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Viktor Frankl,

"El hombre en busca de sentido"

(Extracto realizado por Economía y Sociedad del libro “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl, exprofesor de psiquiatría de la Universidad de Viena. Este libro, publicado originalmente en 1946, ha sido declarado por la Biblioteca del Congreso en Washington como uno de los diez libros más influyentes de Estados Unidos).

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No hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aún en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido.

 

Hay mucha sabiduría en Nietzsche cuando dice: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.   

 

Los campos de concentración nazis fueron testigos de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba una tarea por realizar. Cuando fui internado en el campo de Auschwitz me confiscaron un manuscrito listo para su publicación. No cabe duda de que mi profundo interés por volver a escribir el libro me ayudó a superar los rigores de aquel campo. Por ejemplo, cuando caí enfermo de tifus anoté en míseras tiras de papel muchos apuntes con la idea de que me sirvieran para redactar de nuevo el manuscrito si sobrevivía hasta el día de la liberación. Estoy convencido de que la reconstrucción de aquel trabajo que perdí en los siniestros barracones de un campo de concentración bávaro me ayudó a vencer el peligro del colapso. 

 

Puede verse, pues, que la salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que se debería ser. Esta tensión es inherente al ser humano y por consiguiente es indispensable al bienestar mental.

 

No debemos, pues, dudar en desafiar al hombre a que cumpla su sentido potencial. Solo de este modo despertamos del estado de latencia a su voluntad de significación. Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que el hombre necesita ante todo equilibrio o, como se denomina en biología “homeostasis”; es decir, un estado sin tensiones. 

 

Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando a que él lo cumpla.

 

Siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, precisamente entonces se le presenta la oportunidad de cumplir uno de los sentidos más profundos de la vida, cual es el del sufrimiento. 

 

Citaré un ejemplo muy claro. En una ocasión, un viejo doctor en medicina general me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas. ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle? Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le espeté la siguiente pregunta: “¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?” “¡Oh!”, dijo, “¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!” A lo que le repliqué: “Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte”. No dijo nada, pero me tomó la mano y, quedamente, abandonó mi despacho.

 

El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio. 

 

Durante mucho tiempo la psiquiatría ha tratado de interpretar la mente humana como un simple mecanismo y, en consecuencia, la terapia de la enfermedad mental como una simple técnica. Me parece a mí que ese sueño ha tocado a su fin. Lo que ahora empezamos a vislumbrar en el horizonte no son los cuadros de una medicina psicologizada, sino de una psiquiatría humanizada. 

 

El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser -dentro de los límites de sus facultades y de su entorno- lo tiene que hacer por sí mismo.

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