Tribuna

Economía y Sociedad № 107

Abril - Junio 2021

Mi Propuesta

Por José Antonio Kast, presidente del Partido Republicano y excandidato presidencial independiente

Estamos en un punto de inflexión. Hay que detener la explosión de violencia y el reinado de la delincuencia que está transformando la vida diaria de miles de chilenos en una verdadera pesadilla. Hay que detener el avance de la izquierda que amenaza el modelo económico, político y social que ha permitido a Chile alcanzar el umbral del desarrollo y convertirse en el país líder de América Latina en todos los indicadores económicos y sociales.

Nuestro mensaje es claro: creemos en la defensa y promoción de los derechos inalienables que Dios nos entregó, entre ellos la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Creemos en el respeto riguroso y universal del Estado de Derecho y en el deber intransable del Ejecutivo de asegurar su respeto por parte de todos.

Rechazamos la violencia en todas sus formas: la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo, íntimamente ligados entre sí por poderosos intereses económicos y por redes ideológicas violentas que pretenden subvertir la democracia. En las calles y en la Araucanía es urgente restablecer el Estado de Derecho para combatir y derrotar, con toda la fuerza del Estado, el flagelo de la violencia. Desde ya, debemos transformar la Araucanía desde un foco de violencia y desolación, en un polo de desarrollo económico y social.
 
Creemos en una sociedad auténticamente libre y responsable, aquella en que el Estado asume un rol subsidiario que respeta la esfera de acción y de competencia de los privados y sus organizaciones. Uno de nuestros principales compromisos es hacer de Chile un país libre de todas las pobrezas y de los males asociados a ella; que cada persona se desarrolle de manera autónoma y que todos los chilenos obtengan su máximo desarrollo material y espiritual posible, en igualdad de condiciones, sin caer en el asistencialismo estatal.

Defendemos, resuelta y férreamente, la libre iniciativa privada en materia económica. Fomentamos el derecho de propiedad para todos. Combatimos los abusos y las colusiones, vengan de donde vengan, pues la competencia es crucial para la eficiencia y para la equidad de un sistema de libre mercado.

Promovemos una administración pública eficiente y responsable, que no esté concebida como botín electoral, como trinchera ideológica o como caja pagadora de servicios políticos, que acumula funcionarios y gastos gigantescos, fuente de abusos, de corrupción y de derroche de los recursos públicos. No queremos un Estado grande, sino justo, que sea eficaz, moderno y transparente pues se financia con los recursos de todos los chilenos.

No aceptamos que los políticos y los empleados públicos se conviertan en una casta de privilegiados. Nos rebelamos contra los abusos de aquellos poderosos que viven de la burocracia, pues del Estado y de los servicios públicos, esperamos honestidad y trabajo bien hecho, responsabilidad social y espíritu de servicio. Queremos un espacio donde quienes tienen un rol público miren a las personas a la cara y les digan la verdad.

Mientras Chile inicia una larga pausa constituyente, donde todo está en juego, el mundo sigue avanzando y el esfuerzo de recuperación de la economía mundial ya despliega sus fuerzas.

Nuestra propuesta pondrá a Chile nuevamente de pie. Daremos un golpe de timón radical a las políticas públicas para que Chile vuelva a crecer, a generar empleos, a reducir la pobreza y a lograr el desarrollo.

Nuestra propuesta económica-social consiste en 5 políticas públicas claves: disminuir el gasto público; reducir impuestos y eliminar regulaciones; crear un Estado moderno al servicio de las personas; promover un aporte social sustancial de la sociedad civil y focalizar el gasto social permitiendo la libertad de elegir para todos los chilenos, especialmente en salud y educación.


