Libros

Enero-Marzo 2018

Memoria a dos voces

[Nota EyS: En el libro “Mémoire à deux voix” (Odile Jacob, 1995), el escritor Elie  Wiesel, Premio Nobel de la Paz, conversa con el ex presidente François Mitterrand. Aquí algunos extractos].

La Justicia

Elie Wiesel: Usted dijo un día: “Comprendí la injusticia cuando leí el Sermón de la Montaña”.

François Mitterrand: Es uno de los textos más hermosos que conozco. Solo piense usted que Cristo pronunció esas palabras hace dos milenios y que en el fondo nada ha cambiado! Cristo podría justificar perfectamente su retorno para pronunciar ese mismo discurso.

Elie Wiesel: ¿Y que sería la justicia?
 

François Mitterrand: Que susciten admiración y emulación las actos generosos y que los crueles sean reconocidos como tales.

 

La Humillación

Elie Wiesel: Creo que la peor de las injusticias es la humillación. Cuando veo que humillan a alguien, necesito protestar, hacer algo.

François Mitterrand: Yo también siento lo mismo. Me ha sucedido, sin duda, humillar a personas; me perdonarán cuando comprendan que no ha sido voluntario. Sea como sea, humillar supone falta de control de uno mismo, falta de educación.


El Poder

Elie Wiesel: ¿No hay algo de ilusión en el poder?

François Mitterrand: El poder político...es simplemente temible. El que lo detenta debe, si no temerle, por lo menos ser extraordinariamente vigilante y mantenerse alerta acerca de la  naturaleza y alcance de su propio rol. Si es sabio, va a buscar otros poderes que equilibren el suyo.

Elie Wiesel: ¿Hay diferencia de grado o sustancial entre el poder absoluto que detenta una sola persona y el que se apoya en un grupo de individuos?

François Mitterrand: No hay tal. Son de la misma naturaleza. Se trate de un partido, una Iglesia, un clan o una etnia.

La Vida

Elie Wiesel: La vida, finalmente, es una suma de momentos privilegiados. Cada uno de ellos evoca todo lo que ha sido y genera todo lo que vendrá. Me gustaría que habláramos de nuestros momentos privilegiados.

François Mitterrand: La Liberación es uno de los instantes privilegiados de mi vida. En la vida he tenido instantes de este género, minutos radiantes, momentos sin historia, en una terraza, en Florencia, contemplando un crepúsculo; en Venecia, paseando por esas callejuelas; en Vezelay, en Saint-Benoi. No me faltan recuerdos!  Un día, en las Landes, experimenté un sentimiento de liberación extraordinario mientras contemplaba el paso de una bandada de gansos salvajes. Recuerdo sus gritos, la belleza de su vuelo. ¿Otros instantes privilegiados? Una velada en la cual de pronto se abre la amistad de tal modo que los corazones se alzan sin que se sepa por qué... Recuerdo un día, durante la “guerra rara”, entre 1939 y 1940. Me encontraba en un acantonamiento miserable, en medio de una tropa de soldados embarrados hasta los ojos. Alguien empezó a cantar, me pareció hermoso, y de súbito, no se por qué razón, en esa atmósfera llena de humo, me embargó una especie de entusiasmo ante la vida pese a que se anunciaban días nada gloriosos ni felices.