Dossier La Hoguera de los Inocentes

Economía y Sociedad № 99
Abril - Junio 2019

La Muerte de don Eduardo Frei

Por Alvaro Covarrubias Risopatrón, profesor universitario 

(EyS reproduce aquí el texto completo de este artículo publicado en Dropbox, diciembre 2018)

Lo que  sigue, es mi versión de los hechos que rodearon la muerte del ex Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva; con el fin de aportar al debate  público acerca de la verosimilitud de la tesis que sostiene que fue asesinado. Lo hago primero por amor a la verdad, además de mi profunda admiración por don Eduardo, con el cual colaboré activamente durante los seis años de su gobierno, uno de los más fructíferos de la historia de la República. 

Por razones profesionales, en los años ochenta trabajé en el área de la Salud, donde escuché testimonios de personas directamente involucradas en el proceso que terminó con su muerte. Posteriormente, mis fuentes de información son las de dominio público.

Clínica Santa María 

Los hechos

Don Eduardo tenía 70 años y sufría de una enfermedad conocida como hernia al hiato, que le impedía hacer una vida normal. Muy molesto por esta dolencia, supo que había un famoso médico cirujano, llamado Augusto Larraín Orrego quien operaba a los pacientes de esa dolencia, logrando erradicar definitivamente el mal. Desesperado por esta molestia, don Eduardo decidió operarse con ese doctor; poniendo sólo como condición,  que la intervención quirúrgica debería efectuarse en la Clínica INDISA. 

Presumo que la decisión de elegir esta clínica para la operación, fue que en esa época, en ella tenía gran influencia el Cardenal Raúl Silva Henríquez. La clínica era dirigida por los doctores: Juan Fierro Morales (Presidente del Directorio y médico personal de don Patricio Aylwin), Alberto Lucchini Albertalli (Vicepresidente del Directorio y médico personal del Cardenal Silva) y Hugo Salvestrini Ricci (Director Médico); todos profesores universitarios de excelencia, de sobra conocidos de don Eduardo. Estos dos últimos habían sido recientemente exonerados de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, por no ser incondicionales al régimen del General Pinochet. 

La decisión de don Eduardo  de operarse, habría contado con la opinión en contra del Dr. Ramón Valdivieso Delauney, ex Ministro de Salud de su Gobierno, que a la sazón actuaba como su médico de cabecera, por considerar que el riesgo de la operación era muy grande.

Cuando el Director Médico de INDISA de la época,  el Dr. Hugo Salvestrini, se enteró que en los próximos días don Eduardo sería operado en ella de hernia al hiato, y  previa consulta con miembros del Directorio, procedió a notificar al doctor Larraín, que la clínica negaba la autorización para que se efectuara la operación en sus recintos. La razón por la cual se tomó esta decisión, que se le comunicó al cirujano, fue que dicha operación era de alto riesgo, por lo que la clínica -velando por su prestigio- no quería exponerse a la posibilidad de que en ella se muriera un ex Presidente de la República. La explicación técnica que me dio personalmente el Dr. Salvestrini acerca del riesgo de la operación, es que ese tipo de cirugía requería mucha manipulación en una gran zona del abdomen, por lo tanto la posibilidad de infección era alta. Entiendo que desde hace muchos años, esta operación ya no se realiza. 

Recibida la notificación de rechazo, el Dr. Larraín procedió a reservar pabellón quirúrgico en la Clínica Santa María, donde se realizó la operación el día 18 de Noviembre de 1981. Pasados unos días en el post operatorio, el paciente fue dado de alta y enviado a su casa. Estando allí apareció un episodio de fiebre, que hacía prever que había algún problema derivado de la operación. La familia entonces llamó al Dr. Larraín para comunicarle el hecho y éste, que se encontraba en Pucón, les manifestó que esos síntomas eran normales por lo que no deberían preocuparse y no hacer nada. Al día siguiente; viendo los familiares que la fiebre se acrecentaba, volvieron a comunicarse con el Dr. Larraín obteniendo idéntica respuesta; por lo que tampoco se hizo nada. 

