Educación

Economía y Sociedad № 103
Abril - Junio 2020

Personalidad vs. IQ

Por Faye Flam, periodista (Bloomberg, 22.12.16; Extracto)

¿Cuánto del éxito futuro de un niño depende de su inteligencia natural? El profesor James Heckman, premio Nobel de Economía en 2000, dice que la mayor parte de las personas que ha entrevistado estiman que el nivel de inteligencia (medido por el “Intelligence Quotient” o IQ), tiene una influencia de entre  un 25% a 50%. Sin embargo, la evidencia obtenida por él apunta a una influencia mínima de no más de 1% a 2%.

Si el IQ es un factor poco influyente, ¿qué explica las diferencias entre las personas que logran altos ingresos de aquellas que no? Según un paper que Heckman presentó a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, un factor clave es la personalidad. En él, Heckman demuestra que los logros financieros y materiales de las personas están correlacionados con la diligencia, el “ser diligente”, un atributo fundamental de la personalidad que comprende también a la perseverancia, la curiosidad y la autodisciplina.

Para alcanzar esta conclusión, Heckman y sus colegas evaluaron cuatro grupos de datos: nivel de inteligencia, pruebas estandarizadas, notas académicas y estudios de personalidad. Para estas cuatro variables, examinaron los resultados para miles de personas en los Estados Unidos, Reino Unido y Holanda. En algunos casos, investigaron a la misma persona por varias décadas, no solo respecto de sus ingresos sino también de indicadores como criminalidad, masa corporal y satisfacción con su propia vida. El estudio concluyó que las notas y los resultados de pruebas estandarizadas tienen un alto poder predictivo del éxito como adultos en comparación con el nivel intelectual.

Las notas no reflejan en realidad inteligencia sino lo que Heckman denomina “destrezas no cognitivas”, tales como la perseverancia, los buenos hábitos de estudio y las habilidades para colaborar a un objetivo común. En otras palabras, la diligencia. En menor medida, lo mismo sucede con los tests estandarizados. Definitivamente, la personalidad importa.
Heckman, fundador del Centro de Economía para el Desarrollo Humano de la Universidad de Chicago, demuestra que el éxito depende, principalmente, de habilidades que pueden ser adquiridas mediante la educación. Sus investigaciones concluyen que las intervenciones tempranas en los niños son muy útiles y que la actitud diligente es posible adquirirla y formarla. La curiosidad, otro rasgo de la diligencia, está también vinculada a las notas y a las pruebas estandarizadas.

Por cierto, la inteligencia influye. Una persona con un IQ de 70 no podrá efectuar tareas complejas que para una persona con 190 serán simples. Heckman destaca que muchas personas fallan en conseguir un trabajo porque carecen de habilidades que no son medidas en pruebas de inteligencia. Por ejemplo, no saben cómo ser corteses en una entrevista de trabajo; llegan tarde o vestidos inadecuadamente. Ya en el trabajo, proyectan la idea de que no trabajarán más de lo necesario.

Angela Duckworth, sicóloga de la Universidad de Pennsylvania, descubrió que los resultados de las pruebas de inteligencia reflejan también el esfuerzo y la motivación. Así, jóvenes diligentes y motivados se esfuerzan más en contestar las preguntas difíciles que jóvenes igualmente inteligentes, pero más flojos.

Heckman enfatiza que “el objetivo final es mejorar el nivel de vida de las personas” y un elemento clave del éxito es adquirir y fortalecer la diligencia, la perseverancia, la curiosidad y la autodisciplina que ponemos en juego para alcanzar objetivos.