Tribuna

Julio - Septiembre 2019

Política del Tercer Mundo

Por José Luis Daza, economista y director de QFR Capital Management en Nueva York

El mayor error del primer gobierno de Chile Vamos fue desanclar la tasa de impuesto a las empresas: abrió la puerta a la reforma tributaria de la presidenta Bachelet, el “impuestazo” que frenó la economía chilena.

La anunciada creación de un “ente estatal” monopólico para administrar el 4% adicional para pensiones sería el mayor error del segundo gobierno de Chile Vamos. Pero con un agravante: de hecho, sería irreversible.

Introduce un Caballo de Troya, ideológico, sin validación técnica, económica o financiera que lo justifique.  Abre las puertas a que el Estado, y por ende los políticos, aumenten su injerencia en la administración del ahorro de los chilenos. Así como fue errado pensar que el alza de impuestos del 2010 sería la última, es equivocado esperar que quienes predican por una mayor injerencia estatal se sentirán satisfechos con administrar solo el 4% de los ahorros de los trabajadores. 

Un ente monopólico estatal es una solución a un problema que no existe. Los problemas que aquejan a una parte de los pensionados no tienen relación con  la administración de ahorros por parte de las AFP.  Estas han hecho un trabajo profesional serio que ha redundado en altos retornos desde la implementación del sistema. Dos tercios de los activos en las cuentas individuales de AFP son producto de los retornos generados por su administración.

Crear un ente estatal tendrá costos para los afiliados. Las AFP han afirmado que no cobrarían una comisión adicional por administrar el 4%extra, lo que implica que hacia adelante habría una baja de casi 30% en las comisiones calculadas sobre los activos administrados (AUM).

La discusión sobre crear un ente estatal actúa como cortina de humo para no enfrentar las verdaderas causas detrás de las bajas pensiones de algunos: bajo crecimiento económico, rigidez del mercado laboral, aumento en expectativas de vida y caída de las tasas de interés a nivel mundial.

El principal determinante de las futuras pensiones será el crecimiento económico, pues lleva consigo mayores salarios y por ende mayor capacidad de ahorro. Pero el crecimiento potencial de Chile se ha desplomado ante la ausencia de reformas estructurales.

La segunda causa son las lagunas previsionales: prolongados períodos fuera del mercado laboral sin aportar a las cuentas de ahorro.  La causa directa son las regulaciones laborales. Chile tiene uno de los marcos laborales más rígidos y más antiempleo del mundo, lo que genera un fuerte desincentivo a la contratación, un alto grado de informalidad y bajas tasas de participación de las mujeres en el mercado laboral formal. La solución a este problema es flexibilizar y adecuar el régimen laboral a la realidad del siglo XXI.

El tercer problema surge de la mayor expectativa de vida de la población, lo que implica que los ahorros durante la vida laboral tienen que financiar un período sustancialmente más largo de jubilación. Finalmente, la caída de la tasa de interés a nivel mundial impacta el retorno del ahorro y por ende las jubilaciones.

Chile ha sido pionero en crear un sistema de pensiones de capitalizacion individual que provee recursos sólidos para las personas después de su retiro. Pero ya han pasado más de 30 años desde la creación de este sistema que tanto ha hecho por el bienestar del pueblo chileno. Algunos de los parámetros originales, como la tasa de cotización y la edad de jubilación, deben ajustarse a la nueva realidad.

Crear un ente estatal monopólico no soluciona ninguno de los problemas identificados, aumenta los costos para los afiliados y la vulnerabilidad al uso político de esos fondos.