Tribuna

Octubre - Diciembre 2018

Gini: de 0,58 a 0,35

Por Rolf Lüders, ex ministro de Hacienda y profesor de Economía, Universidad Católica de Chile

Es imposible negar el notable crecimiento económico de Chile a partir de las reformas económicas y sociales iniciadas en la segunda mitad de los años 70, tal como la correspondiente reducción en la pobreza. Tanto así que, después del mediocre comportamiento de post-guerra, el país lidera ahora a América Latina en términos del PIB por persona y Chile ya tiene la tasa de pobreza más baja de América Latina (8,6%) después de Uruguay. ¿Y qué sucede con la distribución del ingreso y con la movilidad social?

Claudio Sapelli, destacado economista de la Universidad Católica de Chile, publicó la segunda edición del libro “Chile ¿más equitativo?: Una mirada distinta a la distribución del ingreso, la movilidad social y la pobreza en Chile” (Ediciones UC, Noviembre 2016) con los resultados de la más completa y profunda investigación hecha hasta ahora en Chile sobre desigualdad de ingresos y movilidad social. Sus tres conclusiones: 

1) Entre 2000 y 2013, medida por el índice Gini, la desigualdad en Chile se redujo un 14%, de 0,58 a 0,50.

2) La desigualdad continuará bajando a 0,35, incluso menor a 0,49 de los Estados Unidos (2010), porque las nuevas generaciones tienen un coeficiente de desigualdad mucho menor que las generaciones antiguas, y

3) La movilidad social es también alta en Chile, superior a la de Estados Unidos, tanto dentro de una misma generación como entre generaciones de padres e hijos. Es decir, Chile es un país de oportunidades.

Lo que se haga o se deje de hacer en los próximos años en materia de políticas públicas, determinará si el desarrollo del país se aborta -como ha sucedido con decenas de países que alcanzaron niveles de PIB per cápita similares al nuestro y luego sufrieron el síndrome de los países de ingresos medios- o si, en cambio, pasamos a formar parte del puñado de países desarrollados. El libro de Claudio Sapelli es una rica fuente de consulta sobre conceptos, diagnósticos y datos en materia de la dinámica social en Chile.

Sapelli aplica una interesante técnica -análisis de cohortes (generaciones)- a una diversidad de datos históricos y logra, por ejemplo, determinar la distribución del ingreso para cada una de las generaciones, medida por el coeficiente Gini, en el año de la base de los datos de que dispone. Utilizando datos de las encuestas CASEN, calcula la evolución de la distribución de ingreso de las diferentes generaciones, una por cada año, comenzando por aquellas que nacieron a comienzos del siglo XX. 

En base a este análisis pronostica, con algunos supuestos adicionales, la evolución futura del Gini.  Esto lo puede hacer porque el Gini de Chile en 2013 es el promedio ponderado del Gini de las diferentes generaciones. Y el Gini de 2014 será el Gini de 2013 ajustado por el efecto sobre ese coeficiente de las diferencias en la distribución del ingreso de las generaciones que salen y entran.

¿Cómo explica Sapelli las distribuciones del ingreso de cada una de las generaciones futuras? Lo hace relacionando los ingresos de las personas con sus años de educación y experiencia, además de las rentabilidades de cada uno de esos factores. Los resultados que obtiene Sapelli son muy interesantes. Desde luego, explica la evolución histórica del coeficiente Gini agregado a nivel país, incluyendo que entre 2000 y 2013 se redujo significativamente de 0,58 a 0,50.

Más aún, utilizando la lógica de su modelo explicativo es posible pronosticar  que el Gini agregado a nivel país seguirá disminuyendo, porque las nuevas generaciones tienen un Gini mucho menor que las salientes. Hacia adelante, cabe esperar un valor de 0,35, con lo que Chile tendría un índice más bajo que el de 0,49 de los Estados Unidos (2010).


