Empresa

Mayo - Julio 2017

Buffet, el oráculo de Omaha

Por Carlos Gómez, profesor universitario y consultor de empresas

Berkshire Hathaway, desde abril de 1965 controlada por Warren Buffet, es la quinta compañía más valiosa del mundo con un valor bursátil de $403.000 millones de dólares. Las cuatro primeras son Apple, Alphabet (Google), Microsoft y Amazon, con $ 740.000, $580.000, $501.000 y $422.000 millones de dólares, respectivamente, en valor bursátil. Después de Berkshire, Facebook es la sexta más valiosa con $ 402.000 millones de dólares. Una lista dominada por compañías tecnológicas, todas con domicilio en Silicon Valley, en la que Berkshire Hathway es la notable excepción.

La casa matriz de Berkshire está en Ohama, una desconocida ciudad de Nebraska que en 1867 perdió su título de capital en favor de la ciudad de Lincoln. Su más famoso vecino, Warren Buffet, es llamado el “oráculo de Omaha” y vive en la misma casa que compró en 1957.

 

Berkshire tiene 367.000 empleados en las 90 compañías que controla, pero su casa matriz en Omaha sólo tiene 25 empleados, incluido Buffet, enemigo declarado de las burocaracias corporativas que aniquilan la creatividad empresarial y frenan el crecimiento rentable. Su directorio también funciona allí y sus directores no reciben remuneración. Según Buffet, “bajo un sistema inexistente en otras compañías, ellos reciben su compensación por las acciones que poseen de Berkshire, que han comprado en el mercado, y no han sido entregadas por Berkshire”. Así Buffet asegura que las decisiones se tomen en el mejor interés de la empresa, porque éste  está intrínsecamente ligado al interés personal de cada director.

 

Warren Buffet, de 86 años, es el segundo hombre más rico del mundo con un patrimonio de $ 77.000 millones de dólares. Anuncia Buffet: “mi testamento estipula que el dinero que resulte de la venta de las acciones que todavía posea al momento de mi muerte, sea utilizado en fines filantrópicos”. 

 

Buffet es el inversionista cuyas decisiones son escrupulosamente analizadas y copiadas por inversionistas en todo el mundo. Su carta anual a los accionistas de Berkshire es ya un ícono del año financiero y empresarial, además de la también famosa junta anual de accionistas en el CenturyLink Center que atrae 27.000 personas cada año.

 

Por qué tanta fama? Porque desde que en mayo de 1965 Buffet tomó el control de Berkshire Hathaway, que en aquel entonces era una fábrica textil con pérdidas y compitiendo en un mercado declinante por el naciente poderío de la economía china, el retorno compuesto del valor de su acción ha sido de 20.8% anual. Este retorno más que duplica, en el mismo periodo de 52 años, al retorno del índice S&P 500 de 9.7% anual. Excepto en una ocasión (1966), Berkshire Hathaway no paga dividendos, en la medida que, según Buffet, “por cada dólar reinvertido por la empresa, al menos un dólar en valor de mercado sea creado por ella”.

 

El corazón de tan alta rentabilidad, durante tan extenso período de tiempo, tiene cuatro componentes. La primera está compuesta por 90 compañías que Berkshire controla en diversas industrias como seguros, construcción, aviación, bancos y retail. Buffet contrata a los gerentes generales de sus compañías con el compromiso que administrarán para el largo plazo. En la mayoría de las empresas, señala Buffet, se contratan gerentes generales sobre los 50 años para jubilarlos, por “políticas corporativas”, a los 65, justo cuando han adquirido la experiencia para administrar aún mejor después. En Berkshire no existe edad límite.

 

Buffet conformó este conglomerado adquiriendo las compañías bajo cuatro criterios claves: “que tengan un buen retorno sobre su patrimonio, pero con baja o ninguna deuda financiera; que tengan una administración competente; que estén en  una industria simple de entender; y que tengan una capacidad intrínseca de generar utilidades en el largo plazo producto de una ventaja competitiva sostenible en el tiempo”. A esta ventaja competitiva de la empresa, como defensa de su rentabilidad de largo plazo, Buffet le llama moat, el foso inexpugnable del castillo medieval.

 

El segundo componente consiste en que estas 90 compañías, después de reinvertir, producen un flujo de caja importante. Este flujo retorna a Omaha  donde Buffet busca oportunidades para comprar el control de nuevas compañías. Pero como el flujo de caja supera ampliamente a las oportunidades disponibles para comprar nuevas  empresas, Buffet invierte parte del excedente en comprar posiciones accionarias minoritarias, pero significativas, en empresas que transan en bolsa. Así, ha construido un portafolio diversificado de acciones por $150.000 millones de dólares.