A pesar de este consejo, miembros de la familia, alarmados por la situación, consultaron otras opiniones médicas; las que unánimemente coincidieron  en que el caso era grave, pues era presumible que don Eduardo tuviera una infección como secuela de la cirugía y lo que correspondía era re operar de urgencia para tratar de contener dicha infección. Ante esas opiniones, la familia tomó dos importantes decisiones:

1.- Habiéndose convencido de que existía  un cuadro de infección y que se habían perdido valiosas horas para proceder a su solución y en vista a que el Dr. Larraín les recomendó no hacer nada; decidieron relevar a este doctor como médico tratante, para que nunca más atendiera a don Eduardo bajo ninguna forma; lo que efectivamente así ocurrió.

2.- Que don Eduardo debía ser operado de nuevo en forma inmediata, para lo cual preguntaron cuál sería el profesional más calificado en casos complejos de cirugía abdominal. Se les indicó que era el Dr. Patricio Silva Garín, a quién se le encargó realizar la nueva cirugía, solicitándole que a ella asistiera el Dr. Juan Pablo Beca Infante, marido de Isabel Frei Ruiz-Tagle.

Don Eduardo fue reingresado a la Clínica Santa María, realizándose la segunda operación el 6 de Diciembre de 1981; a cargo del Dr. Patricio Silva Garín como primer cirujano y del Dr. Eduardo Weinstein Varanosvski como ayudante. Durante la operación, los médicos comprobaron  que el paciente tenía una grave infección en su abdomen, procediendo a seccionar partes de su intestino para controlarla. Durante el transcurso de la operación quirúrgica y sin haber sido convocado, el Dr. Larraín trató infructuosamente de entrar al quirófano, siendo impedido por el equipo médico que estaba operando.

Después de esta segunda operación se inicia el largo período de seis semanas, en que los cuidados intensivos prodigados al ex Presidente no logran salvarle la vida. Incluso, en un esfuerzo desesperado de los médicos para contener el avance la infección, proceden a realizarle una tercera cirugía, también a cargo del Dr. Silva el día 8 de Diciembre de 1981. 


En ese período, el tratamiento a don Eduardo estuvo a cargo de distinguidos médicos de Santiago que fueron llamados a colaborar; entre los cuales se destaca la participación del Dr. Sergio Valdés Jiménez, famoso experto en cuidados intensivos, recientemente fallecido. Adicionalmente, durante ese período la familia Frei decidió nombrar a un amigo médico  de toda su confianza, el Dr. Patricio Rojas Saavedra,  para que fuera el interlocutor entre los equipos médicos y la familia, labor que este doctor realizó durante todo el tiempo de la agonía.

Otro esfuerzo que hizo la familia Frei para salvar a su padre, bajo recomendación de algunos médicos, fue traer desde EE UU un medicamento antibiótico nuevo, aún no probado, que se estimaba podría ayudarle. Se encargó de la misión de comprar el medicamento y despacharlo a Chile, al Dr. Rodrigo Hurtado Morales, residente en Washington D.C. El dicho medicamente se aplicó, pero aparentemente no produjo ningún efecto positivo en la salud del enfermo. Finalmente, el 22 de Enero de 1982 se produjo el fallecimiento.

Una vez comprobado el deceso del ex Presidente, se iniciaron los preparativos para sus funerales. En ese momento, el  Dr. Roberto Barahona Silva, jefe del Departamento de Anatomía Patológica del Hospital Clínico de la Universidad Católica, antiguo amigo de don Eduardo y a quién éste en su gobierno había nombrado como el primer Presidente de CONICYT, se comunicó con la familia Frei. Él les manifestó que sería recomendable practicar un embalsamamiento del cuerpo antes de introducirlo en la urna mortuoria, dado que las exequias iban a durar varios días y considerando el estado de infección generalizada del cadáver; ofreciéndose a realizar ese procedimiento con sus equipos técnicos.

