Dossier Nuevo Mundo

Economía y Sociedad № 104
Julio - Septiembre 2020

Más avance tecnológico

Por Marian Tupy, senior fellow del Instituto Cato (Human Progress, 6.5.20; Extracto)

El impacto de la tecnología es especialmente relevante en la salud. La malaria, uno de los más grandes y antiguos enemigos de la humanidad, comenzó a controlarse en Europa y Asia solo después del descubrimiento de América, al detectarse los beneficios que la corteza del árbol mexicano “chichona” tenían en reducir la fiebre. La quinina fue descubierta recién en 1820 y la cloroquina en 1946. La artemisinina, que usamos hasta el día de hoy, fue descubierta en la década de los 70. Por miles de años la humanidad ha vivido con enfermedades mortales sin saber en qué consistían y cómo se transmitían, menos aún cómo curarlas.

El contraste entre esta lenta evolución y la velocidad de respuesta a la actual pandemia es impresionante. La municipalidad de Wuhan informó la existencia de casos de “neumonia” el 31 de diciembre. El 7 de enero, científicos chinos identificaron al virus COVID-19 como el responsable del contagio y el 11 de enero obtuvieron la secuencia del código genético del virus. Al día siguiente el resto del mundo usó esta información para diseñar tests de diagnóstico, desarrollar tratamientos y descubrir una vacuna.

Esta rapidez permitió a la empresa coreana Kogene Biotech, a partir del 7 de febrero, producir masivamente el primer test de diagnóstico, solo 18 días después que el 20 de enero se detectó el primer contagio en Corea del Sur.

A mediados de abril, miles de investigadores de empresas farmacéuticas de todo el mundo, altamente preparados y bien financiados por los mercados de capitales, ya utilizaban inteligencia artificial y supercomputadores para identificar posibles tratamientos y vacunas. Más de 200 programas en desarrollo testean la efectividad de antivirales ya existentes como Remdesivir del laboratorio Gilead y Favipiravir de Fujifilm y de drogas genéricas como la Hidrocloriquina. El laboratorio Takeda de Japón está focalizado en el uso de plasma y la farmacéutica Regeneron, de los Estados Unidos, en desarrollar anticuerpos monoclonales. Tres laboratorios, Moderna, Inovio y BioNTech se encuentran en etapas avanzadas de desarrollo de una vacuna. No sabemos si alguno de estos tratamientos o vacunas producidos por estas farmacéuticas privadas funcionará, pero sí sabemos que este es el mejor momento de la humanidad para derrotar al COVID-19.

El mundo es más rico que nunca antes. La expansión de la libertad económica y el desarrollo de robustos mercados de capitales, aceleran el avance tecnológico y financian la investigación y desarrollo de drogas y vacunas de una sofisticada industria farmacéutica global.


Alimentación

Cuando la peste bubónica azotó a Europa a mediados del siglo XIV, encontró a los europeos mal alimentados por las sucesivas hambrunas y mató al 50% de la población. En el siglo XV, el 80% de los gastos de una familia común era en alimentación y el 20% solo en pan. Así, una mala cosecha podía destruir a una comunidad completa.

En 2013, solo el 10% del ingreso se gastó en alimentos, incluido el consumo en restaurantes. El COVID-19 forzó a los restaurantes a cerrar, pero gracias a las aplicaciones de celular de delivery despachan comidas a domicilio. Los supermercados y tiendas de alimentos están bien abastecidos, aún en medio de las cuarentenas, gracias a un flujo comercial ininterrumpido de transporte aéreo de carga, transporte terrestre y una cadena logística que incluye avanzados sistemas de refrigeración para permitir que uva producida en Chile sea consumida en excelentes condiciones en Nueva York.


Trabajo y educación

Gracias al avance tecnológico, en los últimos 200 años la naturaleza del trabajo ha cambiado dramáticamente. Antes de la Revolución Industrial, el 80% de la población trabajaba en la agricultura. La mayor parte de la producción se originaba en la unidad familiar. Los jóvenes y los viejos debían aportar al sustento diario. Por ello, las enfermedades reducían drásticamente la producción de la familia y, por lo tanto, su consumo.

La Revolución Industrial introdujo tecnología en la agricultura y creó fábricas alrededor de las cuales comenzó a formarse la ciudad moderna, engrosada por el éxodo desde el campo en busca de mejores salarios y calidad de vida.

Así nació la masiva expansión de los servicios a una población con cada vez mayor poder de compra. Hoy, el sector servicios comprende a los servicios informáticos, bancarios, inversiones, salud, educación, técnicos y científicos, como también las artes, la cultura y la entretención. La mayoría de estos trabajos son  físicamente menos arduos, intelectualmente motivadores y mejor pagados que los trabajos en la agricultura o en manufactura. Además, se estima que alrededor del 30% de estos trabajos pueden efectuarse remotamente.

Por efecto de la pandemia, el comercio electrónico ha alcanzado niveles récord. Los servicios de transporte y despacho están en franca expansión. Amazon, el mayor retailer del mundo, contrató, solo en los Estados Unidos, a 100.000 personas adicionales para cubrir la explosión de la demanda por compras online.

Empresas de educación online como Khan Academy, gratuita para la enseñanza básica y media, así como EdX.org, fundada por Harvard y MIT, y Coursera, fundada por Stanford, gratuitas para enseñanza universitaria, han incrementado como nunca antes el número de alumnos de todo el mundo que se inscriben. Las universidades tradicionales, basadas en la educación exclusivamente presencial, debieron despachar a sus alumnos a sus casas y adoptar súbitamente la tecnología de educación online que ya cuenta con millones de profesores capacitados para dictar sus clases en las nuevas plataformas. El COVID-19 aceleró el cambio de paradigma en la enseñanza universitaria hacia un modelo híbrido que introduce un alto componente online.


Sociabilidad

La sociabilidad inherente a la condición humana se ha visto severamente restringida por las cuarentenas preventivas. Pero la tecnología nos ha permitido no solo trabajar y estudiar a distancia, sino sociabilizar con la familia y amigos en plataformas digitales como Zoom, Facebook Live, Google Hangouts, entre otras. En todo el mundo, la gente utiliza la tecnología al alcance de la mano en el celular para asistir a happy hours virtuales, clubes de lectura y cine, clases de gimnasia y servicios religiosos.

La tecnología generada por la libertad de emprendimiento, la expansión de la educación y la disponibilidad de capitales privados, nos permite enfrentar con racional optimismo los desafíos para derrotar la pandemia. En estos difíciles momentos para la humanidad, no olvidemos a los miles de científicos que están utilizando todo el conocimiento acumulado para vencer al COVID-19 en tiempo récord y a todos los avances tecnológicos que, a pesar de la hibernación económica global, nos mantienen alimentados y dispuestos al trabajo.