A partir de 2010, para financiar la explosión del gasto estatal, los gobiernos aumentaron la tasa de impuesto a las empresas en un 60%, de 17% a 27%, el alza más alta del mundo en tan corto tiempo y contraria a la tendencia mundial a rebajarlas. En el mismo período, Estados Unidos disminuyó el impuesto a las empresas de 35% a 21% y la mayoría de los países de la OCDE los redujo también. Según el “Corporate Tax Statistics” editado en 2020 por la OCDE, Chile tiene la tasa de impuesto efectiva a las empresas más alta de la OCDE y, a nivel mundial, solo nos superan la República Democrática del Congo, India y Costa Rica. Este aumento de los impuestos a las empresas, sumado al intervencionismo estatal y a una actitud antiempresa privada, desplomó la inversión desde 25% del PIB en 2012 a 20% en 2020. El derrumbe de la inversión frenó el crecimiento económico a 1,5% promedio anual, estancando el ingreso por persona que no crece nada desde 2013. Por lo tanto, junto con disminuir el gasto fiscal, reduciremos la tasa de impuesto a las empresas de 27% a 17%, la tasa que posibilitó por largo tiempo un alto crecimiento.

La disminución del gasto público implica eliminar el gasto político y las pensiones a los falsos exonerados; fusionar ministerios y subsecretarías y profesionalizar la administración pública para eliminar todo tipo de clientelismo. Asimismo, las empresas estatales, si bien nominalmente de todos los chilenos, en la práctica constituyen reductos discrecionales de la clase política. Mediante un sistema de “capitalismo popular” permitiremos a todos los chilenos participar en su propiedad.

El nuevo paradigma debe ser de un mejor Estado. Para ello reduciremos los trámites y regulaciones e introduciremos tecnología de punta para convertir al anacrónico Estado actual en uno digital. Instalaremos una “task force” dedicada a reducir y eliminar regulaciones que invaden la vida privada de las personas, desincentivan la inversión y retardan el crecimiento. Por cada nueva regulación, eliminaremos tres. Cada cierto tiempo, todos los servicios del Estado deberán justificar su existencia a través de un proceso de “presupuesto base cero” cuyo objetivo es evitar la inercia institucional y la inflación regulatoria.

Modernizaremos el Código del Trabajo para introducir la libertad de horario, el trabajo por hora y el teletrabajo en el sector público y privado, consistentes con las exigencias y oportunidades laborales del siglo XXI.


Focalizaremos el gasto público en quienes más lo necesiten. La reducción del gasto fiscal ineficiente y de los impuestos, sumada a la desregulación de la actividad económica, nos permitirá aumentar los montos que el Estado destine directamente a las personas de menores recursos para que ellas mismas elijan la educación para sus hijos y la salud para su familia.

Masificaremos también la educación online a través del uso de plataformas virtuales administradas por las mejores universidades del mundo y que es mayoritariamente gratuita, o tiene una fracción del costo de la educación universitaria local. Promoveremos la reducción de los años de estudios universitarios, separando la formación base de la especialización y fomentando la educación continua a lo largo de la vida laboral.

Potenciaremos el aporte sustancial de la sociedad civil por la vía de promover una filantropía inteligente a través de consolidar las leyes de donaciones en una sola que promueva la solidaridad y la generosidad. Eliminaremos todos aquellos impuestos que afectan el patrimonio personal, cuya formación ya tributó, tales como contribuciones, herencias y donaciones.

Porque represento una verdadera alternativa, la izquierda ha montado una campaña para estigmatizarme como de “extrema derecha”. Para mí el extremista es quien ocupa la violencia como una herramienta política. Como lo he demostrado con hechos y palabras en 20 años de vida pública consecuente, estoy y estaré siempre contra toda violencia en política. A los líderes mundiales que más admiro -Churchill, Reagan y Thatcher- también se les intentó en algún momento descalificar como “extremistas”, pero la Historia reveló que, por el contrario, fueron los enterradores de los verdaderos extremistas de derecha e izquierda.

Lo que es verdad es que nosotros decimos las cosas por su nombre y abominamos del doble discurso tan usual en la política actual. Lo hacemos porque creemos que es indispensable revalidar los principios y las convicciones de derecha que han quedado escondidas en el cajón y han sido reemplazados por la ambigüedad y la corrección política.

Chile necesita, más que nunca, claridad y convicción. Necesita que se defiendan y promuevan, sin complejos, las ideas de la libertad.