Tribuna

Enero - Marzo 2019

Benjamin Franklin y la capitalización

(Nota EyS. Este es un extracto del notable testamento que hizo en 1757 Benjamin Franklin, inventor, diplomático, científico y uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos. Decimoquinto de una familia de diecisiete hermanos, Franklin nació en Boston en 1706. Aunque solo pudo asistir a la escuela básica por un tiempo limitado, fue educado en las virtudes de la laboriosidad, el aprovechamiento del tiempo y la búsqueda de la excelencia. Fue considerado el “Primer Norteamericano” por proponer en 1754, 22 años antes de la independencia, un plan de unión de las 13 colonias; por  su ardorosa defensa de las colonias ante el parlamento inglés que impuso impuestos a las estampillas y a otros bienes consumidos profusamente por los norteamericanos; por su participación en el comité al cual Jefferson presentó la Declaración de Independencia y por su decisiva participación en el Congreso Continental que redactó la Constitución de los Estados Unidos. Durante su estadía como embajador de los nacientes Estados Unidos en Francia, aseguró el apoyo de ese país el cual fue decisivo para derrotar finalmente a Inglaterra en la guerra por la independencia norteamericana. Fundó la Universidad de Pensilvania, escribió el famoso almanaque Poor Richard’s Almanac que publicó por 25 años e inventó el pararrayos, el odómetro, el horno, la armónica, los anteojos bifocales, entre muchos otros que lo convirtieron en el más famoso y respetado norteamericano  en las cortes europeas.  Como se muestra en este extracto de su testamento, fue también un estudioso de las finanzas y utilizó en su testamento el inmenso poder del interés compuesto en la capitalización de los ahorros).  

Nací en Boston, y debo mi inicial instrucción literaria a las escuelas públicas de primera enseñanza establecidas allí. Por tanto, en mi testamento he tenido en cuenta a esas escuelas. Considero que, entre los artesanos, son los buenos aprendices los más idóneos para hacerse buenos ciudadanos. 

Quiero ser útil incluso después de mi muerte, si ello es posible, para la formación y el progreso de otros jóvenes que puedan ser útiles a su país, tanto en Boston como en Filadelfia. 

A tal fin dedico dos mil libras esterlinas, de las cuales doy mil a los habitantes de la ciudad de Boston en Massachusetts, y las otras mil a los habitantes de la ciudad de Filadelfia, en fideicomiso y para los usos, intereses y propósitos aquí mencionados y declarados.

Si este plan se ejecuta y realiza como se ha proyectado durante cien años sin interrupción, la suma será entonces de ciento treinta y una mil libras, de las cuales nombro administradores de la donación a los habitantes de la ciudad de Boston, que pueden gastar a su discreción cien mil libras en obras públicas. 

Las treinta y una mil libras restantes se pondrán a interés de la manera indicada anteriormente durante otros cien años. Al final de este segundo período, si ningún accidente desafortunado ha estorbado la operación, la suma será de cuatro millones sesenta y una mil libras".


(Nota EyS. Franklin no se desvió mucho en sus cálculos. En Boston, las mil libras se habían convertido en unas 90.000, en lugar de las 131.000 previstas. En 1990 la suma acumulada de este fondo en Filadelfia, que ascendía a 2 millones de dólares, se utilizó para becas de estudiantes locales de secundaria. Con la suma de 5 millones de dólares acumulada en el fondo en Boston, se creó el Instituto de Tecnología “Benjamin Franklin” de esta ciudad).