Cuarta época

Economía y Sociedad
15 de Noviembre 2006

Corrupción y tamaño del Estado

Por José Piñera

Todos los políticos chilenos se han declarado "indignados" por los casos de corrupción sistemática descubiertos en Chiledeportes. La altisonancia de estas declaraciones me ha recordado esa magnífica escena del film "Casablanca", cuando el capitán Renault, jefe de la policía y contertulio habitual de las mesas de juego en el bar de H. Bogart, se declara supuestamente "choqueado, choqueado" cuando se descubre que hay juego ilegal ("I'm shocked, shocked to find that there is gambling going on here").

En vez de expresiones esteriles de indignación, Chile necesita un debate serio sobre el rol del Estado en una sociedad libre. En este caso particular, cabe reflexionar sobre si es función indispensable del Estado regalar dinero para que la gente practique deportes. ¿Por qué no entonces Chilepoesía? ¿Chileyoga? ¿Chilebowling? Incluso si lo fuera, ¿por qué no permitir a las personas y empresas asignar una fracción de sus impuestos para tales objetivos? Y mejor aún, porque no rebajar impuestos, devolverle su dinero a la gente, y permitir que ella la use para practicar los deportes que quiera, cuando quiera, como quiera.

Pero esas preguntas no las ha planteado ningún político, ni siquiera los que se declaran de centroderecha y que deberían ser guardianes del rol limitado del Estado en una sociedad libre. Difícilmente pueden hacerlo después de que sus dos candidatos presidenciales compitieron durante todo el 2005 en quien ofrecía más "ofertones" a los votantes.

La clave es comprender que la corrupción será inevitable, y posiblemente creciente, mientras siga aumentando el gasto público sin referencia alguna al rol necesario del estado, con la excusa electoral-populista de que hay que satisfacer las insaciables, infinitas, crecientes y falsamente llamadas "demandas sociales".

Pues donde hay mucho dinero para gasto discrecional, se armarán sofisticadas máquinas humanas para capturarlo. La teoría económica del "rent-seeking" probó, hace ya mucho tiempo, que en estos casos rentará organizarse, gastar recursos, inventar empresas fantasmas, introducir operadores políticos en las entrañas del sistema, etc., etc., para capturar aunque sea una fracción del fabuloso "botín" estatal. Ninguna "ley de administración pública racional" podrá contra ese tsunami, que opera día y noche, 24 horas, siete días a la semana, 30 días al mes.

La mala noticia es que el gasto público lleva 16 años creciendo a una tasa promedio mayor que aquella de la economía. Y ayer, sin un murmullo, se ha aprobado un aumento anual del gasto fiscal de 9% real, el doble de la anémica tasa de crecimiento de la economía.

 

Es inexplicable de que con un superávit fiscal de 8% del PIB el 2006, y una deuda estatal neta de cero, en Chile ni siquiera se debata sobre reducir los impuestos, que han sido aumentado en 30 ocasiones en los últimos 16 años. La llamada "oposición de derecha" ni siquiera se lo exige.

Y después los políticos se declaran "shocked, shocked" de que se estén robando recursos desde el gigante tesoro fiscal.