Cuarta época

Economía y Sociedad
22 de Mayo 2005

Chile, un caso de desarrollo exitoso

Al leer el "Estado de la República" entregado por el Presidente Ricardo Lagos, no pude sino recordar aquel 4 de Abril de 1993 en que fuimos entrevistados por Igor Entrala en su programa "Sin Protocolo" en TVN. Ambos éramos precandidatos presidenciales haciendo una campaña "testimonial": en mi caso, defender el proceso de refundación de Chile del que había sido actor; en el suyo, probar que había nacido una izquierda renovada que podría gobernar Chile sin llevarlo nuevamente al abismo. En algún momento se me preguntó si mi candidatura independiente contemplaría el nombramiento de mi interlocutor como Ministro de Estado. Como en 1993 el socialista Lagos era un verdadero "monstruo" para mucha gente, creo que se esperaba que mi respuesta fuera una negativa rotunda. Por el contrario, y ante el asombro del propio Lagos, contesté que le ofrecía de inmediato el Ministerio de Relaciones Exteriores (no el de Hacienda). Allí nació nuestra amistad cívica.
 

Quisiera retomar ese diálogo comentando el preámbulo del discurso de ayer. Las frases en cursiva son de Ricardo Lagos y van seguidas por mi comentario en negrita. Aquí va este "Chile a dos voces".
 

- Creo que la tragedia que nos ha ocurrido tiene que servirnos, como en otros momentos y en otras tragedias de nuestra historia, (de ellas) nacen enseñanzas para construir un Chile mejor.
 

De la culpabilidad principal de la izquierda en la tragedia que constituyó el quiebre de la democracia en 1973, creo que muchos han sacado la enseñanza correcta: el único camino para los cambios es aquél dentro de la Constitución y las leyes.
 

- Chile entró al siglo XXI con una fuerza nueva, con un nuevo rostro. Entramos con una sociedad de convicciones y conductas democráticas, republicanas, libertarias y pluralistas.
 

El signo de esa entrada se decidió aquel 8 de Agosto de 1980 en que triunfamos los partidarios del retorno institucionalizado a la democracia, tras una lucha épica dentro del gobierno militar que hizo inevitable Allende. Ese día firmamos el DL 3464 aprobando una nueva Constitución Política de la República de Chile y sometiéndola a plebiscito. Sucesivos y valiosos acuerdos políticos le han hecho a la Carta Fundamental los perfeccionamientos predecibles, en los momentos oportunos, de manera que Chile entra al siglo XXI con la Constitución de 1980 perfeccionada y con una "sociedad de convicciones y conductas democráticas" de todos los sectores.
 

- Entramos con una adhesión irrestricta a los derechos humanos.
 

La adhesión irrestricta de todos a la Constitución implica una adhesión irrestricta a los derechos humanos. No me atrevería a sostener que esa adhesión sobreviviría una nueva ruptura constitucional, ya que, desde Bolívar, la "guerra a muerte" parece estar en el código genético-cultural de nuestro continente. Por ello, nunca más "una casa dividida" (título de mi último libro).
 

- Entramos con el despliegue más grande de libertades personales que Chile haya tenido en su historia.
 

La ampliación de libertades personales, especialmente las económicas y sociales restringidas en forma creciente por los sucesivos gobiernos estatistas del siglo XX, fue la meta de todas y cada una de las profundas reformas estructurales que están en la fundación de este nuevo Chile: sistema de capitalización, Isapres, universidades privadas, sindicatos libres, televisión privada, Banco Central autónomo, concesiones mineras plenas, competencia sectorial, etc.
 

- Chile es un país de fronteras abiertas, que se relaciona económica, política y culturalmente con todos.
 

Fue en 1975 que se inició el proceso radical de apertura al exterior que ha relacionado a Chile con todo el mundo y que ha culminado acertadamente con los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, Europa y Corea firmados durante el gobierno Lagos.
 

- Entramos al siglo XXI con una economía que crece, y crece sólidamente. Entramos al siglo XXI ganándole la batalla a la pobreza y con evidencias irrefutables de mejoría en justicia social, en la distribución de las oportunidades en educación, en salud, en el mundo del trabajo, en el acceso a bienes y servicios.
 

No basta que la economía crezca. Tiene que crecer, de manera persistente y sustentable, -y con mercados laborales libres- para que podamos eliminar la pobreza y el desempleo, superar los cuellos de botella en educación y salud, y llegar a ser un país desarrollado para el 2018.
 

- Entramos con un desarrollo espectacular de nuestra infraestructura, con nuevas carreteras, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, que nos ponen a la par del mundo desarrollado.
 

Ese desarrollo es la consecuencia lógica del proceso de apertura de todos los sectores a la iniciativa privada. Una vez que se abrió en 1981 la minería, sector emblemático para la izquierda y cerrado al sector privado por la Unidad Popular, la dinámica era predecible.
 

- ...camino de progreso sólido que avanza paso a paso, sin demagogia, sin falsa retórica, sin populismo.
 

No tan rápido señor Presidente. Hay todavía mucha demagogia (es la demagogia laboral de sucesivos gobiernos de la Concertación la que tiene condenados a la miseria a medio millón de cesantes), mucha falsa retórica (especialmente sobre el período 1970-90), y mucho populismo (en todos los sectores). Chile todavía no supera este umbral y todo partidario de la libertad debe permanecer en un estado de eterna vigilancia.
 

- Chile, en este siglo XXI, ya no es ni será un caso de desarrollo frustrado, como lo señalara Aníbal Pinto, refiriéndose al paso del siglo XIX al XX. Chile está siendo, y será, un caso de desarrollo exitoso.
 

Vamos por ese camino. Pero no existe "el fin de la historia". Chile sigue necesitando gente patriota que luche día a día por mantener y perfeccionar el modelo de libre mercado y la Constitución que ha hecho posible este caso de refundación exitosa de un país destrozado.