Obtenido el acuerdo de la familia, el Dr. Barahona procedió a enviar a la Clínica Santa María a los médicos tanatólogos: Dr. Helman Rosenberg y Dr. Sergio González; quienes realizaron el procedimiento y - como es habitual en estos casos - sacaron muestras de tejidos del cuerpo que luego guardaron. Sin embargo, en su actuar estos doctores cometieron dos errores, que han complicado enormemente, el caso judicial:

1.- El embalsamamiento se realizó en la misma pieza en que había fallecido el ex Presidente Frei; pero los médicos cometieron el error de no poner el pestillo de la puerta durante el procedimiento. Cuando estaban realizando su tarea, entró inesperadamente a la pieza la Sra. Carmen Frei, quién pudo observar el cuerpo eviscerado de su padre, con el comprensible horror de esa visión para una hija.

2.- Una vez de vuelta al Hospital Clínico de la Universidad Católica, ambos doctores procedieron a escribir el informe del embalsamamiento y guardar las muestras para ser analizadas. A falta de otro formulario, el informe fue escrito en uno que consigna en su membrete: “Informe de Autopsia”; en circunstancia que el procedimiento realizado al cuerpo de Frei fue embalsamamiento y no autopsia. 

En la Clínica Santa María no habría podido realizarse una autopsia, primero porque esta institución no tiene el permiso legal para hacerlas, además  no cuenta con las facilidades requeridas y por último ningún familiar o médico así lo solicitó, en el caso de don Eduardo Frei.

El informe de la Universidad Católica, sobre el procedimiento de embalsamamiento del cuerpo, más el análisis de las muestras de tejidos, se guardaron en los archivos del Hospital. Cuando muchos años después este informe fue requerido, él fue entregado por su Director el Dr. Luis Castillo Fuenzalida personalmente a la Sra. Carmen Frei y al Tribunal que sustancia el caso del supuesto asesinato del ex Presidente.


En los 18 años siguientes a la muerte del ex Presidente de la República don Eduardo Frei, nadie habló de Magnicidio.

La tesis del magnicidio

Por razones de lógica, es imposible probar la no existencia de un hecho. Luego, en este caso, es imposible probar que el ex Presidente Frei “no” fue asesinado. Lo que se necesita saber es “que es lo más probable” que haya ocurrido y para ello están las pruebas de lo que “sí” ocurrió.

Como puede verse en las páginas anteriores, hay significativos hechos que prueban fehacientemente, que la muerte del ex Presidente se debió a las complicaciones de una intervención quirúrgica de alto riesgo de infección, agravada por la demora  -inexcusable desde el punto de vista médico- en la realización de la  segunda operación para neutralizarla.

Por lo que puede saberse de lo que ha trascendido a la opinión pública desde las voces de  quienes la sustentan, la tesis del asesinato consta de una cadena de hechos y meras suposiciones que no aportan pruebas reales; no contradiciendo de modo alguno la versión de que la causa de la muerte fue la septicemia contraída durante la primera operación. Según lo que se sabe de las investigaciones realizadas por el juez Madrid, hay una serie de hechos contradictorios y vacíos en esta tesis, los que vamos a enumerar:

1.- El juez Madrid lleva 16 años a cargo del caso y aún no emite un dictamen de primera instancia. Si quienes sustentan la tesis del asesinato afirman públicamente que hay contundentes pruebas de ello, legítimamente podemos preguntarnos: ¿Cómo es posible que en tan largo tiempo el juez no haya podido llegar a un fallo  con esas pruebas, reputadas tan concluyentes?

2.- Uno de los acusados por el juez Madrid  como autor material del crimen, es el Dr. Patricio Silva Garín. ¿Es plausible que el Dr. Silva haya querido asesinar a Frei, si precisamente fue llamado por la familia para que tratara de salvarlo, por sus condiciones de cirujano especialista en alta complejidad, más que por ser amigo y ex Subsecretario de Salud en su Administración? ¿El solo hecho de haber trabajado en el Hospital Militar durante la dictadura lo inculpa de cometer el magnicidio de un ex Presidente?


3.- El otro acusado por el magistrado como autor material del crimen, es el Dr. Pedro Valdivia Soto, bajo la presunción de haberlo envenenado, introduciendo sustancias tóxicas en su organismo mientras estaba internado en la Clínica Santa María. Si bien está comprobado que este doctor fue miembro de la DINA y que efectivamente en la época trabajaba en la clínica, el único cargo en su contra en este caso, es la versión de alguien que afirmó que, como médico residente de la UCI, pudo haber entrado a la pieza del ex Presidente.

