Tribuna

Octubre - Diciembre 2017

Boom forestal, hijo del modelo

Por Carlos Gómez, profesor universitario y consultor de empresas

En 1890, los primeros 200 gramos de semillas del Pinus Insignis, nativo de la península de Monterey, al sur de San Francisco, arribaron a Concepción desde un semillero inglés, el London Kew Botanic Garden. Utilizando esas semillas, botánicos alemanes como Rodolfo Philippi y Arturo Junge impulsaron las primeras plantaciones de pinos en las costas del sur de Chile para controlar la erosión del suelo y la deforestación.

 

Pero no fue hasta casi un siglo más tarde, con el inicio de las grandes reformas que abrieron Chile al exterior, liberalizaron el mercado laboral, impulsaron el acceso al mercado de capitales, derribaron las barreras arancelarias y establecieron un modelo económico de libre mercado, que comenzó el espectacular desarrollo forestal chileno que multiplicó 17 veces las exportaciones forestales: de $ 350 millones de dólares en 1979 a $ 6.000 millones de dólares en la actualidad, lo que representa una tasa de crecimiento compuesta de 8.5% anual. En 1975, la mitad de las exportaciones forestales se destinaba a Argentina. Hoy, Chile exporta a 70 países del mundo.

 

El pino insigne encontró en las costas del sur de Chile un hogar privilegiado a nivel mundial: suelo fértil, ausencia de plagas y presencia de súbitos cambios de temperatura entre día y noche, y entre estaciones del año. Un hogar en que crece más rápido que en cualquier otro lugar del mundo. El pino chileno se cosecha entre los 18 y 25 años, una pequeña fracción de tiempo comparada con California, Nueva Zelandia, Australia o Canadá, donde la cosecha debe esperar 35 años o más. También, con hasta 60 metros de tronco, el pino chileno es el más alto del mundo. Y como Chile es una franja angosta, las plantaciones de pino están muy cerca de los puertos para exportar. Son las ventajas comparativas de Chile.

 

Pero las ventajas comparativas pueden ser bloqueadas o debilitadas por el Estado. Así ocurrió, por ejemplo, con la insólita prohibición de exportar rollizos, derogada recién en 1975 por los economistas liberales. Por otra parte, en 1979, el Estado de Chile privatizó las dos empresas de celulosa que languidecían en poder de la Corfo. Visionarios empresarios chilenos encontraron rápidamente el camino para convertir hoy a las dos empresas forestales emblemáticas, Celulosa Arauco y CMPC, en el segundo exportador de celulosa del planeta.

 

Los empresarios invirtieron $ 30.000 millones de dólares en constituir a la industria forestal en la segunda más importante en Chile después de la minería. Con esta inversión, la capacidad instalada de producción de celulosa se multiplicó 11 veces, desde 700.000 toneladas en 1979 a 8.000.000 de toneladas en 2017.

 

La superficie plantada de pino (que comprende el 60% del total), eucaliptus y otras especies, se multiplicó 3 veces, desde 740.000 hectáreas en 1979 a 2.400.000 hectáreas en 2016.  Todo este desarrollo se ha efectuado en forma sustentable con el medio ambiente, renovando plantaciones ya existentes, al punto que  Chile es uno de los pocos países del mundo en que el bosque nativo crece y ya alcanza las 14.000.000 de hectáreas. La mayoría de las empresas forestales chilenas están acreditadas por la Forest Stewardship Council, la que certifica que sus operaciones no suplantan bosque nativo, que mantienen relaciones permanentes con las comunidades y que basan sus operaciones en plantaciones propias.

 

La apertura del comercio chileno al exterior, promovida por el modelo liberal y reflejada en un arancel promedio de 2% con tratados de libre comercio con casi todo el mundo, fue clave para la industria forestal que exporta el 65% de su producción. Para los próximos 20 años, se espera que las empresas forestales exporten una gama aún más amplia que los actuales 480 productos y que incorpore también los servicios tecnológicos en silvicultura y en gestión de negocios.

 

El desarrollo forestal de esta magnitud no fue fruto de subsidios puntuales, sino de la inmensa capacidad emprendedora desatada por la libertad económica. Su desarrollo impulsó también a otras industrias a invertir masivos capitales en energía, autopistas, puertos, aeropuertos y capacitación de personas calificadas para sostener el crecimiento forestal.

 

Para competir globalmente en una industria que es intensiva en capital, las empresas chilenas potenciaron las ventajas comparativas naturales del pino invirtiendo en tecnología forestal e industrial. Así, las plantas de celulosa se encuentran entre las de menores costos a nivel mundial, porque utilizan procesos e instalaciones dotadas de la más avanzada tecnología disponible.

 

La selección genética de los pinos juega un rol fundamental para reducir costos y aumentar la productividad forestal. También relevantes son las tecnologías que permiten al pino crecer derecho, lo que aumenta su calidad y permite alcanzar una mayor densidad forestal por hectárea. La adaptación al particular clima chileno de la especie eucalyptus globulus, también mejoró la productividad.

 

Parte importante de la inversión en investigación y desarrollo se dedica a encontrar nuevos usos de la madera como fuente de energía para Chile. Otros desarrollos tecnológicos incluyen las aplicaciones de radio frecuencia para la protección de los bosques y el transporte, las tintas inteligentes usadas en el packaging y la bioenergía de la celulosa.

 

El modelo de negocios forestal chileno comprende una integración vertical hacia arriba, con la propiedad de los bosques y el acceso a energía forestal propia, y hacia abajo, con el control comercial de sus actividades exportadoras y la fabricación de paneles y papeles de todo tipo.

 

El gradual avance de la libertad económica en América Latina, permitió que varias empresas chilenas inviertan en operaciones de celulosa y tissue en Brasil, Argentina y Uruguay, atraídos por las economías de escala de la industria forestal que en estos países es posible alcanzar a menor costo. También invirtieron en aserraderos y plantas de paneles en Estados Unidos, Canadá, Alemania, México, Ecuador, España, Portugal y Sudáfrica. Esta diversificación geográfica les permite disminuir riesgos y acceder así a a un costo de capital más barato.

 

El continuo desarrollo de la infraestructura y construcción -entre otros usos de la madera- en China, India, Sudeste asiático, Estados Unidos, Japón y Europa, constituyen la base de la próxima etapa de crecimiento para las multinacionales forestales chilenas.

 

El pino insigne de California, las ventajas comparativas naturales de Chile y el nuevo modelo de libertad económica implementado a partir de 1975, fueron las semillas que permitieron a los empresarios convertir a la actividad forestal chilena en una industria global, con empresas multinacionales que no sólo exportan, sino que invierten también en operaciones forestales propias en cuatro continentes.