Tribuna

Julio - Septiembre 2020

Pangea, el último supercontinente

Por Nick Routley, editor general de Visual Capitalist (1.5.20; Extracto)

(Nota EyS: El mapa que llevamos en la contraportada, preparado por el fotógrafo veneciano Massimo Pietrobon, muestra toda la masa terrestre de nuestro planeta  cuando formaba parte de un solo supercontinente que se ha llamado Pangea. El mapa muestra los límites aproximados de los países actuales para ayudar a entender cómo Pangea se fracturó para formar el mundo como lo conocemos hoy. Pangea procede del griego “pan” que significa “todo” y de la palabra griega “gea”  que significa “tierra”; o sea, “toda la tierra”).

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Los terremotos y las erupciones volcánicas nos recuerdan que la tierra bajo nuestros pies está en constante movimiento. Las placas continentales se mueven solo entre 3 y 10 cm. por año, por lo que no percibimos que las fuerzas tectónicas están continuamente transformando la superficie de nuestro planeta. Pero en una escala de tiempo más larga esos centímetros se suman para producir enormes cambios en la configuración de las masas continentales.

Pangea es el último supercontinente en la historia de la Tierra. Comenzó a formarse hace 300 millones de años hasta ocupar un tercio de la superficie terrestre. El resto del planeta era un enorme océano llamado Panthalassa.

Con el paso del tiempo, los científicos han reunido más información respecto del clima y los patrones de vida en el supercontinente. Se estima que el centro de Pangea, similar a partes de la actual Asia Central, era árida e inhabitable, con temperaturas que alcanzaban los 45º centígrados.

Las simulaciones climáticas efectuadas han detectado temperaturas extremas, lo cual es sustentado también porque muy pocos fósiles han sido encontrados en las actuales regiones del mundo que pertenecieron al centro de Pangea.

Los científicos piensan que el fuerte contraste entre el continente Pangea y el océano Panthalassa desató intensos monzones. Las plantas se expandieron sobre la la gran masa de tierra. Los animales, como los dinosaurios, circularon libremente a través de todo Pangea.

Hace 200 millones de años, el magma comenzó a emerger a través de los puntos débiles de la corteza terrestre creando una grieta volcánica que, finalmente, partió a Pangea en varios lugares.

Con el paso del tiempo, la grieta volcánica se amplió para formar lo que hoy es el Océano Atlántico. La evidencia más visible de la ruptura son los contornos similares de Brasil y  África Occidental. Norteamérica se despegó de Europa y África y, como lo muestra el mapa, la costa atlántica de Canadá estuvo conectada en Pangea a España y Marruecos.

El concepto de las placas tectónicas explica las características más sobresalientes de la Tierra. Por ejemplo, las montañas de los Himalayas se formaron cuando el subcontinente indio se separó de la actual costa Este de África y chocó con el continente asiático.

La mayoría de las más altas cadenas montañosas de la Tierra se formaron por el proceso de convergencia de las placas tectónicas, un proceso que hasta donde sabemos, es propio de nuestro planeta.

Dado que los actuales continentes se desplazan a una velocidad promedio de 30 centímetros por década, en nuestras vidas no veremos un cambio sustancial en la geografía de la Tierra.

Quienes vivan en los próximos 300 millones de años, verán la formación de un nuevo supercontinente: la Pangea Próxima. La Pangea Próxima es una de las posibles configuraciones que ocurrirán en la cual Australia colapsa con Indonesia, Norteamérica con África y Sudamérica con la Antártica. Pero todavía faltan solo 300 millones de años.