuestos.

 

El flat tax genera en muchos casos mayores ingresos fiscales para el Estado, lo que reafirma la noción de la curva de Laffer de que las tasas de impuesto razonables y el alto crecimiento económico son las mejores vías para generar recursos para el gobierno.

 

La revolución del flat tax significa una victoria de la libertad sobre la equivocada idea de Marx y Engels de una “alta y progresiva tasa de impuesto”.

 

Representa también una victoria sobre la errónea práctica de utilizar el código tributario para penalizar a las personas y empresas más productivas y que, por ello mismo, son las que más contribuyen al crecimiento económico.