Archivo Macrae

Enero-Marzo 2018

Hacia el fin del gobierno

Por  Norman Macrae

[Nota EyS. En 1984, Norman Macrae escribió un libro extraordinario: “El Informe 2024: una historia concisa del futuro entre 1974 y 2024”. Publicamos dos extractos: “1989:  La Carta Borovsky” y “Hacia el fin del gobierno”.

En la década de 1870, el gobierno liberal de Gladstone, absorbía 6% del PIB de Gran Bretaña en una época cuando el Imperio Británico dominaba a una quinta parte del mundo.A fines de la década de los ochenta, el gobierno conservador de Thatcher  absorbía el 44% del PIB. En el futuro, no permitiremos que los políticos gasten tanto de nuestro dinero por nosotros. La tercera revolución del transporte acelerará este proceso de liberación de los gobiernos.

La primera revolución del transporte se remonta a cuando Watt, alrededor de 1870, inventó la máquina de vapor. Rápidamente, las líneas de ferrocarril se expandieron a través de Gran Bretaña. El primer Duque de Wellington, el de Waterloo, advirtió que “estos caballos de acero permitirán que las clases trabajadoras se desplacen”. Antes de esa época, el inglés promedio nunca viajaba a más de seis millas de su lugar de nacimiento. Solo podía trabajar para el caballero o duque local. La segunda revolución del transporte se inició a partir de la década de 1880, cuando dos alemanes, Daimler y Benz, inventaron el motor de combustión interna y, posteriormente, Henry Ford puso a la civilización sobre ruedas. Estas revoluciones cambiaron nuestras vidas.

La tercera revolución del transporte comenzó en la década de 1980 y comprende a las telecomunicaciones aliadas con el computador y la informática. El cambio crucial que introduce es que la mayoría de las personas que realizan trabajo intelectual no van a tener que vivir cerca de sus lugares de trabajo. Estas personas trabajarán en una pantalla de computador y se comunicarán desde sus hogares, en lugares agradables, sin que el costo de esa comunicación dependa de la distancia.

Los trabajadores intelectuales serán la mayoría de los trabajadores que toman decisiones, enviando a todo el mundo desde su teclado no solo instrucciones, sino capital, conocimiento, patentes, cuentas, análisis. En algún momento del siglo que viene, es posible que los trabajadores intelectuales sean la mayoría de todos los trabajadores en las áreas de mayor desarrollo del planeta. Si los políticos tratan de manipularlos o cobrarles impuestos demasiado altos, los trabajadores intelectuales se irán y se telecomunicarán desde alguna isla del Caribe. Los países que decidan tener impuestos demasiado altos o regulaciones demasiado confusas quedarán habitados principalmente por tontos.


Los gobiernos locales

En la era de la telecomunicación, los padres, cada vez con mayor frecuencia, trabajarán desde la casa. Muy similar a como lo hacían al inicio del siglo XX, cuando más del 70% de las familias norteamericanas crecían en granjas. En 2020, la mamá tendrá un trabajo bien pagado en investigación de mercado. Ella se sentará frente a su computador y analizará cifras que provienen via telecomunicación desde distintos lugares del mundo. Ella asesorá a empresas sobre cuáles son las oportunidades de mercado para reabastecer justo a tiempo sus inventarios. Por su parte, el papá quizá tendrá un trabajo más liviano y con menor salario, lo que le permitirá dedicar tiempo para supervisar a sus hijos.

Para 2020 este tipo de comunidades escogerá ser gobernada, por ejemplo, por una compañía de seguros internacional con base en Holanda. Muchas compañías de seguros ofrecerán contratos que dirán más o menos lo siguiente: cobraremos a ustedes estos determinados impuestos, obtendremos con ellos una cierta rentabilidad y, a cambio, les ofrecemos a) servicios ambientales que reciban al menos una calificación “X” de ustedes y de una empresa auditora ambiental que escojamos nosotros; b) un índice de delincuencia que no sobrepase cierto nivel que acordemos y c) varios otros servicios deseados y medibles por ustedes. Si los resultados son inferiores a las metas comprometidas, la compañía de seguros les reembolsará parte de los impuestos pagados.

Habrán estilos de vida caros, otros bastante autoritarios o incluso comunidades hippies. Entre estos extremos habrá muchas versiones alternativas de comunidades gobernadas por compañías de seguros y hasta comunidades raras que prefieran elegir a políticos locales. Algunos  podrían mudarse a Nueva Zelandia o Río de Janeiro o a una de las 13.000 hermosas islas tropicales en que se convertirá Indonesia.

Una desventaja evidente es que las comunidades muy populares no querrán que llegue demasiada gente a vivir en ellas. Por lo tanto, habrá algún tipo de pago por transferencia hacia el lugar de moda y la compañía de seguros propondrá a los actuales residentes algo así como: “tres familias desean integrarse a nuestra comunidad y ofrecen pagar un precio de transferencia que nos permitirá disminuir la tasa actual de impuestos a ustedes y aumentar nuestras ganancias”. Por cierto, otras comunidades buscarán a nuevos miembros, y quizá ofrezcan pagar para aumentar su población, porque no serán viables en su tamaño actual.

Para Segunda Lectura
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