 

A abril de 2017, sus principales posiciones -denominadas “big six” por el propio Buffet- son en Kraft Heinz (alimentos) por $28.000 millones, Wells Fargo (Banca) por $ 23.000 millones, Apple (consumo/tecnología) por $17.000 millones, Coca Cola (consumo) por $16.000 millones, IBM (computadores y datos) por $14.000 millones y American Express (servicios financieros) por $12.000 millones, todas ellas por un total de $110.000 millones de dólares.

 

Para inversionistas no sofisticados, Buffet recomienda mantener un portafolio de largo plazo “muy simple: invertir 10% en bonos de corto plazo del gobierno y 90% en un portafolio de acciones que siga a un índice de mercado, de bajo costo, como el S&P 500”.

 

El tercer componente, es la inmensa cantidad de dinero en caja que ostenta Berkshire por $86.000 millones de dólares y que representa el 14% de sus activos. Pese a las críticas del mundo inversionista por tener tanta caja “improductiva”, es decir, no invertida en el negocio, esto le permite a Buffet cumplir con otra de sus máximas: comprar cuando el mercado está cayendo, ya que el pánico de los inversionistas arrastra también en la caída a empresas muy valiosas en el largo plazo y cuyo precio para comprarlas se torna inmensamente atractivo en las crisis. Para Buffet, el “dinero en efectivo es a las empresas lo que el oxígeno es para las personas: no se piensa en él cuando abunda, pero es en lo único que se piensa cuando falta”.

 

Otra política de Buffet es mantener una muy baja deuda financiera para evitar riesgos de falta de liquidez -oxígeno- en los malos tiempos que, aunque transitorios, pueden destruir valor económico permanentemente. Una de las formas más notables en que Buffet ha construido su rentabilidad es su famoso concepto de “float” de sus empresas de seguros. El float corresponde a la diferencia entre el ingreso por las pólizas de seguro vendidas y los futuros egresos por pago de siniestros. Según las normas contables, esta diferencia es un pasivo, una deuda con quienes contrataron un seguro. Pero para Buffet es su mejor y más productivo activo, no un pasivo, porque es un dinero en efectivo que siempre va a estar en la empresa disponible -ya que a medida que se pagan siniestros, ingresan nuevas pólizas- para invertirlo en los distintos negocios. Para convertir al float en un moat, Buffet promueve en sus compañías de seguro un análisis exhaustivo de riesgo sin jamás vender una póliza si hay dudas sobre algún riesgo no bien valorizado. 

 

Y la cuarta, es la fe inquebrantable de Buffet en los Estados Unidos, el libre mercado, el imperio de la ley y su inmenso potencial no explotado aún. En su carta a los accionistas de 2016, señala: “Sobretodo, es nuestro sistema de libre mercado -un policía de tráfico que asigna eficientemente el capital financiero, el empleo y el capital humano- que ha creado la abundancia de Estados Unidos. El libre mercado ha sido también el factor primordial en asignar las recompensas según el esfuerzo de cada cual”.  Y añade Buffet: “Nuestros esfuerzos para incrementar significativamente las utilidades de Berkshire son complementados - como lo han sido a través de toda nuestra historia empresarial- por el dinámico sistema económico de Estados Unidos. Una palabra resume los logros de nuestro país: milagroso. A partir de un modesto comienzo hace 240 años -un período de tiempo inferior al triple de mi edad- los norteamericanos han combinado la creatividad humana, el sistema de libre mercado, olas de ambiciosos y talentosos inmigrantes y el imperio de la ley para generar abundancia más allá de los mejores sueños de nuestros Padres Fundadores”.

 

Y concluye: “No hay que ser economista para entender lo bien que ha funcionado nuestro sistema libre. Sólo hay que mirar alrededor nuestro. Los 75 millones de propietarios de casas, la productiva tierra fértil, los 260 millones de autos, las industrias hiper productivas, los grandes centros médicos, las universidades llenas de talento joven. Todo ello representa una ganacia neta para los norteamericanos desde aquellos días de tierras abandonadas, infraestructura primitiva y mínima producción de 1776. Desde la nada, Estados Unidos ha producido riqueza por $ 90 trillones de dólares”.