4.- La tesis del envenenamiento queda desvirtuada por el comportamiento del equipo médico durante el período entre la primera operación y la muerte; durante la cual todos los médicos tratantes estuvieron convencidos que estaban luchando con una septicemia contraída durante la primeria operación. Por otra parte, si se hubiera introducido algún veneno en el organismo del enfermo, habrían aparecido síntomas no habituales en el caso, con lo que  necesariamente  alguien de los equipos médicos lo habría notado. Si así hubiera ocurrido, es lógico que inmediatamente lo comunicara a los demás profesionales y, de haber persistido alguna duda, se habría pedido realizar una autopsia del cuerpo; procedimiento médico destinado a conocer la verdadera causa de muerte, cuando hay dudas de ello. Sin embargo, al cuerpo de don Eduardo Frei no se le realizó autopsia, pues nadie la pidió, ni la familia ni el equipo médico; lo que supone que todos estaban seguros de cual había sida la causa de la muerte. La pregunta que surge es: ¿Puede un veneno actuar sin dar síntomas perceptibles, para un equipo de médicos tratantes de los más expertos que había en el país, que estaban monitoreando al enfermo con la máxima tecnología disponible a la fecha?

5.- La tesis del envenenamiento se ve también desvirtuada, por el análisis realizado por el experto internacional Dr. Aurelio Luna  a muestras obtenidas del cuerpo de Frei; exhumado  muchos años después. El experto informó no haber  detectado los elementos letales gas Mostaza y Talio, que los técnicos chilenos Borgel y Cerda decían supuestamente haber encontrado. Estos elementos tóxicos, que fueron indudablemente usados por los Servicios de Seguridad de la época: ¿Pueden actuar sin presentar síntomas en sus víctimas?


6.- El juez Madrid acusa a los médicos Rosenberg y González en calidad de cómplices del asesinato. Ellos fueron quienes embalsamaron el cuerpo de don Eduardo -con el expreso permiso de la familia-  y sacaron muestras para analizar. Esta acusación queda desvirtuada por un principio de lógica elemental: ningún cómplice de un crimen guarda muestras, que eventualmente lo puedan inculpar. Por lo tanto, el haber sacado y guardado muestras es la mejor presunción de sus inocencias en el supuesto crimen. Adicionalmente, el informe que escribieron se entregó a la familia y, por supuesto, no avala la tesis del asesinato.

7.- La acusación de la participación en el asesinato de don Luis Becerra -confeso de ser informante de los Servicios de Seguridad del régimen- es inverosímil, al no señalarse en la acusación que actos directos pudo realizar como chofer para causar la muerte del ex Presidente.

8.- Por lo que sabe la opinión pública, los médicos que tuvieron alguna relación con el caso clínico de don Eduardo Frei, han declarado públicamente y en el proceso judicial, la convicción de que su muerte se debió a un shock séptico derivado de complicaciones post operatorias. 

En este sentido son especialmente relevantes los testimonios de los doctores Patricio Rojas, que acompañó a la familia y a los equipos médicos durante todo el período post operatorio y Juan Pablo Beca, yerno de don Eduardo, que asistió a dos de las operaciones. Ambos declararon no creer en la tesis del asesinato y afirmativamente opinaron que fue por causas médicas.  

Se sabe sólo de tres personas de profesión médica que han avalado públicamente la tesis del asesinato. El primero es el Dr. Augusto Larraín, autor de la primera operación,  por razones evidentes de defensa de su prestigio profesional. Las otra dos son las doctoras Michelle Bachelet, quien en  la época se encontraba fuera del país, y la Dra. Izkia Sitches, presidente del Colegio Médico, que en la época aún no había nacido.

Eduardo Frei Montalva escribió un libro que tituló: La Verdad tiene su Hora. Es de esperar que esa hora no tarde en llegar a este caso, para que no se imponga lo que hoy se llama la pos verdad.