Tribuna

Economía y Sociedad № 106

Enero - Marzo 2021

El peligro de la Nueva Izquierda

Por John Cochrane, senior fellow Hoover Institution Stanford University


(Discurso en la reunión de la Mont Pelerin Society, 28.2.20; Extracto)

El programa de la izquierda en el mundo incluye todas las políticas que han fracasado una y otra vez en desarrollar a los países. La gratuidad universitaria. El control estatal de la salud. La expansión de los empleos estatales. Las limitaciones estatales a la libre contratación, los despidos y la fijación de los salarios. Los aumentos de impuestos a las empresas y a las personas.

La respuesta de quienes creemos en el libre mercado y en la prosperidad, ha sido clara en explicarles, también una y otra vez, que sus políticas fracasan, entre múltiples razones, porque al no incluir los incentivos de mercado correctos, provocan una avalancha de consecuencias no deseadas que terminan dañando a las propias personas a las que supuestamente se quería ayudar.

Pero la izquierda no escucha. Parece que estamos cometiendo el error de asumir que ella persigue el mismo objetivo que nosotros de lograr una sociedad libre y próspera y que quizá no entendió las lecciones de la historia.

¿Pero qué ocurre si el objetivo de la izquierda es diferente? Si analizamos los contenidos de su programa, todos ellos involucran una fuerte intromisión del Estado en la economía y en la sociedad.

Así, la única explicación de la persistencia de la izquierda en políticas que fracasan es que su aplicación le otorga un enorme poder político si controla el gobierno. Además, la promoción de estas políticas es atractiva para los electores con lo cual son también una forma de alcanzar el poder.

Para ello promueve una narrativa basada en la culpa del “pecado social” que se deriva de un supuesto conflicto entre el bien y el mal social: nuestro sistema económico y nuestro sistema político estarían dominados por monopolios y por elites que se alimentan a costa de los desempleados y los desposeídos.
Para lograr la apariencia de virtud, los empresarios y todos los supuestos culpables, deben adoptar y promover el lenguaje políticamente correcto, que en realidad no dice nada, pero que repetido mil veces adquiere un sentido de redención de la culpa.

Con este discurso políticamente correcto, la izquierda está controlando las universidades, las organizaciones no gubernamentales, la prensa, las organizaciones internacionales y la burocracia estatal, especialmente a los empleados públicos de la salud y a los profesores. Quienes representan las ideas de la libertad son individuos a los que hay que silenciar.

No podemos confiar en que el Estado de Derecho sobrevivirá independientemente de la cantidad de normas que se rompan, que no se respeten, que se ignoren. Este culto a lo políticamente correcto, que desprecia nuestra historia y nuestros valores, debilita nuestras defensas y lleva a muchas personas al error de pensar que no vale la pena defender nuestra república.

No enfrentamos un socialismo de salón, romántico. Enfrentamos a una nueva izquierda, diferente. Una que no comparte nuestros objetivos de una sociedad libre y próspera que promueva la libertad de los individuos para crear, sino a aquella con una férrea y fanática voluntad política para capturar y expandir el poder del Estado en perjuicio de nuestras libertades.