Dossier Estados Unidos 

Economía y Sociedad № 90
Febrero - Abril 2017

Estados Unidos puede crecer al 4%

Por Richard Rahn, economista norteamericano

La buena noticia para 2017 es que, en los próximos años, Estados Unidos puede crecer al 4% o más. Algunos insisten que el promedio de crecimiento anual de 2% que Estados Unidos ha tenido en los últimos siete años, es la “nueva normalidad” y que sólo nos queda acostumbrarnos. Este bajo crecimiento estancó el nivel de ingresos y llevó a decenas de millones de trabajadores al desempleo o subempleo.

Se argumenta que el envejecimiento de la fuerza de trabajo y la lentitud del crecimiento de la productividad significa que retomar el camino del alto crecimiento es casi imposible. La mayoría de los políticos no puede imaginar las enormes ganancias de productividad que tienen las personas como consecuencia de un mejoramiento de los incentivos. 

 

Afortunadamente, orientar a Estados Unidos hacia el alto crecimiento significa aplicar políticas que ya conocemos y que las hemos utilizado en algunos momentos de las últimas cuatro décadas. Específicamente, eliminar regulaciones que no cumplen con un estándard real y objetivo de costo versus beneficio; reducir las tasas de impuestos a niveles que sean competitivos internacionalmente y que no continúen destruyendo los incentivos económicos (es decir, tasas de impuesto corporativas y de ganancias de capital no superiores a 15%); y restringir el gasto del Estado sólo a aquellos aspectos que claramente la Constitución  permite y que cumplan con un estándard exigente de costo-beneficio.  Siendo realistas, dada la naturaleza de nuestro sistema político, no todo esto se completará en el período presidencial de Trump, pero ya avanzar en este camino, producirá enormes beneficios a los norteamericanos. 

 

En 1980, el entonces candidato presidencial, Ronald Reagan, propuso realizar casi exactamente lo mismo, en un momento en que los Estados Unidos sufrían un período de estancamiento económico, con alta inflación.  En 1981, fui uno de los economistas que defendió el programa de Reagan en el Comité de Presupuesto de la Camara de Representantes, en contra de economistas keynesianos que señalaban que esas tasas de crecimiento no eran posibles de alcanzar ni eran compatibles con una menor tasa de inflación. En 1983, el primer año de implementación completa de la “Reaganomics”, la economía norteamericana creció rápidamente por los siguientes siete años, sobre 4% promedio anual, superior incluso a las propias proyecciones del equipo de Reagan.

 

En 1996, el Presidente Clinton acordó con el Congreso dominado por los republicanos y liderado por Newt Gingrich, legislar una menor tasa de impuesto a las ganacias de capital y un congelamiento de la tasa real de incremento del gasto del gobierno, permitiendo que la economía nuevamente creciera a una tasa anual superior al 4% por los siguientes cinco años.

 

Lo que es necesario hacer para revivir la economía es bien sabido, pero supone poseer una enorme voluntad política para resistir las presiones de aquellos que han promovido regulaciones, impuestos y gastos desmedidos. 

 

Algunos tratarán de sabotear la propuesta de reducir las tasas de impuestos, exagerando el incremento en el déficit que podrían causar. Es verdad que las reducciones en las tasas de impuestos incrementarán el déficit en el corto plazo, pero estructuradas adecuadamente, y si el incremento del gasto del gobierno se mantiene inferior a la tasa real de crecimiento económico, el deficit disminuirá en el largo plazo como porcentaje del PIB. 

 

Las reducciones de impuestos de Reagan demoraron siete años en “pagarse por sí mismas”, el mismo tiempo que tomó el que la “torta” económica creciera lo suficiente para que el gobierno recibiera, incluso, más ingresos por impuestos, aún cuando su participación en la economía era menor.  Y las reducciones de impuestos resultaron en mucho mayor empleo, en mayores salarios reales y, lo más importante, en mayor libertad.