Sapelli mide también las movilidades intra e intergeneracional en el país. Si esas movilidades son relativamente elevadas, el país se beneficia de un sistema económico-social en que los pobres tienen una buena posibilidad de ser más ricos o incluso ricos, al mismo tiempo que estos últimos corren el riesgo de perder su lugar de privilegio, sugiriendo la existencia de un grado razonable de igualdad de oportunidades.

La movilidad intrageneracional mide -para la población clasificada por deciles de ingresos- la relación existente entre el nivel relativo de los ingresos de esas personas en un período inicial y aquél, por ejemplo, cinco años después. Si las personas que están en el primer decil en el período inicial permanecen en el mismo decil cinco años después, no habría movilidad social alguna. Si en cambio algunos pasaron al segundo decil, otros al tercer decil y, así sucesivamente, habría movilidad, la que se puede transformar en un índice. De acuerdo a cálculos presentados por Sapelli, entre 1996 y 2001, el índice en Chile medido por el método de Bartholomew fue de 1,92, comparado con 1,67 y 1,76 para Estados Unidos y Alemania, respectivamente. O sea, Chile tiene un alto nivel de movilidad intrageneracional, mayor incluso que el de Estados Unidos y Alemania.

La movilidad intergeneracional corresponde al lugar que los padres tienen en relación a los hijos en materia social. Una forma de estimar esta movilidad consiste en calcular el coeficiente de correlación de los años de estudio de padres e hijos. Si padres e hijos tienen los mismos años de estudio la correlación será igual a uno, valor que uno esperaría encontrar en una sociedad en que no hay movilidad social alguna (aunque también se da en una sociedad muy desarrollada en que todos llegan a tener el máximo nivel de educación, pero no es el caso de Chile). En nuestro caso, este coeficiente tuvo un valor de 0,67 en el año 1930 y ha disminuido hasta estabilizarse en 0,41. Datos recientes comparables para Estados Unidos estiman esta correlación en 0,46. O sea, Chile tiene también una elevada movilidad social, superior incluso a la de Estados Unidos.

Esta última movilidad se da también en el decil de los más pobres. La pobreza es un problema aún más grave si afecta siempre a las mismas personas. Pero en Chile, también en este sector hay movilidad social, lo que reduce su gravedad: en efecto, el 70 por ciento de los más pobres permanece en esa condición solo transitoriamente mientras, por ejemplo, están en búsqueda de un nuevo empleo o tienen un período de ingresos muy bajos o negativos en algún trabajo independiente.

Concluyo con que esta segunda edición actualizada y ampliada del libro de Claudio Sapelli sobre la distribución del ingreso y la movilidad social en Chile confirma los resultados de la primera. 

Chile es un país de una movilidad social relativamente elevada -es decir, es un país de oportunidades- y la distribución del ingreso ha mejorado en forma significativa. De acuerdo a Sapelli, lo más probable es que la desigualdad siga reduciéndose hasta llegar a niveles similares a la media de los países de la OECD. 

Estos resultados invitan al optimismo en materia de equidad en Chile y son absolutamente contrarios a la percepción generalizada existente al respecto en la población. 

Más aún, al escribir el libro, todavía no se habían dado a conocer los resultados de la CASEN 2015. De acuerdo a los datos de ella, la desigualdad en Chile ha seguido disminuyendo.

Invito a los lectores a leer el libro de Sapelli, incluyendo su capítulo final, que es de política económica. Allí sostiene que aún es posible mejorar en el país los indicadores de equidad económico-social, acrecentando la calidad y cobertura de la educación. Pero subraya que el énfasis hay que ponerlo en el nivel de educación pre-escolar y escolar, de modo de aumentar los retornos a la educación y asegurar la posibilidad de acceso exitoso a la educación terciaria.

También propone reemplazar parte importante del frondoso conjunto de programas sociales existente en Chile, por un sistema diferente que se conoce como un impuesto negativo sobre el ingreso (es decir, un subsidio a los más pobres). Este sistema evitaría también el desincentivo del actual esquema de apoyo social a que las personas que reciben ayuda del Estado se esfuercen por obtener ingresos propios.

Para Segunda Lectura