Dossier Argentina

Octubre - Diciembre 2019

Argentina al borde del abismo

Por Manuel Llamas,  redactor jefe de Economía en Libertad Digital (26.8.19)

Argentina está al borde del abismo, una vez más. La reciente victoria electoral que ha cosechado el peronismo en las pasadas primarias permite presumir su regreso al poder tras los comicios presidenciales que tendrán lugar el próximo otoño, lo que desencadenó el pánico entre ahorradores, empresarios e inversores. No es para menos si se tiene en cuenta la desastrosa herencia que los Kirchner dejaron tras de sí.

El día después de las elecciones, Argentina sufrió el mayor desplome bursátil de su historia, con una caída de casi el 50% -medida en dólares-, la segunda más intensa registrada a nivel mundial, al tiempo que se disparaba la prima de riesgo y se hundía el peso.

Lo más grave, sin embargo, es que la crisis de Argentina no tiene solución, al menos a corto plazo. 

No es la primera vez que el país austral se encuentra en esta situación y, por desgracia, tampoco será la última. El declive argentino, de hecho, viene de lejos, puesto que se remonta a los años 30, aunque se agrava de forma sustancial a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando el militar Juan Domingo Perón se hace con la Presidencia e implanta el denominado justicialismo, que no es otra cosa que el socialismo de toda la vida, solo que revestido bajo un término algo más abstracto y difuso. Desde entonces, la crisis de Argentina es algo permanente.

Prueba de ello es que, hace un siglo, Argentina era una de las diez potencias más ricas del mundo, mientras que ahora su renta per cápita ha descendido al puesto 71, y bajando. El sueldo medio que se disfrutaba entonces en Buenos Aires casi duplicaba al de París y el nivel de vida superaba en mucho al de buena parte de Europa. Cien años después, el país avanza sin freno hacia el grupo de economías en vías de desarrollo. Las razones que explican este dramático deterioro son, básicamente, tres.


Déficit público

El peronismo y sus distintas vertientes han convertido en crónico el desequilibrio presupuestario del gobierno. El Estado argentino, salvo contadas excepciones, siempre gasta mucho más de lo que ingresa cada año. Y, dado que su corrupta e irresponsable clase política es una de las peores pagadoras del mundo -Argentina ha suspendido pagos a sus acreedores internacionales ocho veces en los dos últimos siglos-, el Gobierno recurre de forma insistente a su Banco Central para financiarse mediante la impresión de billetes, lo cual, finalmente, se acaba traduciendo en una elevada inflación.

Modelo intervencionista

Argentina era una de las economías más libres del planeta a principios del siglo XX, pero, posteriormente, optó por el proteccionismo comercial, una alta e ineficiente carga fiscal y una intensa hiperregulación, cuya combinación ha resultado mortal para su estructura productiva. En la actualidad, Argentina ocupa el puesto 148 de un total de 180 países en el Índice de Libertad Económica y ostenta un deshonroso puesto 119 de 191 en materia de calidad institucional.

Mentalidad argentina

Pero si algo explica la crisis de Argentina es la mentalidad de los propios argentinos. Nada de lo anterior sería posible si la ideología socialista no hubiera arraigado tanto en la sociedad. Y es que la mayoría de argentinos se declara contrario al capitalismo y el libre mercado. No en vano, José Luis Espert, el único candidato presidencial claramente pro-mercado, apenas cosechó un apoyo del 2% en las primarias, frente al holgado 47% del peronismo más radical y el 32% del peronismo más moderado que representa Macri. No, la crisis de Argentina no acabará hasta que estos elementos -déficit, estatismo y mentalidad socialista- desaparezcan.