Dossier Argentina

Octubre - Diciembre 2019

¿Cuándo se jodió Argentina,
otra vez?

“En vísperas del gran robo”

Editorial (Extracto, diario La Nación, 20.11.08) 

Nada positivo puede esperarse de la reforma previsional que expropia los fondos de pensiones de los argentinos. Aún cuando puedan formulársele muchas críticas al actual régimen previsional mixto, es vital comprender que el remedio propuesto por el Poder Ejecutivo Nacional será peor que cualquier enfermedad. No solo agravará la situación de quienes dice defender, sino que asestará un durísimo golpe a la seguridad jurídica y a la propiedad privada.

Se trata de una norma basada en el engaño y en la demagogia populista. En primer lugar, porque lejos de buscar la protección de los ahorros de los trabajadores para su retiro, solo apunta a dar un manotazo a buena parte de la ciudadanía para continuar financiando gastos del Estado que nada tienen que ver con el régimen previsional.

Los aportes de cada afiliado se confundirán en un gran pozo común que, en el mejor de los casos, terminará repitiendo las injusticias que nuestros padres o abuelos vienen sufriendo desde hace décadas en el viejo sistema de reparto estatal.

¿Pretenderá el actual Gobierno financiar con los fondos jubilatorios cualquier proyecto de obra pública que el sector privado no está dispuesto a financiar por no considerarlo rentable? Si ése será el destino de los recursos que administrará el gobierno -esto es, proyectos de bajo o negativo rendimiento-, cabe pronosticar un futuro aún más penoso no solo para los próximos jubilados, sino también para los actuales.

De aprobar hoy el Senado el proyecto de reforma jubilatoria, estaremos ante una confiscación de fondos privados que, por si fuera poco, dejarán de ser heredables para los beneficiarios de los aportantes a las AFJP, como hasta ahora, al igual que los cuantiosos aportes voluntarios efectuados por los trabajadores en los últimos 14 años. Corresponde que los senadores reparen en este aspecto antes de que una avalancha de demandas judiciales y hasta llamados a la rebelión fiscal que incrementen la incertidumbre y aumenten también la sensación de que el Gobierno es capaz de cualquier cosa menos de garantizar la seguridad jurídica.

 

“Opción por el subdesarrollo”

José Piñera, director Economía y Sociedad (Diario Financiero, 20.11.08)

En “Facundo”, Domingo Sarmiento explora la disyuntiva permanente de Argentina entre la civilización y la barbarie. Al robar los ahorros para la vejez de los trabajadores, el gobierno de Cristina Kirchner ha optado por la barbarie y el subdesarrollo. Esta medida tendrá efectos devastadores:

1. Al eliminar un sistema de capitalización que introducía potentes incentivos para el ahorro y el trabajo, la señal entregada a todo trabajador es que su jubilación dependerá de su capacidad de presionar. En un país en que las paralizaciones ya eran un deporte nacional, ahora son además el camino a una mejor pensión.

2. Al reemplazar un sistema anclado en fondos ahorrados para la vejez por uno que no acumula recursos sino que depende de la caja fiscal de cada momento, será el Estado el único proveedor de pensiones. Los cambios demográficos presionarán el presupuesto fiscal y habrá una constante presión por mayores impuestos y menores recursos para la educación y la salud.

3. Al destruir un sistema que se estaba transformando en un motor del desarrollo del mercado de capitales, Argentina se enfrentará pronto a gravísimas insuficiencias de inversión.

4. Al confiscar los ahorros a 10 millones de trabajadores, con acuerdo del Congreso, la clase política argentina agrega otro jalón a su ya vergonzosa secuela de incumplimientos recientes. Entre ellos, el masivo default de la deuda externa, la pesificación obligada de los depósitos y deudas, el corralito de los ahorros financieros, y la suspensión de los envíos de gas a Chile. El “riesgo argentino” sube otra vez.

5. Al justificar esta confiscación con argumentos falsos e incluso risibles (la necesidad de “proteger” los ahorros de la crisis mundial), Cristina Kirchner ha perdido la escasa credibilidad internacional que aún tenía y ha abierto la puerta al desorden y la anarquía en un futuro no tan lejano.

 

“Una despedida del mundo”

Joaquín Morales Solá, columnista (Extracto, diario La Nación, 21.11.08) 

Con la estatización de los fondos privados de pensión, Argentina se despidió del mundo por mucho tiempo porque rompió cualquier noción de reglas del juego previsibles y desconoció el derecho a la propiedad.

Un gobierno capaz de apropiarse de los ahorros que acumularon millones de argentinos durante 14 años está en condiciones políticas e ideológicas de desconocer otra vez sus deudas. 

A fin de cuentas, casi lo único que le quedará al Gobierno es el flujo mensual de los aportes jubilatorios, aunque deberá hacerse cargo también de las jubilaciones que estaban a cargo de los fondos privados.

Esta expropiación ocurrió por la confusión ideológica que aqueja a gran parte de la dirigencia política, que sigue viendo en el Estado al salvador final de la equidad social. 

De nada valen los antecedentes de un Estado que se fagocitó los fondos jubilatorios desde el primer Perón, aunque luego ningún otro gobierno, ya sea radical o militar, pudo evitar la tentación de usar y abusar de los recursos de los futuros viejos.

Esta confusión ideológica explica que no se haya respetado la opinión del 80 por ciento de los aportantes que hace un año decidió quedarse en el régimen privado.

El Senado aprobó estatizar los fondos de pensión, que no son propiedad de las AFJP, sino de millones de argentinos que colocaron ahí sus ahorros para la vejez. Caerán ahora en poder del hombre fuerte del Gobierno, Néstor Kirchner, y de sus necesidades electorales. Nadie se da esos gustos sin pagar el precio de una derrota inevitable.

 


“El robo del siglo” 

John Muller, ex subdirector de El Mundo (El Mercurio, 10.11.17)

Amado Boudou, el hombre que destruyó el incipiente sistema de capitalización en Argentina, fue encarcelado el domingo pasado acusado de enriquecimiento ilícito. El ex vicepresidente de Cristina Kirchner diseñó, en 2008, “el gran robo del siglo” que fue la nacionalización del sistema de pensiones de su país. 

En las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), 9,5 millones de argentinos tenían ahorrados casi $30.000 millones de dólares. Con la excusa de garantizar pensiones justas para todos, el gobierno incautó los fondos, les dio certificados con un timbre del Estado a sus titulares y se embolsó el dinero. Para ganar popularidad a corto plazo, Kirchner usó parte del dinero en darles pensiones públicas a dos millones de personas que no habían cotizado nunca. Una transferencia neta de recursos en busca de votos.

El robo perpetrado por Boudou se convirtió en una de las “soluciones” que, en Chile, encandilaron durante meses a dirigentes del Frente Amplio, de la Nueva Mayoría y del movimiento “No+AFP”. Varios de ellos barajaron la posibilidad de usar los $190.000 millones de dólares en activos de nuestro sistema para poner la primera piedra de un modelo de pensiones de reparto. 

Aunque el gobierno de Bachelet entendió que expropiarles el 70% del PIB a los trabajadores era una línea roja que no podía traspasar, las marchas convocadas por el movimiento “No+AFP” les hicieron dudar de nuevo en el invierno de 2016. Las dudas, según fuentes del actual gobierno (de Bachelet), solo se disiparon tras la aparición en TVN del padre del sistema, el ex ministro José Piñera.