Para Segunda Lectura

Enero - Marzo 2018

América: proceso irreversible

     El gobierno de Macri acaba de empezar. En realidad Macri empezó ahora a gobernar, a plantear modificaciones estructurales. Hasta ahora solo buscaba ganar las elecciones. Visto el éxito que tuvo, creo que fue una política acertada, inteligente.

Los argentinos hacemos experimentos, pero nos damos cuenta cuando no funcionan. Esto no tiene retorno en toda América. Mire lo que pasa en Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Colombia, México. El proceso es irreversible.

Argentina es un país agronómico, pretender que es un país industrial es una ficción. Toda la Argentina es un vergel, no es comparable en esto a ningún país del mundo. Podremos abrir las fronteras y se destruirán algunas industrias, pero el campo argentino no se va a destruir. Por ahí hay que reconstruir la economía. El 30% del territorio argentino tiene condiciones ideales para la producción de energía eólica, todo el norte la tiene para el fotovoltaico. Si seguimos produciendo soja, tenemos biocombustible, tenemos etanol. Un país como Argentina no debería tener problemas energéticos. Los inversionistas extranjeros están viniendo de forma masiva y primero a energía.

En nuestros países hay sistemas prebendarios organizados por el mismo Estado, quien lo tiene que detectar y corregir. Eso ha sucedido en Argentina, en Brasil y en muchos países que no están integrados en la economía mundial. Hay que desarmar todo ese proceso.

El caso Odrebrecht va a tener profundas consecuencias en Latinoamérica. Marca un antes y un después. Va a cambiar todo, ya lo está haciendo. No se concibe una mayor integración de la economía latinoamericana y la UE por ejemplo con un Odebrecht”

Eduardo Eurnekian, empresario argentino (El País, 6.12.17)

Cambiar el relato

        Lo primero que hizo Macri fue quitar los retratos de Kirchner y Chávez en la llamada Galería de los Patriotas Latinoamericanos, que homenajeaba a varias de las peores figuras de la historia de América, incluyendo a revolucionarios como el “Che”, perdurables dictadores como Castro, y mandatarios aciagos como Perón o Allende. Las nuevas autoridades manifestaron su interés en que la sede del Ejecutivo deje de ser “un museo del populismo” y se convierta en “una Casa de Gobierno más institucional, que refleje la historia argentina”.

Si el kirchnerismo festejó en la Casa Rosada de Buenos Aires a Fidel Castro o Salvador Allende con sendos retratos como si fueran jefes de Estado ejemplares en América Latina, ello no constituyó el inicio de una descripción adulterada sino el final. Y si es meramente el final, entonces quitar los retratos significa poco. Ahora Macri puede suprimir los billetes con la imagen de Evita Perón (unos billetes que, como los demás, valen cada vez menos), pero si el relato que la ha divinizado no es analizado crítica y públicamente, el peronismo en alguna de sus variantes regresará.  

Porque lo que importa en última instancia es el conjunto de ideas, valores y visiones de la realidad que conforman unas nociones que desembocan en el símbolo. Es lo que los kirchneristas llamaron “el relato”.  Todo indica que ese relato, una grosera deformación de la historia, sigue vigente en Argentina.

Macri es sin duda mucho mejor que el desastre del kirchnerismo. Reconociendo lo anterior, si Macri y los suyos titubean a la hora de ir más allá de los retratos, si no desafían el relato, acabarán por confirmarlo y consolidarlo. Es decir, dejarán sembrada la semilla para que vuelvan los retratos. Y quienes los exhibieron”

Carlos Rodríguez Braun, economista, (Economía y Sociedad Nº 91, Mayo - Julio 2017)

El robo del siglo

        Amado Boudou, el hombre que destruyó en Argentina el incipiente sistema de capitalización, fue encarcelado el domingo pasado acusado de enriquecimiento ilícito. El ex vicepresidente de Cristina Kirchner diseñó, en 2008, “el gran robo del siglo” que fue la nacionalización del sistema de pensiones de su país.

En las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), 9,5 millones de argentinos tenían ahorrados casi 30.000 millones de dólares. Con la excusa de que iba a garantizar pensiones justas para todos, el gobierno se incautó de los fondos, les dio certificados con un timbre del Estado a sus titulares, y se embolsó el dinero. Para ganar popularidad a corto plazo, Kirchner usó parte del dinero en darles pensiones públicas a dos millones de personas que no habían cotizado nunca. Una transferencia neta de recursos en busca de votos.

El robo perpetrado por Boudou se convirtió en una de las “soluciones” que, en Chile, encandilaron durante meses a dirigentes del Frente Amplio, de la Nueva Mayoría y del movimiento No+AFP. Varios de ellos barajaron la posibilidad de usar los 190.000 millones de dólares en activos de nuestro sistema para poner la primera piedra de un modelo de pensiones de reparto. Aunque el gobierno de Bachelet entendió que expropiarles el 70% del PIB a los trabajadores era una línea roja que no podía traspasar, las marchas convocadas por el movimiento No+AFP les hicieron dudar de nuevo en el invierno de 2016. Las dudas, según fuentes del actual gobierno, solo se disiparon tras la aparición en TVN del padre del sistema de AFP, el ex ministro José Piñera”

John Muller, ex subdirector de El Mundo (El Mercurio, 10.11.17)