Tribuna

Mayo 2017 - Julio 2017

Brexiteconomics

Por Salvatore Babones, profesor asociado Universidad de Sydney

(Extracto “The Global Economy’s New Geography”, Quadrant, 31.3.17)

Más importante que la geografía física del comercio es la geografía humana de las instituciones. Los Estados Unidos y el Reino Unido comparten la misma lengua, estructura financiera, cultura de negocios, herencia legal y modo de pensar. Al abandonar Europa, quienes votaron por el Brexit lo hicieron para reincorporarse a un mundo más grande.

Después del plebiscito que el 23 de Junio determinó que el Reino Unido dejara la Unión Europea, la mayoría se focalizó en los temas migratorios como la causa principal. Pero la causa fundamental del voto por Brexit no fue acerca de la inmigración. Fue acerca de economía: Brexiteconomics.

En términos de PIB per cápita, Francia y Alemania son casi del mismo nivel que el Reino Unido. Pero el noreste de Estados Unidos es 50% más rico. Si Francia y Alemania fueran 50% más ricas que el Reino Unido, entonces en lugar de dos millones de europeos continentales trabajando en el Reino Unido, habrían dos millones de británicos trabajando en la UE.

 

El voto por Brexit es, simplemente, un reflejo de patrones económicos globales que desincentivan al Reino Unido para seguir asociado a una economía de segundo orden como Europa.

 

La industria financiera británica está más vinculada a Nueva York que a Frankfurt o París. Incluso antes del Brexit, la inversión británica en Europa continental estaba declinando mientras que la inversión en Norte América estaba aumentando.

 

Con Donald Trump dispuesto a un rápido acuerdo comercial, el Reino Unido no estará aislado. Pero la sola idea que los tratados comerciales integran las economías es errada. Los países están en realidad integrados en redes internacionales creadas por los negocios de las empresas. En nuestro mundo contemporáneo, los países no comercian con países. Son las compañías las que transfieren bienes a través de cadenas de valor internacionales y cuando estas transferencias traspasan los límites de un país se clasifican como “comercio internacional”.

 

El debate sobre Brexit corresponde en realidad a dónde quieren hacer negocios las compañías británicas. ¿En Europa o en Estados Unidos? A pesar de medio siglo de fuerte presión institucional para integrarse con Europa, la UE todavía recibe menos de la mitad de las exportaciones del Reino Unido.

 

Cuando observamos las diferentes zonas económicas que componen los Estados Unidos, las diferencias son enormes. El Noreste de Estados Unidos -corazón de la economía norteamericana, comprendido entre el norte de Virginia y el área que incluye Washington, New York y Boston- es 50% más rica que Alemania y dos veces más rica que Japón. En términos económicos, si Alemania fuera un estado norteamericano, sería igual que Alabama. Y Japón sería igual a Mississippi.

 

Si el Reino Unido está destinado por su geografía a ser parte de cadenas de valor globales, la nueva geografía económica mundial aconseja que se adhiera a Norteamérica y no a Europa. El Reino Unido puede no ser ya un centro global, pero si ha de estar en la periferia tiene mucho más sentido que esté en la periferia de Nueva York que en la periferia de Alabama (es decir, Alemania). La economía norteamericana tiene un centro económico importante en el noreste de Estados Unidos y un segundo centro en la costa oeste. No hay razón para que no tenga un tercer centro económico en Inglaterra. Cuatro millones de pasajeros viajan cada año entre Nueva York y Londres, un millón más que entre Nueva York y Los Angeles.

 

Aún más importante que la geografía física del comercio es la geografía humana de las instituciones. Los Estados Unidos y el Reino Unido comparten más que la misma lengua. Comparten también la misma infraestructura financiera, la misma cultura de negocios, la misma tradición legal, y un modo de pensar similar.

