Para Segunda Lectura

Enero - Marzo 2018

      Lo primero que hizo Macri fue quitar los retratos de Kirchner y Chávez en la llamada Galería de los Patriotas Latinoamericanos, que homenajeaba a varias de las peores figuras de la historia de América, incluyendo a revolucionarios como el “Che”, perdurables dictadores como Castro, y mandatarios aciagos como Perón o Allende. Las nuevas autoridades manifestaron su interés en que la sede del Ejecutivo deje de ser “un museo del populismo” y se convierta en “una Casa de Gobierno más institucional, que refleje la historia argentina”.

Si el kirchnerismo festejó en la Casa Rosada de Buenos Aires a Fidel Castro o Salvador Allende con sendos retratos como si fueran jefes de Estado ejemplares en América Latina, ello no constituyó el inicio de una descripción adulterada sino el final. Y si es meramente el final, entonces quitar los retratos significa poco. Ahora Macri puede suprimir los billetes con la imagen de Evita Perón (unos billetes que, como los demás, valen cada vez menos), pero si el relato que la ha divinizado no es analizado crítica y públicamente, el peronismo en alguna de sus variantes regresará.  

Porque lo que importa en última instancia es el conjunto de ideas, valores y visiones de la realidad que conforman unas nociones que desembocan en el símbolo. Es lo que los kirchneristas llamaron “el relato”.  Todo indica que ese relato, una grosera deformación de la historia, sigue vigente en Argentina.

Macri es sin duda mucho mejor que el desastre del kirchnerismo. Reconociendo lo anterior, si Macri y los suyos titubean a la hora de ir más allá de los retratos, si no desafían el relato, acabarán por confirmarlo y consolidarlo. Es decir, dejarán sembrada la semilla para que vuelvan los retratos. Y quienes los exhibieron"

Carlos Rodríguez Braun, economista, (Economía y Sociedad Nº 91, Mayo - Julio 2017)

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