Tribuna

Economía y Sociedad № 109

Octubre - Diciembre 2021

Del estancamiento al estallido

Por Alvaro Donoso, M.A. Economía U. de Chicago e investigador CIES, U. del Desarrollo

Sin negar la contribución de razones culturales y sociológicas para explicar el “estallido”, los factores económicos sí tuvieron una influencia fundamental en los sucesos que se gatillaron a partir del 18 de octubre de 2019. El esencial fue la percepción de empobrecimiento de la población, tras la consolidación de una expectativa de menor crecimiento de las remuneraciones laborales. En términos simples, las remuneraciones laborales se mueven con la relación entre el PIB y la población en edad de trabajar (PIB/PET). Un 1% de mayor crecimiento anual en esta relación hace que las remuneraciones laborales crezcan 1% más por año. Si miramos la tasa de crecimiento promedio en 5 años de esta relación, esta fluctuó en torno a 3% anual entre 1997 y 2013. Sin embargo, a partir de 2014, esta tasa cae sistemáticamente hasta terminar en 0,007% en 2019.
 
Esa caída de más de 2% por año en la relación PIB/PET generó una caída similar en la tasa de crecimiento esperado en los ingresos y remuneraciones laborales, con efectos dramáticos sobre el nivel de vida esperado por la clase media y la población trabajadora.

Durante una vida laboral de 40 años, el consumo que se puede solventar con remuneraciones creciendo 3% anual es 40% más elevado que aquel cuando estas crecen a solo 1% anual. Esa reducción de 40% en su nivel de vida esperado, ante una expectativa consolidada de menor crecimiento de las remuneraciones a 2% anual, es la que experimentaron los jóvenes de 25 años, entrando al mercado laboral en 2017 o 2019. El ajuste negativo percibido por quienes ya tenían 40 años era algo menor, pero aún en torno al 25%.

Quienes buscaron escapar de la nueva realidad de empobrecimiento votando en 2017 por una coalición política que prometía el repunte económico, vieron frustrada su expectativa luego de 2018. Cuando hacia 2019 el gobierno daba señales de no entender lo aflictivo de la situación, esos mismos votantes se sumaron a la protesta.


¿Cómo llegó a consolidarse esa expectativa de empobrecimiento? Porque a las equivocadas reformas de Bachelet II que redujeron el crecimiento, se sumó el efecto de una inmigración que entre 2015 y 2019 incrementó agresivamente la población en edad de trabajar en el país. La caída de 3% que se observaba hacia 2019 en el promedio para 5 años de la tasa de crecimiento de PIB/PET, habría sido de solo 1,5% si no se hubiese dado el fenómeno de inmigración.

El hecho de que, a pesar de la caída del crecimiento sufrida a partir del segundo gobierno de Bachelet, la tasa de desocupación oficial no aumentara sustantivamente, se debe a que los cambios metodológicos introducidos por el INE en 2010, la convirtieron en un mal indicador para evaluar la situación del empleo. En la metodología anterior se preguntaba a los mayores de 14 años si tuvieron trabajo remunerado durante la semana anterior a la encuesta. Si la persona consideraba que el trabajo era de baja remuneración o inferior a sus capacidades y necesidades, se podía declarar a sí mismo en busca de trabajo, esto es, “desocupada”. Con la nueva metodología, basta que una persona declare haber trabajado una hora remunerada o más en la semana de referencia para que sea considerada como “ocupada”, creando la ilusión de normalidad. Así, la lectura superficial de las estadísticas laborales no mostró lo que para los chilenos era evidente en 2019: cesantía, estancamiento y pobreza.
El país ha cambiado cultural y sociológicamente. Pero en la nueva realidad sigue siendo válido que nuestro modelo de economía libre, con reformas adecuadas y no aquellas tipo Bachelet II, y con inmigración bajo control, representa la mejor posibilidad de recuperar expectativas de crecimiento y estabilidad política.

PD. Más antecedentes en mi estudio “Estallido Social: ¿Hastío con el modelo o estrechez en el mercado laboral?” que fue publicado en la Serie Debates Públicos Nº 11, junio de 2020, por el Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo.