Tribuna

Enero-Marzo 2018

EE.UU. desata competencia por bajar impuestos

Por Ian Vásquez, Director del Centro para la Libertad y Prosperidad Global, Instituto Cato 

La reforma tributaria aprobada por el Congreso de Estados Unidos reduce la tasa de impuestos a las empresas de 35% a 21%. El “Tax Cuts and Jobs Act” de 2017 promoverá una competencia internacional por bajar impuestos, lo que generará un círculo virtuoso que podría beneficiar a millones de personas alrededor del mundo.

 

Estados Unidos tenía la tasa de impuestos corporativa más elevada del mundo desarrollado. Por ejemplo, la tasa de impuesto promedio a las empresas en Europa es de 18%. La competencia tributaria disciplina a los políticos y a los gobiernos, cuyos incentivos naturales siempre los llevan a gastar cada vez más dinero. El gasto público y la deuda en los países ricos y en buena parte del mundo en desarrollo se han disparado muy por encima del punto óptimo para lograr un alto crecimiento y financiar las funciones básicas del Estado.

En la medida en que países de gran importancia reduzcan sus altos impuestos, otras naciones se verán obligadas a disminuirlos, si es que quieren mantener sus fuentes de riqueza y estimular el crecimiento. Ocurrió así hace más de tres décadas cuando, bajo Ronald Reagan, Estados Unidos bajó la tasa de impuesto a la renta de 70% a 28%, y cuando el Reino Unido, bajo Margaret Thatcher, hizo algo semejante. A raíz de estas reformas impositivas en ambos países, los impuestos alrededor del mundo cayeron notablemente. Lo mismo ocurrió con los impuestos a las empresas que bajaron en todo el mundo desde 39% en 1980 a 23% en la actualidad.

Zhu Guangyao, viceministro de Finanzas de China, país clave para el crecimiento económico mundial y para los flujos de capitales globales, expresó que “en realidad, es imposible ignorar los efectos internacionales de la reducción de las tasas de impuestos en EE.UU.”.

La reducción de impuestos en Estados Unidos consolidará la tendencia mundial a disminuir las tasas impositivas. Por ejemplo, desde 2014, son 14 países de la OCDE los que redujeron su tasa de impuestos en un promedio de 3,2 puntos porcentuales. Por el contrario, solo cuatro países la aumentaron, siendo Chile el que con un crecimiento de la tasa de impuesto de un 60% (de 17% a 27%), fue el país de la OCDE que más la incrementó. Con la reducción de impuestos en los Estados Unidos, Chile queda en mayor desventaja competitiva con ese país y con el resto del mundo.

La reducción de la tasa de impuestos a las empresas en EE.UU. incrementará los flujos de capital y de inversiones hacia Estados Unidos. Esto crea un problema para América Latina, región que ostenta una de las tasas de impuesto a las empresas más altas del mundo: México tiene una tasa de 30%; Brasil de 34%; Colombia de 34% y Chile de 27%.

En la era de la globalización, la disminución de las tasas de impuestos coincide con el aumento notable del bienestar humano alrededor del mundo. Es parte de la libertad económica que ha reducido la pobreza e, incluso, la desigualdad global.

Siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, los líderes políticos de América Latina deben explicar a los ciudadanos los beneficios de reducir las tasas de impuestos y el gasto público. Los países que no lo hagan, sufrirán una fuga de capitales y quizá también de cerebros. Llegó la hora de los “tax cut bills” en América Latina que incentiven mayor crecimiento económico, mayor libertad para emprender y mejores perspectivas para reducir la pobreza.

Para Segunda Lectura
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