Tecnología 

Economía y Sociedad № 90
Febrero - Abril 2017

Por qué los japoneses aman a los robots

Por María Sofía Ruiz, periodista

(Extracto, El Diario, 12 de Agosto de 2016)

Fuertemente implantados en su sociedad y con visos de que su importancia siga creciendo, los robots son una parte fundamental del país nipón que confía en ellos para solucionar los problemas de falta de mano de obra y personal de servicios.

 

Influido por su desarrollo histórico y por factores sociales y culturales, Japón se ha convertido en una suerte de imperio de los robots gracias, en gran parte, al apoyo institucional y a la potencia de su industria automovilística. Como si de una pócima mágica se tratara, distintos ingredientes han hecho del país nipón un refugio de autómatas llamados a solventar los problemas poblacionales y a convertirse en parte imprescindible de la sociedad.

Después del amplio desarrollo militar que se produjo durante la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno reorientó los esfuerzos hacia el ámbito civil. A partir de la década de los 70, el sector automovilístico se convirtió en estandarte de la industria de la maquinaria y en uno de los principales impulsores de la robótica. Los fabricantes de automóviles han contribuido al crecimiento de los robots industriales con el objetivo de poder mejorar su propia productividad. La industria de la robótica es potente porque la de los automóviles es potente.

 

La universidad juega un papel fundamental, ya que nutre a las empresas de jóvenes investigadores e ingenieros, y es el embrión de ‘spin offs’ y ‘startups’ que han nacido en el ámbito de la enseñanza y han dado el salto a los negocios.

 

Con una población muy envejecida, tasas de natalidad muy bajas y sus restrictivas políticas de  inmigración -sólo un 2% de la población es inmigrante-, Japón confía en que los  robots industriales resuelvan la escasez de mano de obra. Los robots  desempeñan también un rol creciente en el cuidado de personas mayores y en servicios de atención al cliente.

El miedo de los hombres a que las máquinas se rebelen contra sus creadores, como el legendario monstruo de la novela de Mary W. Shelley, no está presente entre los japoneses. Una de las religiones dominantes, la sintoísta, cree que incluso los objetos inanimados –incluidos aquellos construidos por el hombre– pueden tener una esencia espiritual.

 

También han influido los comics y la famosa serie Astroboy. Los mismos niños que se entusiasmaron con las series de animación se convirtieron en investigadores e ingenieros en el campo de la robótica, que es una de las carreras más populares en la universidad.

 

Especialmente en los últimos años, Shinzo Abe, el primer ministro japonés, ha estado apostando por la innovación social a través de los robots. Los robots de servicios son el próximo paso. El hotel en el que sólo atienden androides; el robot Pepper, que trabaja como conserje en uno de los bancos más grandes de Japón; o el desarrollo de  robots y  mascotas robots que se encargan de cuidar a los ancianos son sólo algunos ejemplos de la apuesta del país por una nueva generación de autómatas.

 

Asimismo, los robots especializados en responder ante desastres, han acelerado su desarrollo desde el accidente nuclear de Fukushima. Y la demanda por robots continuará creciendo. China, por ejemplo, está convirtiéndose en uno de los mayores usuarios de robots del mundo.

 

Por el momento, y con un futuro que sólo contempla la posibilidad de más robots, el país nipón será el refugio de máquinas y creaciones humanoides que, de forma progresiva, se convertirán en parte más y más imprescindible de una sociedad que, además de acogerlos con los brazos abiertos, los necesita para sobrevivir.