Tribuna

Octubre - Diciembre 2019

Boom Educación Técnica,
hijo del modelo

Por Carlos Gómez, profesor universitario y consultor de empresas

En 1981 se promulgó el DFL 1 que creó un nuevo régimen para la educación superior permitiendo, por primera vez en Chile, crear Universidades privadas, Institutos Profesionales (IP) y Centros de Formación Técnica (CFT). Así, la educación superior chilena transitó desde un sistema  concentrado básicamente en universidades del Estado y de la Iglesia Católica a uno mucho más diverso que amplió masivamente las oportunidades, especialmente para los jóvenes de más escasos recursos. El sistema comprende hoy 61 Universidades, 41 Institutos Profesionales y 46 Centros de Formación Técnica.

Esta transformación de la educación superior fue parte de las reformas estructurales iniciadas en 1975 que ampliaron fuertemente los espacios de libertad, generaron prosperidad y lograron que Chile cruzara el umbral al Primer Mundo.

El número de alumnos en carreras técnicas de educación superior aumentó 17 veces, de 30.000 estudiantes en 1980 a 512.000 en 2018. La matrícula en educación técnica superior, como porcentaje de los jóvenes entre 18 y 24 años, subió dramáticamente de 1,8% en 1980 a 27% en 2018.

Los Institutos Profesionales otorgan títulos profesionales en carreras técnicas de hasta 5 años y los Centros de Formación Técnica otorgan el título de Técnico de Nivel Superior, a través de carreras técnicas más cortas, de 2 a 3 años. Las principales áreas de especialización son Ingeniería y Construcción con un 30% de la matrícula, Administración y Negocios con un 25%, Informática con un 10% y Salud y Educación con un 8% cada una. Alrededor de 200.000 alumnos, el 40% del total, cursan carreras y programas vinculados a la tecnología.

El notable crecimiento de las oportunidades para los jóvenes de acceder a la educación superior, tanto en universidades como en IP y CFT, benefició principalmente a los sectores de menores ingresos. En efecto, entre 1990 y 2017, los jóvenes del quintil más pobre que accedieron a la educación superior aumentaron 8 veces, desde un 4% a un 33% y los del segundo quintil de menores recursos aumentaron 6 veces, desde 6% a 30%. Mientras, el último quintil, de mayores recursos, solo aumentó menos de 2 veces, desde 33% a 53%.

Por otra parte, el impacto económico para los estudiantes de la educación técnica proveída por los IP y CFT es sustancial, ya que la renta, a solo un año después de la titulación, duplica a la de un joven que solo completó la educación media.

Entre 1980 y 2018, la educación superior total (universidades, IP y CFT) aumentó 10 veces, de 120.000 alumnos en 1980 a 1.260.000 en 2018. Esta exponencial expansión de la educación superior permitió que quienes acceden a ella, como porcentaje de los jóvenes entre 18 y 24 años,  aumentaran de un 7,4%  en 1980 a un 65% en 2018.

Este cambio radical en la educación contribuyó decisivamente al espectacular logro de que hoy Chile ostente el lugar Nº 1 en movilidad social entre los países de la OECD (ver Economía y Sociedad Nº 97).

Complementa todo este desarrollo el hecho que 4 de cada 10 estudiantes de 3º y 4º medio, equivalente a 164.000 alumnos, estudian en liceos técnico profesionales. Los 945 liceos técnicos profesionales cubren 14 sectores económicos entre los que destacan administración y comercio con un 30% de la matrícula, metal mecánica con un 15% y electricidad con un 12%.

Entre los 87 IP y CFT destacan tres instituciones privadas con una matrícula combinada de 320.000 alumnos, equivalente a un 62% del total. Ellas son INACAP, DUOC y AIEP.

INACAP, fundada en 1966 como Instituto Nacional de Capacitación, y dirigida por la Confederación de la Producción y el Comercio, es la mayor institución de educación técnica del país con 121.000 alumnos distribuidos en 26 sedes en todo Chile. INACAP ofrece 80 carreras en 12 áreas académicas con una inversión en infraestructura de 200.000 m2 que incluye 600 talleres y laboratorios especializados. Con 4.700 profesores, provee también capacitación laboral a 60.000 personas al año de 3.000 empresas.  Además, posee convenios con instituciones internacionales similares de 12 países que permiten a los alumnos asistir a cursos de intercambio que enriquecen la experiencia educativa.

DUOC, fundada en 1968 al alero de la Universidad Católica de Chile, tiene 107.000 alumnos, quienes acceden a una oferta de 70 carreras y 553 programas de educación técnica que imparten 4.000 profesores. DUOC ha invertido en 230.000 metros cuadrados de instalaciones, incluidos talleres, laboratorios y bibliotecas, principalmente en la región Metropolitana, V y VIII.

AIEP, fundada en 1965 como Academia de Idiomas y Estudios Profesionales, es administrada por la cadena internacional de educación superior Laureate International Universities. Tiene 93.000 alumnos en 71 carreras e instalaciones especializadas de 150.000 m2, entre Calama y Castro. AIEP está iniciando los cursos online y semipresenciales los que actualmente abarcan el 4% de la matrícula en 11 carreras.

Pero también hay muchas otras instituciones de tamaño intermedio que atienden nichos específicos como gastronomía, climatización, biotecnología, entre otros. Por ejemplo, el Instituto Profesional Culinary que provee cursos y programas en artes culinarias, administración hotelera y negocios del vino.

La educación técnica superior privada tiene gran flexibilidad curricular lo que ha permitido focalizarla de manera que los alumnos accedan a las mejores tecnologías educativas disponibles.

En el mundo laboral del siglo XXI que cambia aceleradamente con la introducción de inteligencia artificial, robots, big data y tele trabajo, la educación técnica tiene tres desafíos cruciales.  El primero es incrementar su vinculación con las empresas y las nuevas y cambiantes necesidades de capacitación. Además, para incrementar aún más su acceso y cobertura, requiere incorporar tecnología de educación online  y semipresencial. De ese modo, reduce el costo de estudiar a alumnos que también trabajan, así como el costo del tiempo dedicado al transporte entre el lugar de trabajo y la sede de estudio. Finalmente, la educación técnica enfrenta un nuevo paradigma educacional que consiste en carreras más cortas al inicio y en una educación continua hacia adelante para acompañar los nuevos desafíos del conocimiento de sus estudiantes y trabajadores durante su vida laboral.

La educación técnica superior tiene el potencial para ser el más potente “ascensor social” de Chile.