Editorial

Economía y Sociedad № 106
Enero - Marzo 2021

Filadelfia, una Convención exitosa

Cuando en mayo/junio se instalen en la antigua sede del Congreso Nacional en Santiago los 155 Convencionales Constituyentes para redactar una nueva Constitución para el país, será clave iluminar su organización y sus debates con ejemplos de Convenciones exitosas.

La Convención de Filadelfia, con rigurosos procedimientos y con una impecable organización,  redactó en solo 100 días de 1787 la Constitución de los Estados Unidos, la república más exitosa de la historia.

La Convención se instaló en la sede del Congreso de Pensilvania en Filadelfia. Comenzó el 14 de mayo de 1787, con la llegada de los primeros delegados, y terminó el 17 de septiembre del mismo año, con la firma de la nueva Constitución.

El objetivo era decidir cómo serían gobernados los Estados Unidos. El método fue modificar y mejorar los entonces vigentes Artículos de la Confederación. James Madison y Alexander Hamilton pensaban que -después de lograr la independencia- los Estados Unidos iniciaban una etapa nueva y distinta que ameritaba una nueva y distinta forma de gobierno.

De los 13 Estados, 12 designaron a 70 delegados para participar en la Convención aunque solo 55 asistieron. Rhode Island fue el único Estado que inicialmente no participó aunque finalmente adoptó la nueva Constitución.

Por unanimidad los delegados eligieron como presidente de la Convención a George Washington quien, después de la victoria en la guerra por la independencia, había renunciado al cargo de comandante en jefe y se había retirado a la vida privada.

El resultado de la Convención fue la Constitución de los Estados Unidos. Pero no fue fácil. El proceso de redactarla fue complejo y profundo. Los delegados querían que la ley suprema de los Estados Unidos fuera perfecta.

Durante los primeros dos meses de la Convención se sucedieron intensos debates sobre los 15 puntos claves del Plan Virginia que contenía la propuesta constitucional de Madison. El “Committee of the Whole”, encargado de acordar los grandes temas que incluiría la Constitución, no logró ningún acuerdo.
Por ello, el 24 de julio, la Convención creó el “Comité de Detalle” para redactar la Constitución. El Comité lo presidió John Rutledge, quien después sería presidente de la Corte Suprema, y lo integraron, entre otros, Edmund Randolph, Oliver Ellsworth, James Wilson y Nathaniel Gorham. Tiempo después, Randolph sería el primer Fiscal General y Ellsworth y Wilson serían jueces de la Corte Suprema.

El “Comité de Detalle” se abocó a redactar la Constitución utilizando como antecedentes los propios Artículos de la Confederación que se querían sustituir, así como algunos puntos del Plan Virginia de Madison y algunas de las propuestas aprobadas en las sesiones plenarias de la Convención.

Entre el 6 de agosto y el 10 de septiembre, la Convención revisó artículo a artículo, cláusula a cláusula, para aprobar cada una. El 10 de septiembre la Convención aprobó el borrador final.

El 17 de septiembre, con la firma de 39 de los 55 delegados, fue acordada la Constitución y debió ser propuesta a los Estados para que fuese ratificada por al menos 2/3 de ellos, es decir, por 9 de los 13 Estados. La Constitución fue finalmente ratificada por los 13 Estados, siendo el último de ellos Rhode Island el 29 de mayo de 1790.

Al término de la Convención, cuando Franklin salía del Salón de la Independencia donde se firmó la Constitución, la señora del Alcalde de Filadelfia le preguntó: “Señor Franklin, ¿Qué país tendremos, una República o una Monarquía?”.  Benjamín Franklin le respondió: “Una República, señora, siempre que sean capaces de mantenerla”.

La Carta Fundamental de 1787 logró incluir el concepto clave de Jefferson en la Declaración de Independencia de 1776: “Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados” .

La esencia de la Constitución de Estados Unidos es, entonces, la fuerte y clara limitación al poder del Estado sobre los ciudadanos. Si esta misma idea permea todo el trabajo de la Convención de Santiago, habrá una buena Constitución y un mejor país.