Tribuna

Abril - Junio 2020

El éxito de Nueva Zelandia

Por Miguel Cervantes, economista y Víctor Becerra, periodista

Hasta 1984 la economía de Nueva Zelandia era mediocre, sobreregulada y empobrecida por un Estado interventor. Para proteger a los ferrocarriles, el gobierno prohibía transportar mercadería en camiones por más de 200 kilómetros. Para importar se requería permiso del gobierno. Los neozelandeses que viajaban al extranjero debían presentar los pasajes al gobierno para que éste autorizara la cantidad de dólares que podían comprar. El intervencionismo estatal estancó a Nueva Zelandia.

 

En las elecciones de 1984 fue derrotado el Partido Nacional y asume el Partido Laborista. Bajo el liderazgo del ministro de Hacienda, Roger Douglas, se iniciaron reformas radicales ancladas en la libertad económica que aumentaron 3,3 veces el PIB per cápita, desde $12.000 dólares en 1984 a $40.000 dólares en 2018. Un cambio ilustrativo fue la abolición de los subsidios por oveja. Los agricultores subsidiados pastoreaban en tierras no apropiadas para ello con lo cual las ovejas no engordaban lo suficiente. El subsidio estatal, que representaba el 40% de los ingresos de los agricultores, alimentaba su ineficiencia. Al perder el ingreso estatal, los ganaderos empezaron a pastorear las ovejas en tierras propicias. Al liberarse las tierras no adecuadas al pastoreo, Nueva Zelandia descubrió una nueva vocación: el vino. Por otra parte, Douglas abolió unilateralmente los aranceles y terminó con los controles de compra y venta de divisas. Así, Nueva Zelandia se convirtió en líder mundial en la exportación de productos lácteos, cordero y lana.

Según el ranking de libertad económica del Instituto Fraser, Nueva Zelandia es hoy la tercera economía más libre del planeta, con un puntaje de 8,5 de un total de 10, después de Hong Kong y Singapur, con un 8,9 y 8,7, respectivamente. El ranking se construye otorgando todos los años puntaje a cada país en los cinco componentes de la libertad económica: tamaño del gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, política monetaria, libertad de comercio y regulaciones crediticias, laborales y empresariales.


Tamaño del gobierno. Nueva Zelandia subió el puntaje de 3,8 en 1980 a 6,6 en 2018. Los subsidios estatales, como porcentaje del PIB, cayeron desde 22% en 1980 a 14% en 2018. Las empresas del Estado disminuyeron su importancia en la economía al reducirse la inversión estatal de 31% del PIB en 1980 a 18% en 2018. El gobierno redujo la tasa de impuesto a la renta a las personas desde 61,5% en 1980 a 33% en la actualidad.

Sistema legal y derechos de propiedad. Subió de 8,0 en 1980 a 8,6 en 2018. El Estado de Derecho neozelandés protege y promueve los derechos de propiedad y los diferendos entre particulares se resuelven en plazos perentorios.

Política monetaria.  Aumentó de 6,3 en 1980 a 9,5 en 2018. La inflación se redujo notablemente desde 15,4% en 1980 a solo 1,7% en 2018. Hoy hay plena libertad para transar monedas extranjeras.

Libertad de comercio. Creció desde 7,6 en 1980 a 8,6 en 2018. Nueva Zelandia redujo los aranceles desde 13% al 2% y disminuyó los controles de capital.


Regulaciones. Se incrementó desde 6,3 en 1980 a 9,1 en 2018. El acceso al crédito creció por la retirada del Estado que controlaba el 40% en 1980. Ya no hay bancos del Estado y los bancos privados compiten por otorgar crédito. El mercado laboral es muy flexible para contratar y despedir. Los contratos laborales son a nivel de empresa y no hay restricciones a las horas de trabajo, por lo cual los neozelandeses tienen libertad de elegir su horario, sus horas extra y los días de trabajo, incluyendo fines de semana, feriados y trabajo nocturno.

Nueva Zelandia disfruta hoy de una economía de mercado libre, próspera y desarrollada, con ciudades que están entre las de mejor calidad de vida del mundo. Esto fue posible gracias a que transitó desde una economía estatista protegida a una economía libre, abierta al mundo y a la modernidad. Nueva Zelandia es otra historia de éxito de la libertad.