Think different

Octubre-Diciembre 2017

Mirar con ojos distintos

(Extracto, BBC Future,  “La fascinante historia de por qué el norte queda arriba en los mapas”,  23.10.16)

Trate de imaginar la Tierra vista desde el espacio. ¿Dónde quedaría la parte de arriba? Si dice el Polo Norte, lo más probable es que coincidan  muchas personas con usted. Sin embargo, podría estar equivocado. La incómoda verdad es que a pesar de que todos nos imaginamos el mundo de esa manera, no hay razones para pensar que el techo del mundo es el norte. La forma como quedó determinado la ubicación del norte es una interesante mezcla de historia, astrofísica y psicología.
        
Navegación cerebral

Entender dónde está ubicado en el mundo es una habilidad básica de supervivencia, lo cual explica por qué los humanos, junto a otras especies, tienen áreas especializadas del cerebro con numerosas conexiones para crear un mapa cognoscitivo de lo que nos rodea.

Lo que hace únicos a los humanos, con la excepción de las abejas, es que nosotros tratamos de transmitir estos conocimientos del mundo a otros miembros de nuestra especie. Esto es así desde hace mucho tiempo, también en lo que se refiere a cartografía. La primera versión de un mapa fue descubierta en la pared de una cueva hace 14.000 años.

Mirando hacia el emperador

Según Jerry Brotton, historiador de la Universidad Queen Mary en Londres especializado en mapas, “el norte fue rara vez colocado en el tope, por el simple hecho que de ahí es de donde viene la oscuridad. El oeste tampoco fue una elección, porque por ahí desaparecía el sol”.

Brotton dice que aún cuando ya tenían brújulas en esa época, no existe una razón sólida para que el norte esté en la parte de arriba de los mapas. Las primeras brújulas hechas en China estaban diseñadas para apuntar hacia el sur, que era considerado más deseable que el oscuro norte.

Pero en los mapas chinos, el Emperador, quien vivía en el norte del país, siempre fue colocado en el tope de los mapas, con todos los demás súbditos mirando en dirección hacia él. “En la cultura china el emperadormira hacia el sur, porque de ahí es donde viene el viento, por eso es una buena dirección. El norte no es muy bueno, pero te encuentras en una posición de subordinación hacia el emperador, así que tienes que mirarlo”, explica Brotton.

Mapas religiosos

En el antiguo Egipto el tope era colocado en el este, porque de ahí salía el sol.  Y las primeras versiones de los mapas islámicos le daban preponderancia al sur, porque la mayoría de las culturas musulmanas se encontraban al norte de la Meca, por lo que se imaginaban mirando hacia el sur. Los mapas hechos por cristianos en la misma era (llamados mapamundis) situaron el este en el tope, apuntando hacia el Jardín del Edén, con Jerusalén en el centro.

El norte de los exploradores

El mapa del mundo de Gerardus Mercator, de 1569, fue casi seguramente el momento cumbre cuando comenzaron a dibujarse los mapas con el norte arriba. Mercator fue el primero en utilizar la palabra “atlas” y su mapa fue ampliamente reconocido como el primero en tomar en cuenta la curvatura de la Tierra, de manera que los marinos pudieran cruzar largas distancias sin equivocarse al definir el curso.

Una mirada desde el espacio

En la famosa foto tomada por un astronauta de la NASA en 1973, se observa la Tierra con el sur arriba, debido a que fue tomada mientras realizaba una vuelta alrededor del planeta. Cuando comienzas a mirar a la Tierra desde el espacio te das cuenta que la idea de colocar un punto específico como tope carece de todo sentido.

Mientras los astrónomos han descubierto que las estrellas y los planetas se alinean con sus vecinos de una forma similar a lo largo del espacio, Daniel Mortlock, astrofísico del Colegio Imperial de Londres, señala que esto es verdad en una escala muy pequeña comparada con la vastedad del universo. “Hasta donde los astrónomos sabemos, realmente no existe un “arriba” o  “abajo” en el espacio”, advierte.Así que la respuesta a la pregunta sobre cuál es la parte de arriba de la Tierra es muy sencilla: en ningún lado en particular, y solo la superioridad cultural en la historia ha establecido que el norte es el techo del planeta.

El norte es “bueno”

Brian Meier, psicólogo del Colegio Gettysberg, en Estados Unidos, descubrió que las personas, sin darse cuenta,  procesan palabras positivas como si estuviesen más arriba en el espacio que las negativas. De modo que él se preguntó si había una conexión entre el norte como “bueno” y “bueno” como “arriba”, y cómo esas asociaciones afectaban los valores que las personas asignaban a diferentes áreas en una mapa.

Para investigarlo, mostró a unas personas un mapa de una hipotética ciudad y les preguntó dónde les gustaría vivir. Las personas estuvieron claramente inclinadas a elegir la zona norte de la ciudad.  Y cuando a otro grupo se le preguntó dónde vivirían personas imaginarias de distintos estratos sociales, los sujetos ubicaron a los más ricos en el norte y a los pobres en el sur. La buena noticia es que en el experimento de Meier la relación entre el “norte” y el “sur” fue eliminada con un simple cambio: girar el mapa.

Con tan pocos descubrimientos por hacer de zonas en la Tierra, a lo que podemos dedicarnos -parafraseando a Marcel Proust- es a mirar el mundo que tenemos. Pero esta vez, a través de unos ojos distintos.


 

Para Segunda Lectura
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