La Ilusión Constituyente

Se pueden avizorar tres momentos críticos en el camino del proceso constituyente hacia la decepción y la rabia.

1. Es un hecho que tanto “los políticos” como las instituciones políticas gozan de una profunda repulsa de gran parte de la ciudadanía. La inmensa mayoría de los votantes del Apruebo quería ver “caras nuevas” redactando la Constitución, gente que no pertence a la clase política. Pero pasará lo contrario. Representantes de los partidos dominarán la asamblea por el peso de sus maquinarias electorales y las ventajas que les da la legislación electoral. Ello provocará la desilusión y la ira de quienes considerarán que la clase política y sus acólitos le han robado el triunfo a aquella mayoría que votó por el Apruebo. De esa manera, la Convención Constituyente nacerá medio muerta, es decir, no sólo carente de legitimidad, sino lisa y llanamente repudiada por muchos por ser “más de lo mismo”.

2. El año 2021 será duro por dos razones. La primera, por el impacto de la incerteza sobre las reglas del juego económico propia de un período refundacional como el que se ha abierto. La segunda por la alta probabilidad de que se produzca una segunda oleada de coronavirus al acercarse nuevamente el invierno. Para la clase media implicará un paso más hacia la pérdida definitiva de mucho de aquello que había alcanzado con tanto sacrificio. Para el Estado significará una mayor presión sobre unas cuentas fiscales ya fuertemente apremiadas. Así, la ilusión de un Chile mejor y más próspero se estrellará contra la frustrante realidad de un Chile más pobre, vulnerable y asediado por la enfermedad.

3. Por último tendremos la frustración respecto de todo aquello que potenció tanto las protestas del estallido como el voto por el Apruebo. Me refiero a las demandas en torno a una mejor salud, educación, vivienda, servicios, transportes y pensiones. Nada de ello va a cambiar en el corto o mediano plazo, independientemente de lo que se escriba en la nueva Constitución, lo que volverá a brindarle a los grupos violentistas aquel paraguas de movilizaciones que requieren para poder desplegar a fondo su accionar destructivo. Todo ello aplaudido y utilizado por la izquierda radical y combinado con las contiendas electorales del próximo año.

A lo anterior hay que sumarle un gobierno extraordinariamente debilitado y un parlamentarismo de hecho con conductas altamente irresponsables. Este es el panorama, nada halagüeño, que es posible avizorar hoy. De hacerse realidad, la ilusión constituyente será vista por muchos como una engañifa, un desvío que tramposamente se presentó como un atajo hacia un Chile mejor.

Mauricio Rojas, historiador (El Líbero, 5.11.20; Extracto)

Voces

Economía y Sociedad № 106

Enero - Marzo 2021