 

Muchas industrias líderes del Reino Unido ya se administran bajo principios de negocios norteamericanos, incluyendo a la banca, consultoría, editoriales, agencias de avisaje, entretención, arte, diseño y universidades. Desde un punto de vista práctico, es mucho más fácil para profesionales británicos trabajar en los Estados Unidos que en Europa Occidental. Europa puede estar hoy haciendo negocios en inglés, pero el Reino Unido hace negocios como los Estados Unidos.

 

La idea de que China y Japón están en el Este, está pasada de moda como una visión eurocéntrica del mundo. Asia del Este no está al Este de Europa. Desde el punto de vista de la geografía económica del comercio, Asia del Este está al Oeste de California.

 

Quizás no es coincidencia que el área más rica de los Estados Unidos mira al este, hacia Europa, y la segunda área más rica, California, mira al Oeste, hacia Asia. Uno puede razonablemente describir las tres regiones económicas más importantes del mundo como una jerarquía triangular, con Europa y Asia del este en los vértices de la base y Norteamérica en el tope. El resto del mundo consiste en una mezcla de países ricos y pobres, algunos de ellos altamente desarrollados, pero ninguno de ellos inmerso en regiones económicas regionales integradas. Por ejemplo, las empresas de  Australia y Nueva Zelandia, al no ser parte de las redes de producción transnacionales, no son líderes de ninguna industria que suponga complejos procesos productivos, con muchas etapas.

 

Las empresas británicas son diferentes. El índice accionario FTSE puede estar dominado por bancos y empresas de recursos naturales, pero la economía británica como un todo es mucho más dinámica. Y como muchas otras estadísticas muestran, antes del Brexit, la presencia de Estados Unidos en la economía del Reino Unido estaba aumentando mientras la presencia de la Unión Europea estaba declinando. Después del Brexit, es muy probable que esta tendencia se agudice. 

 

Es un hecho que la economía de Norteamérica es mucho más dinámica que la economía de la Unión Europea. Y la diferencia es abismante cuando observamos la economía virtual, online, del siglo XXI. Muchos británicos, londinenses especialmente, pueden sentirse europeos en apariencia. Pero esos mismos londinenses tiene más probabilidades de desarrollar carrearas profesionales que incluyen vivir por un tiempo en Nueva York o Los Angeles que en París o Berlín. Pueden sentirse europeos, pero trabajan como los norteamericanos.

 

Brexit fue un voto sobre la identidad y la soberanía. Pero ambas, identidad y soberanía, están influenciadas por la economía. Así como la nueva estructura económica mundial atrae inexorablemente al Reino Unido hacia la órbita de Norteamérica, también su identidad y soberanía se identificarán más con aquellas de Norteamérica. La identidad, porque los británicos trabajarán más y más tiempo en Norteamérica o en compañías norteamericanas, interactuarán con las redes sociales norteamericanas y participarán (al menos como espectadores interesados) en la política norteamericana. La soberanía, porque las reglas de comportamiento que rigen e influyen más en los negocios británicos, emanan de Washington, no de Bruselas.

 

Dejar la UE podría significar un riesgo de perder mercado en Europa, pero permanecer en la UE habría significado la certeza de un conflicto creciente entre las reglas de comportamiento económico global (es decir, norteamericanas) y las reglas regionales que gobiernan las economías de la UE. Tampoco el Reino Unido debería temer la pérdida de mercados en Europa. Los europeos está insistiendo en su derecho a trabajar en Gran Bretaña porque la economía británica es lo más cerca que pueden llegar de la economía norteamericana. Brexit producirá que los europeos estén aún más, no menos, interesados en participar de una economía dinámica y global como la británica. Los europeos van a Gran Bretaña no por su “ser europeo”, sino porque es global.

 

Desde un punto de vista económico, Brexit no debe ser entendido como Gran Bretaña dejando a la UE. Debe ser entendido como Gran Bretaña regresando al mundo. El mundo económico global está centrado en Norteamérica y, en forma abrumadora, la nueva economía digital. Es un mundo abierto que los británicos entienden intuitivamente. Después de todo, ellos lo inventaron. Brexit les da  a los británicos la oportunidad de retornar al centro económico global. Y siempre podrán tomar vacaciones en Europa.