Dossier Nuevo Mundo

Economía y Sociedad №104
Julio - Septiembre 2020

Más sector privado

Por Matt Ridley, autor del libro “How innovation works and how it flourishes in freedom” (Reason, junio 2020; Extracto)

En un ensayo que escribí en 1999, señalé que si sufriéramos una pandemia que fuera altamente contagiosa y letal, sería causada por un virus y no por una bacteria o un protozoo. La humanidad ya combate y vence eficientemente a las bacterias y protozoos, pero ha sido deficiente en controlar a los virus.

También escribí que sería un virus respiratorio. En efecto, la tos frecuente de las personas transmite fácilmente a los virus. Algunos son rinovirus, otros coronavirus, pero todos se multiplican en la población humana.

Finalmente, señalé que podría surgir a través de los murciélagos porque, recientemente, una gran cantidad de virus han provenido de estos animales. La razón es que los murciélagos son mamíferos como nosotros y para un virus es relativamente fácil transmitirse entre mamíferos. Los murciélagos son animales que viven en altas densidades de población, así que en ellos los virus encuentran un lugar ideal para multiplicarse. Y por la misma razón, los virus se transmiten rápido en la población humana, especialmente urbana.

Las lecciones

Lamentablemente, no aprendimos del virus SARS de 2003 que nos dio una clara señal que los mercados de animales vivos en China, especialmente de murciélagos, eran un peligroso lugar para el traspaso del virus a los humanos, porque estos animales tosen y gritan todo el tiempo. También confiamos demasiado en la Organización Mundial de la Salud (OMS) la cual en enero repetía las falsas declaraciones chinas y alababa sin matices las políticas sanitarias de ese país. Si la OMS hubiera alertado al mundo en enero, habríamos reaccionado más rápido y mucho antes.

Y también es indispensable debatir respecto de las certezas de los modelos científicos, a los cuales hemos reaccionado sin analizar bien las bases en que esos modelos están construidos. Por ejemplo, el Imperial College of London predijo que 500.000 personas morirían en el Reino Unido, a menos que adoptáramos restricciones draconianas a la libertad de movimiento de las personas. Pero ese modelo estaba equivocado porque suponía que las personas libres no adoptarían ninguna medida de autocuidado y que solo la coerción estatal funcionaría.

Debemos evaluar críticamente la validez de los modelos, lo cual es muy atingente también a aquellos del cambio climático que predicen una catástrofe si no frenamos el crecimiento.


Los desafíos

El gran desafío que enfrentaremos al término de la pandemia es volver a reducir el tamaño del Estado. Después de  la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido no eliminó el racionamiento de alimentos sino en 1954. La inercia estatal generada por el racionamiento se mantuvo por nueve años más alimentada por argumentos como que aún existían personas vulnerables que no reciben suficiente comida. Lo que el Estado no vio fue que el propio racionamiento impedía que la oferta de alimentos se expandiera y bajaran así los precios permitiendo llegar a toda la población.

En el mundo después de la pandemia debemos tener el coraje para proclamar fuerte y claro que el futuro bienestar económico depende del ingenio y de la capacidad de adaptación y crecimiento del sector privado. En ningún caso del Estado.