Tribuna Chile 

Noviembre 2016 - Enero 2017

El costo de las retroexcavadoras

Por Jose Luis Daza, economista y Director de QFR Capital Management en Nueva York.

En Julio de este año dí una extensa entrevista al "Diario Financiero", en la cual expresé mi profunda inquietud por el estancamiento del crecimiento en Chile y por sus graves consecuencias. Desde entonces, no se ha rectificado el rumbo, sino que incluso se desató una demagógica e ignorante campaña contra el exitoso sistema de pensiones chileno y se abrió la Caja de Pandora de un "proceso constituyente" cuyo destino nadie conoce. Por eso, siento el deber de reiterar los planteamientos hechos en esa entrevista y ampliarlos en este artículo para el primer número de la revista "Economía y Sociedad".

 

Siguiendo la declarada intención expresada por el senador Quintana, presidente del PPD, de utilizar "retroexcavadoras", la Presidenta Michelle Bachelet está en proceso de destruir la esencia del sistema económico más exitoso de nuestra historia. Un sistema que convirtió a Chile en la sociedad más avanzada de América Latina y que en las últimas tres décadas hizo de nuestro país uno de los ejemplos más destacados de progreso económico y social en el mundo occidental.

 

En 1985 el ingreso per cápita de Chile era inferior al de Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela  y apenas algo más de la mitad del ingreso per cápita de Argentina.  Hoy Chile lidera al continente en ingreso per cápita. 

 

Pero los logros más espectaculares se pueden ver en indicadores sociales: Chile lidera el continente en expectativas de vida al nacer, tiene el menor índice de mortalidad infantil y destacan sus índices de acceso de la población al agua potable, alcantarillado y a educación. Chile también lidera al continente en tasa de alfabetización, en los resultados de la prueba de evaluación de niños de 15 años (PISA) e incluso destacan sus tasas de graduación de educación media y universitaria.

 

Más notable aún son los logros en materia de reducción de la pobreza. Hoy, la pobreza en Chile es la más baja del continente y es casi un tercio de la pobreza de nuestros históricamente ricos vecinos. Y, desafiando la tendencia mundial, en forma sostenida Chile ha mejorado la distribución del ingreso, como lo demuestra la evolución del indice de Gini que en 1987 era de 56.2 y que bajó a 49.5 en el 2015.

 

En el fondo, las reformas del gobierno Bachelet son un ejemplo de las prácticas autodestructivas del continente. Hay consenso entre los economistas de todo el mundo que, para crecer, los países necesitan altas tasas de ahorro e inversión, mercados abiertos, flexibles, no distorsionados y un marco regulatorio simple que facilite el desarrollo del sector privado. El ciclo económico global era malo y Chile iba a crecer menos. Pero este gobierno agravó la situación con reformas anti ahorro, anti inversión y un discurso extremo anti sector privado escondido en el caballo de Troya de que "el lucro es perverso".  Tenemos por delante años de frustración, de estancamiento de empleos y salarios, y de conflictividad, asociados al bajo crecimiento económico.

 

La implementación de las reformas fue amateur, pero desde mi perspectiva su importancia es de segundo orden. El problema fundamental es ideológico, de diseño, de ignorancia de sistemas complejos, ignorancia de economía moderna. Destaca la pobreza intelectual y obsolecencia de las ideas que sustentan las reformas. Lo que ocurrió en materia de crecimiento fue advertido por economistas antes de que el gobierno asumiera, pero la mayor parte de ellos fueron acusados de alarmistas. Los resultados eran inevitables y están a la vista.

 

La Presidenta puede tener muy buenas intenciones. Pero como dice el refrán “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Chávez y Maduro proclamaron también su objetivo de mejorar el ingreso de los trabajadores, mejorar la salud y alimentación de la población. Pero hoy, al tipo de cambio de mercado, el salario mínimo en Venezuela es de apenas 15 dólares al mes; los hospitales se han derrumbado sin medicinas, sin agua, sin electricidad y la gente lucha en las calles por tener alimentación. Venezuela vive un infierno a pesar de las buenas intenciones. Algo similar, aunque claramente de diferente magnitud, sucedió en Brasil y Argentina.

 

Introducir elementos de un discurso pro crecimiento es irrelevante si no va acompañado de medidas que ayuden a generarlo. La Presidenta dice que su foco es el crecimiento pero simultáneamente aprueba una reforma laboral claramente anti crecimiento. Una reforma que va contra la modernidad, la revolución tecnólogica y las tendencias en el mundo.

 

En los últimos 400 años, el mundo progresó precisamente por el avance del conocimiento, su aplicación práctica y el avance en especialización. Ignorar el conocimiento no es una buena fórmula para progresar en ninguna área de la vida. Desde Galileo hasta ahora ha existido una tensión entre los especialistas y gente ignorante en la materia en cuestión, muchas veces alineadas con creencias populares. Bachelet es la única Presidenta en Chile en décadas que, al hacer reformas, ha desoído sistemáticamente al conocimiento especializado y ha seguido dictámenes ideológicos y de grupos de presión.

 

Por último, quiero hacer una advertencia: mientras no se aclare el tema constitucional, la inversión no se va a recuperar en forma sostenida y el crecimiento seguirá bajo. La teoría moderna de inversiones es muy clara en esta área; sabemos modelar cómo la incertidumbre afecta la inversión. Mientras no se aclaren las reglas en que operará la sociedad, la inversión difícilmente se va a recuperar. No soy optimista. Tenemos por delante la madre de todas las retroexcavadoras: la constitucional.