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FILANTROPÍA Y FELICIDAD

Por Ed O’Brien, profesor asistente, Universidad de Chicago (Chicago Booth, 24 de diciembre, 2018)  

(Versión original en inglés aquí)

La felicidad que experimentamos tras un evento o actividad particular disminuye con cada repetición de dicha experiencia, fenómeno conocido como adaptación hedónica. Sin embargo, el acto de dar a los demás constituiría una excepción a esta regla.

 

En un artículo próximo a publicarse en *Psychological Science*, descubrimos que la felicidad de los participantes no disminuía, o lo hacía de manera mucho más lenta, cuando repetidamente otorgaban regalos a otros, en comparación con cuando recibían repetidamente esos mismos regalos.

 

Si deseamos mantener la felicidad a lo largo del tiempo, la investigación previa nos indica que necesitamos apartarnos de lo que estamos consumiendo actualmente y experimentar algo nuevo. Nuestro estudio revela que el tipo de actividad podría importar más de lo que se suponía: el dar repetido, incluso de idéntica forma y a las mismas personas, puede seguir percibiéndose como relativamente novedoso y placentero cuanto más lo practicamos.

 

Llevamos a cabo dos estudios. En uno de los experimentos, estudiantes universitarios recibieron cinco dólares diarios durante cinco días y debían gastarlos exactamente en lo mismo cada vez. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a gastar el dinero en sí mismos o en otra persona. Por ejemplo, dejando dinero en el tarro de propinas del mismo café o realizando una donación en línea a la misma organización benéfica todos los días. Al final de cada jornada, los participantes reflexionaron sobre su experiencia de gasto y su felicidad general.

 

Los datos, obtenidos de un total de 96 participantes, mostraron un patrón claro: los niveles iniciales de felicidad auto-reportada fueron similares en ambos grupos, pero aquellos que gastaron el dinero en sí mismos experimentaron un descenso constante de la felicidad a lo largo de los cinco días. En cambio, la felicidad no pareció atenuarse en quienes dieron su dinero a otros. La alegría derivada de dar por quinta vez consecutiva fue tan intensa como en la primera ocasión.

 

Realizamos posteriormente un segundo experimento en línea, que permitió mantener consistentes las tareas entre los participantes. En este estudio, 502 personas jugaron 10 rondas de un juego de rompecabezas de palabras. Ganaron cinco centavos por ronda, que podían conservar o donar a una organización benéfica de su elección. Tras cada ronda, indicaron en qué medida la ganancia les hacía sentir felices, eufóricos y alegres. Nuevamente, la felicidad auto-reportada de quienes donaron sus ganancias disminuyó de forma considerablemente más lenta que la de quienes las conservaron.

 

Análisis adicionales descartaron diversas explicaciones alternativas, como la posibilidad de que los participantes que daban tuvieran que reflexionar más tiempo o con mayor esfuerzo sobre qué donar, lo cual pudiera promover mayor felicidad.

 

Consideramos numerosas posibilidades de este tipo y medimos más de una docena de ellas. Ninguna logró explicar nuestros resultados; hubo muy pocas diferencias incidentales entre las condiciones de “recibir” y “dar”, y la diferencia clave en felicidad se mantuvo inalterada al controlar estas otras variables en los análisis.

 

La adaptación a experiencias que inducen felicidad puede resultar funcional en la medida en que nos motiva a buscar y adquirir nuevos recursos. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la felicidad asociada al acto de dar? Cuando las personas se centran en un resultado, como recibir un pago, pueden comparar fácilmente los resultados, lo que reduce su sensibilidad hacia cada experiencia. En cambio, cuando se centran en una acción, como donar a una causa benéfica, es posible que comparen menos y experimenten cada acto de dar como un evento único que genera felicidad.

 

Además, podríamos adaptarnos más lentamente a la felicidad generada por el dar porque este acto contribuye a mantener nuestra reputación prosocial, reforzando así nuestro sentido de conexión y pertenencia social.

 

Estos hallazgos plantean interesantes interrogantes para futuras investigaciones. Por ejemplo, ¿se mantendrían estos resultados si las cantidades de dinero fueran mayores? ¿O si el dar o recibir se dirigiera a amigos en lugar de desconocidos?

 

Hemos considerado extender el análisis más allá de recompensas monetarias, dado que el comportamiento prosocial abarca un amplio espectro de experiencias.

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