Tribuna

Abril-Junio 2018

El otro delirio de Bolívar

Por José Piñera, director de Economía y Sociedad

Simón Bolívar fue el más grande de los libertadores de América del Sur y sin duda un hombre excepcional. Sus proezas guerreras fueron extraordinarias y su dedicación y persistencia en su causa fue un elemento determinante para lograr la independencia del imperio español. Su notable intuición se demuestra en esta notable afirmación: “Si hay una república americana destinada a perdurar, me inclino a pensar que será Chile” (Carta de Jamaica, 1815). Quien lee el sorprendente texto que publicamos en esta edición,  “Mi delirio sobre el Chimborazo” , puede también pensar que Bolívar es el verdadero padre del “realismo mágico” en literatura, un precursor, un siglo y medio antes, de Gabriel García Márquez. 

Sin embargo, Bolívar fracasó como fundador de las nuevas repúblicas. En 1826, en los mismos días en que John Adams y Thomas Jefferson morían legando sólidos fundamentos constitucionales y filosóficos a Estados Unidos, Bolívar -concluida su tarea militar tras liberar a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y crear Bolivia- le escribe al general Santander, desde la quinta de Magdalena en Lima, que “solamente un hábil despotismo puede regir a la América”  (8 de Julio, 1826).

El mismo Bolívar redactó una Constitución para Bolivia, que pretendió convertirla en un modelo para “toda América”, y propone “un presidente vitalicio, con derecho para elegir su sucesor, pues es la inspiración más sublime en el orden republicano”. Pero no es todo. Aboga por un Senado hereditario y por unos Censores con la responsabilidad de ejercer “una potestad política y moral que tiene alguna semejanza con la del Areopago de Atenas y los Censores de Roma”. Con razón él mismo en su Mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia se declara “sobrecogido de confusión y timidez” para sentar las bases cardinales y las reglas de conducta en un Estado de derecho. Sin embargo, lo intenta.

También son equivocadas las ideas de Bolívar sobre el rol del Estado en una sociedad. Navegando por el caudaloso Orinoco, ya había dictado lo siguiente para su famoso Discurso ante el Congreso de Angostura (15 de Febrero, 1819): “¿Quién puede resistir el imperio de un Gobierno Bienhechor, que con una mano hábil, activa y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social?”.

Aquí Bolívar anticipa el Estado omnipresente del siglo 20.  Recordemos que Bolívar fue discípulo de Rousseau, como lo fue también su tutor Simón Carreño Rodríguez, quien lo llevó a Europa a completar su educación.

¡Qué distinta es esta “mano hábil, activa y poderosa” de Bolívar que pretende dirigir “siempre” y “en todas partes” sus resortes (el uso de la fuerza) “hacia la perfección social” (definida por ¿quién y cómo?), a la “mano invisible” de Adam Smith!

¡Qué abismo entre estos postulados, y aquellos de los Padres Fundadores de Estados Unidos que, inspirados en John Locke y Adam Smith, sostenían que los gobiernos se instituyen entre los hombres sólo para asegurar sus derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad!