Discursos Históricos

Economía y Sociedad № 109

Octubre - Diciembre 2021

Churchill en Harvard

(Nota EyS. Este es un extracto del extraordinario discurso del primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, el 6 de septiembre de 1943 en el Sanders Theater del Memorial Hall de la Universidad de Harvard. En “The Last Lion: Defender of the Realm 1940-1945”, William Manchester y Paul Reid sostienen que en ese día “Churchill quizá alcanzó la cima de su liderazgo. Había alimentado, sostenido y empujado la alianza por casi dos años de guerra y de tal manera que ahora el resultado final parecía inevitable. Primero vendría la victoria sobre Hitler en Italia y después la victoria sobre Hitler en Alemania. Y ahora al parecer había logrado el asentimiento del presidente Roosevelt para una relación anglo-americana permanente”).

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Dos veces en mi vida el brazo del destino ha clamado la vida de norteamericanos en una lucha sangrienta. A través de toda esta lucha, característica de nuestra época, ustedes los norteamericanos encontrarán en el Imperio y en la Comunidad Británica de Naciones buenos camaradas a los cuales están ligados por otros lazos además de aquellos que establecen la política exterior del Estado. En gran medida, ellos son los lazos de la sangre y de la historia. Soy un hijo de ambos mundos, consciente de estos lazos.

La ley, la lengua y la literatura son factores decisivos. Nuestra común concepción de lo que es correcto y decente; una especial consideración por unas  relaciones justas entre los hombres, particularmente hacia los más pobres y débiles; un fuerte sentido sobre la imparcialidad de la justicia y, por sobre todo, el amor a la libertad personal, son estas concepciones comunes entre quienes compartimos la misma lengua, el inglés.

Nuestro enemigo es la tiranía, cualquiera sean los disfraces que use para engañar, cualquiera sea el lenguaje que hable, sea interno o externo, deberemos estar siempre preparados, siempre movilizados, siempre vigilantes. En todo esto estamos unidos. No solo marchamos y luchamos en estos momentos codo a codo en los campos de guerra enemigos, sino también en los ámbitos de las ideas consagradas a los derechos y a la dignidad de los hombres.

Por nuestra propia seguridad, así como la del resto del mundo, necesitamos mantener esta unión después de la guerra. El gran mariscal Bismarck -porque alguna vez han habido grandes hombres en Alemania-, hacia el final de su vida, observó que el factor más potente del mundo de fines del siglo XIX era el hecho de que los ingleses y los norteamericanos hablaran la misma lengua. Sin duda, así ha sido. Ciertamente, la lengua común nos ha permitido luchar contra el enemigo con una intimidad y una armonía nunca antes vista en aliados de guerra.

El regalo de una lengua común es una herencia invaluable y, algún día, podría ser el fundamento de una ciudadanía común. Me gusta pensar en británicos y norteamericanos interactuando ampliamente en todos los campos sin sentir que sean extranjeros entre sí. No es entonces coincidencia que hoy llegue a Harvard a recibir este honor. Porque ustedes han promovido más que ninguna otra universidad norteamericana la difusión del Inglés Básico. La Comisión de Harvard para el Estudio de la Lengua Inglesa se ha distinguido por sus investigaciones y su trabajo práctico, especialmente en introducir el uso del Inglés Básico en América Latina. Avancemos en esta área sin malicia con nadie y con buena voluntad con todos. Los imperios del futuro son los imperios de la mente. Unidos, nada es imposible. Divididos, fracasaremos.

Que todos los que estamos aquí hoy recordemos que estamos en un momento histórico y que, cualquiera sea nuestra posición, cualquiera sea el rol que juguemos, grande o pequeño, nuestra conducta será juzgada no solo por la historia, sino por nuestros descendientes también.